Arte y Juventud por la Paz, una idea que busca fortalecer la calidad humana de niños pobres

Arte y Juventud por la Paz, una idea que busca fortalecer la calidad humana de niños pobres

Se trata de un programa de música, teatro y pintura que nació bajo la batuta de Carlos Guerrero, hace siete años, enfocado en comunidades de pocos recursos económicos.

05 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Ahora se desarrolla con niños de Bellavista, un sector de la Ciudadela Sucre. Cuando Guerrero llegó al lugar, nadie tenía servicios de agua, luz o teléfono. Lo que sí había era desnutrición, hacinamiento y violencia.

La comunidad, a la que pertenecen los 75 niños que hacen parte del programa, vive aún hoy en casas de madera y plástico en la cima de un barranco.

La mayoría huyó de la costa Pacífica colombiana por la violencia y llegó a vivir "en el último hueco donde nadie quiere hacerse", como describe Guerrero, quien agrega: "No pretendíamos cambiar su calidad económica, sino humana a través del arte".

El programa se diseñó para niños menores de 16 años. Cuando llegan a esa edad, deciden si salen o se quedan en el proyecto, pero con otro nivel de exigencia porque estudian en los programas regulares de la academia.

Al principio solo había cinco niños que uno de los líderes del barrio llevaba todos los fines de semana a la academia. Pero poco a poco la noticia de que en Bogotá, en el barrio La Soledad, había un espacio para el arte se difundió.

Los niños solo recibían clases de pintura. Luego, se abrieron talleres de objetos, música, danza y teatro. Los alumnos se inscribían en el que más les gustaba y al final de cada semestre presentaban una puesta en escena de cada área.

Ahora, asisten a la Academia los sábados en la tarde. En Soacha reciben el almuerzo a las doce del día y empiezan clases a las dos de la tarde. El millón 300 mil pesos semanales que cuesta el programa lo paga la Academia.

Este año, todos los niños participaron en la creación de una puesta en escena cuyo guión se creó a partir de encuestas que se aplicaron en el barrio, en las que se les preguntaba a sus habitantes por sus necesidades y problemas.

El resultado fue 'El pez de la conciencia', una obra en dos actos. Para el primero, los niños de pintura hicieron la escenografía; los de objetos hicieron el vestuario; los de teatro actuaron; los de danza bailaron y la música corrió por cuenta de los niños de ese taller.

El segundo acto estará listo el próximo año. Mientras tanto, los 75 niños de Arte y Juventud por la Paz están concentrados participando en el concurso internacional Construyendo la Paz, organizado por el Club de Leones, que dará un viaje a Nueva York para el ganador, sus padres y un hermano.

Un ejemplo

Uno de los beneficiados del programa es Cristian Maturana es un niño afrocolombiano. Por lo que se ve, no sobrepasa los diez años, pero ya luce como un cantante de reguetón. Sus dedos están adornados por anillos plateados y dorados, y en su oreja brilla un topo que, según cuenta, le ayudó a ponerse su mamá.

Los anillos y el arete le gustan tanto como la tambora que aprendió a tocar hace varios meses en la Academia de Artes Guerrero. Porque cuando toma las baquetas y toca rítmicamente el cuero, Cristian siente alegría, así lo confiesa.

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