Teodanza, una forma de rezar conocida también como danza litúrgica

Teodanza, una forma de rezar conocida también como danza litúrgica

La practican en Colombia, Italia, Argentina y España. No es un espectáculo. Los que danzan no son bailarines profesionales ni buscan entretener, divertir o gustar a quienes los miran.

10 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Con ejercicios de relajación y respiración, los creyentes recurren a ella con cada vez con mayor frecuencia.

También los católicos porteños que, dicen, buscan reconciliarse con el cuerpo después de tantos siglos de haber rechazado los sentidos como instrumentos para la oración. Si bien no está incluido en el rito latino de las celebraciones litúrgicas, la Iglesia no desestima este recurso como una posibilidad más de acercarse a lo invisible a través de lo sensible, a lo espiritual a través de lo material.

Los participantes de estos talleres leen la Biblia, reflexionan y expresan el producto de su meditación por medio de movimientos que siguen una determinada música.

"Es oración profunda, teología encarnada", explica María Bestani, quien acuñó el término teodanza para aplicar la metodología que un sacerdote jesuita le enseñó en los E.U. durante un máster de Pastoral.

Bestani dirige talleres de teodanza en el Centro de Espiritualidad Santa Catalina, en pleno microcentro porteño, donde también se ofrecen talleres de artes visuales y música como parte del programa Espiritualidad y las Artes.

"Esto no es una experiencia cultural, sino una aplicación espiritual de las formas artísticas", aclaró Bestani.

Además de estudiarse en algunas universidades de E.U., esta modalidad se aprende en monasterios como el de las religiosas trinitarias de Cantabria (España) y se practica en Colombia e Italia.

En la Argentina, la danza no ha llegado a las parroquias. Es un recurso usado por católicos del Movimiento de Renovación Carismática y otros que siguen una espiritualidad más personalizada.

Quienes la practican aseguran que, a diferencia de las formas tradicionales de rezar que son pasivas porque repiten un esquema prefijado, esto integra el espíritu, el cuerpo y la mente. "Participar de la clase de teodanza es muy enriquecedor, pero bailar frente al santísimo es otra cosa", señala Katja Löhner.

LA NACIÓN (ARGENTINA)

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