Pensando en voz alta / Aceptación

Pensando en voz alta / Aceptación

Por Gonzalo Gallo González, Escritor y conferencista.

09 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.
En los 90, Mihaly Csikszentmihaly, de la Universidad de Chicago, concibió el concepto del "flujo". Se basó en estudios sobre los estados de felicidad de personas al realizar ciertas actividades.

Es una sensación de bienestar, un sentimiento de plenitud, que se da en momentos especiales. Es una especie de corriente que atraviesa, impulsa y dirige las vidas de los que son poseídos por esa emoción.

En las tareas donde surge el flujo vibran tus cinco sentidos, tu cerebro y tu propio espíritu. Se da al escalar una montaña, relajarse, cuidar a un familiar, hacer el amor o trabajar con pasión.

Ahí está la felicidad, no en el ocio, la salud, el dinero y el poder, sino en lo que te llena positivamente cuando eres rico en aceptación.

Eres feliz si amas lo que haces, te entregas del todo y vas más allá de lo material y lo aparente. La aceptación amorosa y serena evita conflictos, trae paz interior y suaviza las relaciones.

La aceptación es un signo de sabiduría y te regala una vida sin preocupaciones ni ansiedades. Es un valor que nace de una profunda comunión con Dios y de una actitud realista.

Como dice la sabiduría china: "Si lo aceptas, las cosas son como son; si no lo aceptas, las cosas son como son". Aceptar es asumir con calma lo inevitable, acomodarse a los hechos y fluir sin forcejeos desgastantes.

Cuando Supermán quedó lisiado decidió aceptarlo y buscó un camino de superación. La mitad del día se iba en terapias y el otro tiempo en liderar su fundación y hacer muchas cosas. No es fácil, pero eres sabio si te aceptas como eres y aceptas a los otros así como son.

La aceptación es una cualidad importante en todas las etapas de la vida y de un modo especial en la vejez o la enfermedad. De hecho, aprendo mucho cuando Dios me permite estar al lado de los enfermos y los que van a morir pronto.

He captado cuán difícil es renunciar a la propia autonomía y depender de otros sin refunfuñar. Es un aprendizaje de humildad y aceptación, y algunos sufren mucho hasta que ceden.

He visto enfermos amargados y huraños que no se dejan poner un pañal o se resisten a que los bañen y a usar la silla de ruedas. El ego les impide necesitar de otros, sufren y hacen sufrir a sus seres queridos.

Los veo y le digo a Dios: Señor, si así voy a estar yo, dame humildad y mucha paciencia. ¿Estás tú preparado para envejecer, o sea, para estar muy quieto y depender de otros?

Quien no lo hace se consume en la rabia, se complica la vida y se las complica a los demás. Necesita fluir y aprender de aquellos que son felices aunque estén inactivos y muy dependientes.

Aceptar no es resignarse, es asumir la realidad con paz y amor; es adaptarse a los hechos y las personas con calma y, al mismo tiempo, mejorar lo que se pueda. Cuando lo haces fluyes y eres feliz.

"Cuando Supermán quedó lisiado decidió aceptarlo y buscó un camino de superación".

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