Vivir para comer / El 'florero de Pastrana' (Opinión)

Vivir para comer / El 'florero de Pastrana' (Opinión)

Por Kendon MacDonald S.

18 de agosto 2006 , 12:00 a. m.

Tal vez el 'clóset' más grande que tiene el país sea el de negar que uno es chismoso. ¿Por qué esconder uno de los grandes placeres? ¿Piensan que es superficial? ¡Pues no hay nada más profundo! Lo máximo es combinar chisme, política y gastronomía.

La esencia de un buen chisme es que sea exclusivo y no inclusivo, es decir, aquel al que solo cierta gente puede tener acceso. Como no se debe publicar, se vuelve noticia y no hay nada más 'inclusive' que uno de ellos.

En su última columna, D'Artagnan contó uno de los chismes más interesantes del año. La pelea de los una vez íntimos amigos Moreno y Pastrana. Sus señoras pelearon (piensen en lucha libre y en el barro) por una loza de barro de La Chamba.

Como toque de altura, en una de las embajadas más exitosas de la historia de Colombia, los Moreno servían el ajiaco en la forma tradicional: en cazuelas de barro negro de La Chamba con individuales de Juanchito.

Cuando llegó doña Nohra a la embajada, quería seguir en la misma onda. Pero, ¡oh sorpresa!, después de haberla usado en un par de almuerzos, encontró que la loza había desaparecido. Hizo algún comentario en una revista de la capital gringa y ¡resultó en una declaración de guerra!

Según un libro que leí recientemente, 'De la sala al comedor', la época de los Pastrana en Palacio puso un punto alto en la gastronomía presidencial. Y tenía que entrar a competir con la primera dama del BID, que poseía la loza apropiada. A pesar de ser la capital de los Estados Unidos, Washington no es lo suficientemente grande como para tener dos anfitriones que ofrezcan el mismo plato. Según los Pastrana, los Moreno habían aprendido de sus íntimos amigos, los Clinton, que, al abandonar la Casa Blanca, se habían ido con todas sus antigüedades.

Por el lado positivo, el ajiaco llegó a ser lo más importante en dos familias que son las reinas del neoliberalismo: los Moreno y los Pastrana, que servían el mismo plato típico. Buenas noticias para los que hemos trabajado en la recuperación de la cocina nacional.

Raro que doña Nohra hubiera querido seguir usando el barro negro. Estoy seguro de que lo único que usó de este color fue el pequeño vestido negro que tanto recomendó Coco Channel.

Ya estamos en la época de la nueva embajadora Carolina Barco, que, según el presidente Uribe, es "la Shakira de la diplomacia internacional".

Más importante que revivir el TLC es resolver el asunto del ajiaco.
Los Moreno tienen más poder para convocar y tienen la loza. Mi consejo es modernizar el ajiaco. Un plato sopero cuadrado muy amplio es lo que está de moda y es la forma de sacar la gastronomía nacional de las cocinas de piso pisado y estufa de leña cubierta de polvo y telarañas. ¡Lo que queremos es que alguien que viva en el centro de Manhattan pueda cocinar y servir el plato!

¿Cómo se haría para conseguir las papas criollas? Supongo que llevándolas por bultos en la valija diplomática.

¡Menos mal que el ajiaco fue el que mejor salió librado del chisme-noticia! Es el plato por excelencia en el mundo diplomático. Pero, por el otro lado, la loza se convirtió en el 'florero de Pastrana'. Qué rico para los artesanos de La Chamba saber que su trabajo tiene tanto poder.

vivirparacomer@eltiempo.com.co

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