Colombia y Venezuela cambian sus embajadores en el país vecino en un buen momento de las relaciones

Colombia y Venezuela cambian sus embajadores en el país vecino en un buen momento de las relaciones

Un empresario colombiano interesado en promover la relación comercial viajará a la capital venezolana. A Colombia vendrá un luchador político de la izquierda.

03 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

No ha habido momento mejor que el actual para las relaciones comerciales de Bogotá y Venezuela. Este año, según estimaciones de la Cámara Colombovenezolana, el intercambio entre los dos países llegará a 3.921 millones de dólares, una cifra récord.

Al terminar el 2006, las exportaciones colombianas a Venezuela alcanzarán el tope de 2.451 millones de dólares, lo cual significa un crecimiento del 16,9 por ciento en relación con el año pasado.

Las importaciones colombianas procedentes de ese país serán del orden de 1.470 millones de dólares en este mismo período.

Las bondades de una balanza comercial positiva para Colombia con su segundo socio comercial, vecino, además, se asoman por todos lados.

Y si las relaciones comerciales son buenas (las cifras hablan por sí solas), el ambiente político parece ir de la mano.

El presidente Álvaro Uribe Vélez y su colega venezolano Hugo Chávez han logrado superar los escollos de amenaza a las relaciones de los dos países. No es que hayan faltado. Es que los han superado.

Aunque estudiosos de política internacional los ubican en posiciones ideológicas contrarias, Uribe (en la derecha) y Chávez (en la izquierda) han construido un espacio de entendimiento que los ha aproximado en asuntos vitales de sus países: la integración económica (proyectos mineros y de infraestructura), el respeto recíproco de sus posiciones y el manejo de los asuntos de orden público en la frontera.

Con estos antecedentes, ambos países se aprestan a 'estrenar' embajadores. En Caracas estará Fernando Marín, un próspero hombre de negocios, de extracción conservadora. En Bogotá estará Pável Rondón Daza, un ex guerrillero (ver notas abajo).

3.921 millones de dólares. Es el valor que estima la Cámara Colombovenezolana para el intercambio comercial entre los dos países, al finalizar el año 2006.

El colombiano; constructor, agricultor y ex embajador

El ingeniero civil santandereano, Fernando Marín, de extracción conservadora y de 50 años de edad, será el nuevo embajador colombiano en Caracas.

Aunque es un empresario con negocios de construcción en Estados Unidos y en diversas regiones colombianos, prefiere vivir en Bucaramanga, por asuntos de arraigo.

No se considera cuota política de nadie. Y si fuera necesario atribuírsela, él dirá que solo le debe el cargo al presidente Uribe y a Santander.

No se le relaciona con la política, pero ha hecho una especie de pasantía por el servicio público. En la administración del presidente Andrés Pastrana fue miembro de la junta directiva de Ecopetrol y luego embajador en Malasia. Y cuando el presidente Uribe llegó al poder, lo ratificó en ese cargo por algo más de un año, hasta que decidió renunciar.

Marín tiene dos pasiones, y ahora, casi una tercera: la construcción y el agro. Y últimamente, la política revuelta con la diplomacia, que en el fondo es una misma cosa.

Como constructor ha edificado miles de viviendas. En la actualidad construye el centro comercial más grande de Bucaramanga en una área de 53 mil metros cuadrados.

Y su más reciente sueño: crear el proyecto cacaotero más grande del país (7 mil hectáreas) el cual tendrá un costo de 7 mil millones de pesos.

Dice que puede hablar de cacao muchas horas sin repetirse y que, gracias a este proyecto que ya está en marcha, Colombia será una potencia latinoamericana en ese renglón dentro de 15 años.

El secreto para que este hombre con miles de millones de pesos invertidos en diferentes negocios (proyectos agroindustriales, de construcción y de finca raíz) acepte una de las embajadas más importantes para Colombia, que le ocupará todo su tiempo, es que hace varios años se desligó de la parte operativa. Solo dirige.
Lo demás, es asunto de un calificado equipo humano que él mismo reclutó.

Está a la espera de que el gobierno venezolano confirme su beneplácito. Y, aunque quiere ser prudente antes de que se produzca ese hecho, tiene tres propósitos básicos para ir a Caracas: incrementar el intercambio comercial entre los dos países, explorar nuevos negocios energéticos (petróleo y carbón, especialmente) e incentivar las conexiones hídricas.

El venezolano, académico, político y ex guerrillero

Pável Rondón Daza, el nuevo embajador de Venezuela en Colombia, tiene tres facetas bien claras en su vida: guerrillero, académico y luchador político.

Pero lo que más pesó para su designación como embajador en Bogotá fue su reconocimiento como uno de los hombres más estudiosos de la historia, la cultura y la actualidad colombianas.

Con apenas 20 años de edad, ingresó a la brigada número 21 del frente guerrillero Simón Bolívar del estado Lara, bajo la dirección de Argimiro Gabaldón, Tirso Pinto y Argelia Laya, en el año de 1962.

En 1968, cuando los comunistas se acogieron al proceso de paz, Pável viajó a la capital venezolana y se instaló en la periferia, dedicándose a trabajar como proyectista y en asuntos de comunicación, con motivo de la celebración de los 400 años de Caracas.

A mediados de los años 70 estudió ciencia política en Caracas, con especialidd en relaciones internacionales y se convirtió en un fuerte militante del MAS.

Apoyó la candidatura presidencial de Teodoro Petkoff en 1983 y 1988, y la de José Vicente Rangel, en 1978. En todas perdió.

Su apoyo a Hugo Chávez le valió su vinculación al gobierno. Deja el viceministerio de Relaciones Exteriores para América Latina y el Caribe, para asumir su cargo como embajador en Bogotá.

Se sabe de su vinculación como estudioso de los asuntos colombianos en varias oportunidades. Fue director de Fronteras del estado de Zulia, director-fundador del Instituto Zuliano de Estudios Fronterizos y secretario ejecutivo del Consejo Colombovenezolano de Gobernadores de Frontera.

A sus 58 años, es visto como un hombre reposado y reflexivo, lo que de ninguna manera significa que haya abandonado sus convicciones políticas.

Tiene fama de austero y desprendido de las veleidades materiales. Es uno de los pocos miembros del Gobierno que no viste la tradicional camisa roja, símbolo de la revolución bolivariana
que encarna Hugo Chávez.

En Bogotá se mueve con facilidad. Aquí vivió, tiene amigos y asistió a la Universidad de Los Andes, donde se graduó en planificación y administración pública.

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