Así se subastó el cuadro de Fernando Botero y el presidente Álvaro Uribe por 350 mil dólares

Así se subastó el cuadro de Fernando Botero y el presidente Álvaro Uribe por 350 mil dólares

En el momento de mayor suspenso se convirtió el martillo de la obra de arte, cuyo dinero se destinará para ayudar a los soldados y policías.

10 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

El hombre rubio tenía los ojos muy abiertos, la mandíbula tensa, como si quisiera encerrar con los dientes las palabras que se le atragantaban sobre la lengua.

Vestía saco y corbata, como casi todos los que habían ido al Club El Nogal la noche del jueves, para pujar por alguno de los 41 cuadros y esculturas hechos por artistas colombianos y directivos de compañías.

Tendría 40 años, a lo sumo, y todas las miradas encima. Estaba sentado, pero con el cuerpo tenso como el portero ante el penalty. Hasta las 10 y 47 minutos de la noche era uno más en la sala que iba a comprar algún cuadro. Pero él no había ido por 'algún cuadro'. El rubio de aspecto juvenil fue por Fiesta nacional, el óleo de un metro por 1,30 centímetros que pintó Fernando Botero y al que el presidente Álvaro Uribe le agregó un tricolor nacional en una esquina y su firma. Obvio también estaba la de Botero.

La subasta, bajo el martillo Ricardo Barreneche, fundido en el arte de hacer explotar los nervios de los compradores hasta hacerlos ofrecer esos miles de dólares más por un cuadro deseado, había empezado dos minutos antes.
"Señoras y señores -dijo el martillo paisa- esta es una inversión en una importantísima obra, única en el mundo". Luego se puso las gafas, que no usó para vender las otras obras, cogió el martillo de madera que no había tocado en toda la noche y leyó con claridad y parsimonia: "250 mil dólares es el precio base y en sobre cerrado fueron enviadas estas ofertas: Paleta 16: 250 mil dólares; paleta 13: 270 mil dólares; paleta 17: 270 mil dólares y paleta 10: 290 mil dólares."

Un minuto después unos hombres alzaban la paleta desde una mesa en la que recibían por teléfono las instrucciones de sus representados, previamente inscritos, mientras Barreneche elevaba la voz: "¡310 mil, recibo 315 mil dólares!... 320 mil para el 16, 320 mil..."

Los asistentes miraban como por el teléfono fluían ceros según la petición del martillo, que de pronto y en un movimiento que recordó a un pase mágico, señaló hacia la parte de atrás de la sala, mientras gritaba: "325 mil para la paleta 13, 325 mil para el 13..!"

Y ahí estaba el hombre rubio con su paleta en alto. De un momento a otro se había convertido en el centro de las miradas. Ese gesto de subir la mano valía 325 mil dólares, 5 mil más que lo que ofrecía el misterioso comprador del teléfono. Pero más se demoró el martillo en decir la cifra, que el hombre del teléfono en subir otros cinco mil.

Entonces, sin afán, el rubio subió su paleta: "¡335 para el 13!" gritó Barreneche.
La gente se paró de su silla para ver de cerca al hombre que empezaba a ser rodeado por otros, con whisky en la mano, ya calientes por las cifras que flotaban entre los competidores.

El rubio parecía un poco nervioso. No tuvo tiempo de disfrutar su liderato en la puja, porque el hombre que contestaba la llamada del comprador levantó casi de inmediato la paleta. Ofrecía 340 mil dólares por el cuadro, ante alguna hilaridad de los presentes.

Ya el rubio tenía 'asesores' a diestra y siniestra que opinaban entre ellos si debería o no comprar. Algunas mujeres alzaban su voz: "¡Dale, dale!" le decían al hombre de la paleta 13, que dudaba.

Su cara subió un poco de tono hacia el rojo. Pensaba. Parecía como el adolescente que duda en decirle a la chica que le gusta, que quiere salir con ella, que está dispuesto a invertir su tiempo, su amor y su dinero en ella, pero que por alguna íntima razón, no se atreve a confesar que la ama y que aspira llevársela a algún lugar donde solo él pueda verla.

Barreneche, pidió 345 mil dólares. Alargaba el tiempo, lo hacía eterno para el rubio, lo miraba incitándolo a lanzarse... y se lanzó. El hombre subió su paleta 13 y la gente suspiró mientras el subastador anunciaba el nuevo logro...

¡Vendido por 350 mil dólares!

Las personas miraron hacia el teléfono por instinto. Pasados unos segundos, el hombre de corbata, tez trigueña y pelo corto levantó la mano con la paleta 16.
"¡350 mil, 350 mil para el 16!", dijo Barreneche, mientras la gente comentaba en voz alta.

El hombre rubio permaneció sentado en la silla. Algunos se pararon y le dijeron con la mano que se detuviera: Barreneche, sin misericordia, pedía más, otros se contenían para no 'obligarle' a pujar. 

El rubio cambió un poco el semblante. Una leve sombra le disminuyó el rosado de la piel. Sabía lo que los demás ignorábamos: que el otro había ganado... 

Barreneche notó la expresión y caminó lento hasta una silla cerca del comprador. Lo miró casi como un padre que le pide a un hijo un último esfuerzo, lo vio casi con cariño. Suave, le recordó que la puja subía a 350 mil.

El hombre del 13 lo miró como diciéndole: no pidas más, ya no doy más. Mantuvo la paleta abajo mientras Barreneche, luego de un conteo dijo: "¡vendido en 350 mil dólares para la 16!".

Se supo después del fragor de la batalla, que el comprador es un colombiano, que vive en el exterior y que tiene un cuñado que vive en Medellín. Y que el cuadro, según dijo el martillo, estará pronto en una galería de fuera de Colombia. El nombre no lo dio ni él ni la organización.

Se dice, y esto es sin confirmar, porque tampoco dieron su nombre, que el rubio era un colombiano que trabaja desde hace años como dealer en Miami. Yo lo llamé, pero contestó una máquina.

DIEGO GUERRERO
REDACTOR DE EL TIEMPO  

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