María Fátima Toledo, la maestra de los 'no actores' brasileños

María Fátima Toledo, la maestra de los 'no actores' brasileños

No es exagerado decir que ella es testigo de la ascención a la gloria cinematográfica de las películas de ese país.

06 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Por sus manos y su talento han pasado los actores de tres hitos del cine de ese país y de sus maestros más reconocidos.

Comenzó con 'Pixote', de Héctor Babenco; continuó con 'Estación Central', de Walter Salles, nominada en los Oscar, y dirigió el grupo de actores de 'Ciudad de Dios', con la que Fernando Meirelles conquistó al mundo y obtuvo cuatro nominaciones al Oscar.

María Fátima acaba de visitar Colombia, invitada por el Instituto de Cultura Brasil Colombia (Ibraco).

¿Cómo fue el trabajo con los actores de 'Ciudad de Dios'?

Nosotros no trabajamos en la construcción de personajes. Trabajamos con una persona en una situación ficticia, que tiene coraje y ganas de triunfar. Por eso, no permití que los actores tuvieran acceso al guión. Así, gozaron de libertad para improvisar y vivir de una forma más real las situaciones del filme.

¿Cuál es el método de trabajo con alguien que no es actor?

Acabé creando un método propio. Cuando fui a trabajar con Pixote hice un cuadernillo día tras día, con todos los ejercicios que conocía de Stanilawsky, Grotowsky... de los grandes maestros de la interpretación. Pero cuando vi aquellos niños, percibí que eso no iba a funcionar. La labor fue muy tranquila porque en lugar de controlarlos con métodos profesionales, les di espacio para que ellos hicieran sus propios aportes.

¿Cómo fue la experiencia de 'Estación Central'?

En aquella época trabajé más en el personaje del niño y en su relación con Fernanda (Montenegro, la protagonista), dado que mi trabajo se dirigía más al 'no actor'. Fue fantástico. El niño fue al set mucho más tranquilo pues ya conocía a Fernanda y la relación fue más espontánea y verdadera. Más humana.

¿Le ayudó su experiencia como actriz al enseñar a otros?

Comencé como actriz y pasé al cine por invitación de Héctor Babenco, para que preparara los actores de Pixote. Me gustó y paré un poco mi carrera. El ser actriz me ayudó mucho porque sé cómo decirle a un actor lo que me gustaría oír en escena. Algunos directores no vivieron ese universo. Por ejemplo, cuando piden "tiene que estar triste", eso es ridículo porque no es posible estar triste sin ningún motivo y un actor sabe que tiene que ser motivado.

¿Cree que el cine latinoamericano está bien?

Estamos produciendo muchas más películas, varias de ellas con gran éxito. Creo que nos estamos posicionando en el mercado investigando nuevas formas del lenguaje cinematográfico que viene influyendo al mundo entero, como lo ha hecho Ciudad de Dios. No obstante, considero que nuestro mayor problema es la distribución. Pero tenemos excelentes profesionales en América Latina. Y una gran ventaja: somos un pueblo fuerte y osado.

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