Vivir para comer / Quindío cumplió y se lució

Vivir para comer / Quindío cumplió y se lució

Cuando se pasa La Línea en avión, se abre ante los ojos un mar de diferentes verdes. Es el Quindío, donde no existe un centímetro de tierra que no esté sembrado. Allí viven del café y otros cultivos.

11 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Esta vez salté de participar a organizar un evento, cuyo propósito era buscar una identidad gastronómica y rescatar la cocina típica de la región. Así nació Quindío, Café y Sabor, primer festival departamental de esta clase, que fue muy inclusivo: hubo espacio para todos.

Visité 37 restaurantes en dos días para escoger seis finalistas del concurso 'La ruta del sabor'. El nivel estaba bastante bueno. En Calarcá encontré un restaurante que usa espumas, técnica inventado por Ferrán Adriá. El jurado era de lujo: Lácydes Moreno, Leonor Espinosa, Carlos Pabón y yo. El premio lo entregamos, por unanimidad, a un restaurante chiquito, de Calarcá, que vende unas empanadas espectaculares. Se llama Empanadas y Ricuras de Mila.

Desayunamos en la plaza de mercado de Calarcá. Almorzamos en el mirador El Portal de Cócora, donde nos sirvieron trucha en salsa criolla excelente. El domingo desayunamos en El Roble, excelente restaurante típico.

El almuerzo corrió por cuenta del Comité de Cafeteros, en su finca El Agrado. Luz Dary nos sirvió unas albóndigas deliciosas, con las que muchos asistentes se sintieron reivindicados. El tinto lo tomamos en el centro de un guadual. El restaurante Astrid y Gastón abrió en Armenia con un menú de degustación espectacular.

Para las clases de cocina nos trasladamos a la sede del Sena. Andrés Jaramillo dictó una clase de parrilla, y Sofía Gaviria, una de cocina hindú. La parte comercial estuvo divinamente montada. Casa Ibáñez y Kokoriko se lucieron.

La parte académica estuvo muy concurrida. Gabriel Silva, el presidente nacional de los cafeteros, hizo una presentación magistral y apasionada, sobre el futuro de la industria cafetera.
Carlos Brando, el brasileño que logró aumentar el consumo de café en su país, nos explicó cómo hacerlo en Colombia.

También se trató la identidad gastronómica del departamento. Los historiadores dejaron a los quindianos locos. Estos entraron pensando que su gastronomía era hija de los paisas y salieron con la convicción de que era del Valle y Boyacá. En mi viaje noté que las bandejas del lado de Armenia llevaban fríjoles y carne molida.
Más cerca de Calarcá, las sirven con carne sudada, yuca y papa.

Catalina Vélez, de Cali, ganó el premio nacional de 10 millones de pesos con una carne de búfalo con costra de café y pimienta y una salsa de café. Una nueva estrella.

El cierre, en el Parque del Café, fue espectacular. La presentación la hicieron Darío Fernando Patiño, D'Arcy Quinn y su marido. Hubo comida abundante y vino a rodos y, al final, un desfile de modas lanzado y atrevido.

Felicito al Comité de Cafeteros del Quindío por la organización de semejante acto para celebrar sus 40 años. Sus organizadores, Carlos Arturo Patiño y su equipo, Sonia Serna y Los Ángeles de Charlie, lograron un orden perfecto. El evento representó la esencia del departamento y tuvo alrededor de 5.000 asistentes felices.

KENDON MACDONALD S.
vivirparacomer@eltiempo.com.co

 

 

 

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