Travesía hacia raudales de Maipures, uno de los caminos más agrestes y menos frecuentados del país

Travesía hacia raudales de Maipures, uno de los caminos más agrestes y menos frecuentados del país

La ruta que conduce al Parque Nacional El Tuparro, en el oriente de Colombia, exige una combinación de adrenalina, esfuerzo, disciplina y espíritu aventurero.

09 de agosto 2006 , 12:00 a. m.

Esto especialmente en invierno (abril a noviembre) cuando las furiosas lluvias y el sol que logra colarse por entre las nubes producen paisajes que dejan al visitante sin aliento y permiten al llano cobrar su singular belleza.

El camino está marcado por las inmensas praderas del Meta y el Vichada, prolongados caminos de lodo, vaqueros de pies desnudos al estribo, morichales que tachonan de cuando en cuando las sabanas inundadas, caños de aguas cristalinas desbordados de su curso y, también, por zurales, esos montículos que amenazan constantemente con voltear los vehículos.

Y llano adentro, o mejor Parque adentro, por serpientes y venados que vagabundean por las planicies o huyen de las quemas furtivas.
Estas son las señas de identidad de una tierra que sin ser inhóspita es salvaje, sin ser árida es agreste, y sin ser tacaña no posa de exhibicionista en sus ornamentos naturales, excepto, claro, al llegar a los raudales de Maipures, destino final de esta expedición.

Geografía e historia de El Tuparro

El Parque Nacional El Tuparro es la porción de tierra enmarcada entre sur y norte por los ríos Tuparro y Tomo, y entre occidente y oriente por caño Hormiga y el río Orinoco, en la frontera con Venezuela.

Con sus 548.000 hectáreas fue hace dos siglos el refugio de indígenas de las etnias guipuñave y pareni, hoy lo es de guahibos y cuibas.

También es albergue de una gran riqueza natural, como lo son los sorprendentes chaparros (arbustos que resisten el embate del fuego), los alcornoques, el famoso frute burro, la palma seje, el palo murciélago, el dormilón y el algarrobo, entre otros.

Pasearse por esta reserva es visitar el hogar de muchas especies de la Orinoquia, algunas en vía de extinción como la nutria, el perro de agua, el caimán llanero, el armadillo gigante y la danta.

Es el hábitat natural de pumas, tigrillos, ocarres y osos. Con la suficiente paciencia y suerte es posible ver chigüiros, zainos, osos palmeros, armadillos o conejos sabaneros, estos últimos aparecen con frecuencia durante la noche y se quedan paralizados ante los faros del vehículo.

La magia del invierno

Aunque lo normal es emprender esta travesía en verano (de noviembre a abril), la época lluviosa tiene sus encantos, pues el llano presenta algunas de sus mejores funciones: esteros, que escasean en verano, imperan durante kilómetros de recorrido; torrenciales aguaceros que pueden durar días y noches completos; extraños atardeceres y tierras bajas que potencian la aventura, pues es necesario transitar con el agua arriba de los faros de los vehículos durante cientos de metros.

En invierno abundan los reptiles, como las tortugas terecay, que
aparecen por decenas en los caminos inundados, las serpientes, la babilla o caimán cocodrilo y el caimán de la Orinoquia, una de las especies más amenazadas que solo existe en Colombia y Venezuela.

Los raudales de Maipures o Quituna, su nombre indígena original, que obligaron al misionero a regresar al lado de la indiecita Mapiripana en La Vorágine, son sin duda el epicentro paisajístico del parque.

Llegar hasta allí es una tarea exigente, pero reconfortante. La zona permanece casi intacta, haciendo que los relatos del sabio Humboldt, que datan de más de dos siglos atrás, parezcan escritos ayer.

Los raudales, esas hermosas cascadas sucesivas, discurren entre diques naturales, atropellando con enorme fuerza las múltiples islas de roca y granito entre las cuales se desgarra, espumante, uno de los mayores ríos del mundo: el Orinoco, el tercero en importancia en Suramérica, que lleva recorridos hasta aquí 940 de sus 2.410 kilómetros y está flanqueado a ambos lados por afloramientos graníticos del Escudo Guyanés.

Para completar el espectáculo, el río Tuparro desemboca al final de los raudales, que en total tienen más de ocho kilómetros de largo y casi cuatro de ancho, más que ningún otro en el mundo. Es un lugar de sinigual belleza.

Recorrido para llegar a la selva

Desde Bogotá el trayecto empieza en la carretera que conduce al Llano. De Villavicencio se toma la salida a Puerto López y Puerto Gaitán, hasta aquí hay 305 kms. A partir de este punto la carretera está en muy malas condiciones. De Puerto Gaitán se sigue hasta Carimagua (103 Km), pasando por San Pedro de Arimena. Ese es buen punto para pernoctar.

Desde aquí hasta el final del recorrido la carretera es destapada, caminos sobre sabana y varias zonas inundadas donde es fácil perderse, por lo cual solo debe transitarse durante el día y de preferencia con un buen mapa y brújula o GPS, pues la señalización es casi inexistente.

De Carimagua se continúa hasta el Tapón (300 Km), pasando por El Viento, Gaviotas, Tres Matas y La Catorce. Luego del Tapón se debe seguir por la frontera occidental del parque hasta Maipures (191 Km). En este tramo hay que superar cuatro bajos profundos.

Si usted va

Para ingresar al parque, hacer reservas u obtener información comuníquese a: 243 2009, 341 3712, 243 1634, también a la carrera 10 No 20 -30, Bogotá.

La ruta en verano puede tomar dos días. Lleve por lo menos 30 galones de combustible de reserva, agua suficiente y comida, un buen mapa y brújula o GPS.

Cualquier campero equipado puede ir en época de verano (diciembre a marzo). En invierno solo puede internarse en un vehículo de doble transmisión y equipo de autorescate. El viaje puede durar cuatro o más días.

Dónde alojarse: duerma en Carimagua, de ahí en adelante acampar es la mejor opción o la única hasta llegar al Parque.

Qué visitar: Caño Lapa, playas del río Tuparro, Cerro Thomas, Pozo Azul y Laguna Guaipe, entre otros.

TEXTO Y FOTOS: FRANCISCO FORERO BONELL
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

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