Agosto, la temporada perfecta para ver en Colombia el increíble salto de las ballenas jorobadas

Agosto, la temporada perfecta para ver en Colombia el increíble salto de las ballenas jorobadas

Entre mayo y octubre estos mamíferos de 40 toneladas hacen su 'show' tras un viaje de 9.000 kilómetros desde la Antártida.

23 de agosto 2006 , 12:00 a. m.

Las ballenas, de 18 metros, llegan hasta el Pacífico colombiano para aparearse y dar a luz. Por eso llegamos a Bahía Solano, donde Bismarck, un corpulento hombre de raza negra, nos advierte: ¡Ojo, que va a saltar!

Con esa idea, antes de las 3 de la tarde ya hemos soportado cinco horas de sol en una pequeña lancha, con ocho personas a bordo y a merced del mareo que produce el vaivén de las olas del Pacífico.

En esa primera salida observamos un par de veces cómo algunos de estos animales sacan el lomo a la superficie para respirar y se zambullen, apenas dejando ver sus colas de avión.

Hasta allí, a pocos centenares de metros de las playas de El Valle (Chocó), han llegado luego de haber consumido en el extremo sur del continente, por seis meses, una tonelada diaria de krill (zooplancton), unos animales de no más de dos milímetros.

Gracias a ese viaje de un mes y medio es posible verlas en esta zona, desde Gorgona hasta los límites con Panamá.

Una vez que están a la vista, algunos abandonamos el bote unos minutos para flotar en el agua y oír bajo la superficie el canto de una ballena macho solitario.

Sin embargo, y aunque los telescópicos ojos de Bismarck escudriñan sin cesar el horizonte desde la proa del bote, los saltos de ballenas que se ven en programas de National Geographic no aparecen.

Parece que estos animales, de los que inciertas teorías dicen que saltan para quitarse moluscos que se les adhieren, o que lo hacen para atraer a las hembras, han esperado a que la lancha esté guardada en tierra y a que el sol de las 5 de la tarde comience su descenso final para realizar sus acrobacias.

"¡Ballenas!", grita un niño de unos 8 años en la playa y, entonces, comienza la carrera. Bismarck y otro morocho, Heiner, corren a sacar la lancha de su remolque rodante para meterla al mar, que a esta hora está más picado que por la mañana.

En lo que tarda uno de los minúsculos cangrejos colorados en volver a su hoyo en estas arenas, la lancha ya está saltando con cada ola y el monótono ruido del motor fuera de borda nos acompaña mientras vemos con ansiedad hacia el oriente cómo el espectáculo de los cetáceos, con brincos incluidos, ha comenzado sin nosotros.

La tensión se apodera del bote cuando nos acercamos al lugar en el que, apenas un minuto antes, los enormes visitantes de estas oscuras aguas del Chocó nos han dejado atisbar sus colas.

Luces, cámaras...

Bismarck apaga el motor de la lancha y empieza el conteo de siete minutos, el tiempo que, en promedio, una ballena puede permanecer bajo el agua sin respirar.

De pronto un resoplido que envía al aire una columna de agua nos hace mirar a la derecha, donde el telón de fondo es una verde montaña selvática. El animal, que en su viaje de mes y medio de regreso a las frías aguas del sur perderá 10 toneladas, se sumerge y, al hundirse, dibuja la joroba que le da su nombre.

Los segundos se estiran como minutos después de que Bismarck asegura que "esa cola es de salto". El hombre sabe de qué habla y tal vez no tengamos otra oportunidad de observar en vivo y en directo el brinco de uno de estos mamíferos.

El silencio solo es interrumpido por el silbido del viento y el golpeteo de las olas. El fotógrafo Gerardo Chaves no deja de apuntar con su cámara al lugar donde estima que el animal saltará, y yo no dejo de filmar con la mía.

Todo sucede en no más de cinco segundos. Estamos a unos 80 metros de la ballena, que vemos del tamaño de un bus de TransMilenio cuando asoma la cabeza y emerge disparada, en un ángulo de 45 grados.

El animal, cubierto de espumas, exhibe las rayas blancas de su panza y parece suspendido en el tiempo, el espacio y la retina. Así como salió de la nada, se esfuma con un barrigazo que produce un sonido de mil tambores.

Un par de minutos después el gigante reaparece. Levanta una de sus aletas de seis metros, como para despedirse, y se pierde en el crepúsculo. Sin duda, hemos tenido suerte.

Si usted va, tenga en cuenta...

A Bahía Solano hay vuelos diarios con Satena desde Bogotá, Medellín, Pereira, Bucaramanga y Cali. Precio: 468.000 pesos.

Aerolíneas de Antioquia (ADA) hace el trayecto desde Medellín, Pereira, Manizales, Armenia y Quibdó -lunes, miércoles y viernes- por 382.100 pesos.

Las ballenas permanecen en Colombia hasta finales de octubre.

Dónde alojarse

Hotel El Almejal, Tres noches desde 485.000 pesos por persona en habitación múltiple; en doble: 528.000 pesos. El precio incluye alimentación, traslado aeropuerto-hotel-aeropuerto y salida a ver ballenas. Tel: (4) 230 6060. www.almejal.com.co

Hotel Balboa. Desde 52.000 pesos por persona. Tel.: (4) 682 7075.

Hotel Playa de oro. Tres noches desde 550.000 pesos. Incluye salida de avistaje. (4) 412 2552.

JUAN URIBE
ENVIADO ESPECIAL DE EL TIEMPO
BAHÍA SOLANO (CHOCÓ)
Invitado por el hotel El Almejal y Satena

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