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Así es la vida de tres poderosos ex jefes 'paras': disfrutando de su libertad y sus fortunas

Así es la vida de tres poderosos ex jefes 'paras': disfrutando de su libertad y sus fortunas

Mientras la Ley de Justicia y Paz, bajo la cual deben ser juzgados por crímenes atroces, no despega, Mancuso va de 'shopping' al centro comercial El Tesoro de Medellín.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
22 de julio 2006 , 12:00 a. m.

Otro ex jefe para, 'Jorge 40', prefiere la noche para visitar a sus amigos en Valledupar, mientras que 'Macaco' escogió a Caucasia para vivir a sus anchas.

La posibilidad de perder este nuevo estilo de vida habría pesado esta semana en la decisión de la cúpula 'para' de mantenerse en el proceso.

'Mancuso vive como una figura del jet set'

Cuando un convoy de camionetas 4x4 blindadas va a toda velocidad por las calles de Montería, se sabe que Salvatore Mancuso anda en la ciudad. De los carros bajan en tropel 20 escoltas -armados con fusiles y pistolas, y sin distintivos- que son su sombra hace casi dos años: cuatro de ellos pertenecen al DAS, otros cuatro a la Policía y los 12 restantes son ex combatientes de las Auc, algunos pagados por él.

Como si fuera un ministro, el tráfico se paraliza y es tal el alboroto que se arma, que gente del común e incluso algunos ex jefes de las Auc han manifestado su molestia por la parafernalia que rodea sus desplazamientos a reuniones, clubes y restaurantes.

"Su rutina es comparable con la de un funcionario de alto nivel -comenta una autoridad de Córdoba-. Converge en reuniones con el Gobernador, los diputados, los concejales y uno que otro congresista".

A varios ex comandantes 'paras' parece no gustarles tanta exposición que, dicen, es propia del 'jet set'. "Cree que está en la farándula y eso el país no lo perdona", dice el asesor de uno de los más poderosos ex 'paras'.

Y añade que nadie se puede 'pavonear' en camionetas Hummer cuando tiene a cuestas 50 procesos en Bogotá, Montería, Medellín, Yopal, Bucaramanga, Valledupar y Cartagena por terrorismo, masacres, desapariciones, secuestro extorsivo, torturas, tráfico de sustancias, toma de rehenes y hasta hurto.

"En 12 de los 50 casos está llamado a indagatoria", dice un fiscal. La próxima es el 4 de agosto por el asesinato de Octavio Rojas, al parecer, ex trabajador del desaparecido líder 'para' Carlos Castaño.

Y aunque unos ven a Mancuso como un personaje siniestro, otros piensan que es una especie de mesías que ayudó a salvar a Córdoba de la subversión. Además, ahora ayuda a solucionar problemas de linderos, deudas morosas y viejas rencillas. Incluso, personas hacen antesala en su lujoso apartamento, en el barrio El Recreo, para que las ayude.

"Si hablan mal de él es por envidia -comenta un asesor del ex comandante-. Él sí es de familia adinerada, carga su pasaporte de la Comunidad Europea y si sale a la calle es a saludar a sus amigos, los empresarios David Bianchi, Jaime Maroso y Pedro Ojeda".

Y uno de sus ex combatientes añade: "¿Cuál es el problema? 'Macaco' anda con 35 escoltas y los desmovilizados de la 'oficina de Envigado' se la pasan rumbeando en una discoteca de Medellín... A los de allá el Comisionado de Paz les tuvo que pedir que dejaran de usar ocho Hummer iguales a la que Mancuso alquiló hace meses. Tienen hasta el mismo dentista en Bogotá".

El Gobierno justifica la seguridad que rodea a Mancuso pues, según el ministro Sabas Pretelt, el ex 'para' les ha hecho saber que en las últimas semanas crecieron las amenazas contra su vida por la erradicación de cultivos ilícitos que él lidera y a la cual se oponen narcoparamilitares de Tierralta (Córdoba) que ya han asesinado a 14 personas.

Cada 15 días, Mancuso sobrevuela en helicóptero la región en donde se erradica coca: "Parece un capataz pidiendo datos", dicen autoridades. Su nivel de riesgo se elevó tras rumores de que estaría entregando al Gobierno información clave para detectar cargamentos de droga. 'Cargos' similares a los que le hicieron a Carlos Castaño.

A esa turbulencia de orden público y a su sonado nuevo matrimonio con una joven de 20 años se atribuye, en parte, el hecho de que tenga en Medellín su residencia alterna. Allí es normal verlo cargado de paquetes saliendo del centro comercial El Tesoro: "Le encantan la buena ropa y los zapatos Ferragamo. Cuando estaba en la clandestinidad se los traía un amigo, pero ahora él los compra", dice una conocida.

La misma fuente agrega que para su ex esposa, Martha Dereix -con quien se conoció desde los 9 años- la separación, tras más de 20 años de matrimonio, fue dura. Es más, en solidaridad, algunos amigos prefirieron perderse la gran boda: "Parecía un festival de orquestas (fueron cinco) y nos alojaron en cabañas construidas para la ocasión", recuerda uno de los invitados.

Autoridades dicen no entender de dónde saca tanto dinero pues, si bien reconoció en el pasado ser un próspero ganadero y arrocero, en una indagatoria dijo que su fortuna la perdió en la guerra. "Paga millón y medio de arriendo por el apartamento donde vive y el helicóptero que usa, al igual que las camionetas blindadas, son alquilados. Vive de la plata de un ganado que vendió".

Precisamente, la discusión sobre con qué bienes los ex 'paras' indemnizarán a las víctimas, entre otros puntos de la Ley de Justicia y Paz, ocupan buena parte de la agenda de Mancuso en Medellín, a donde llega en vuelo privado. Así transcurren los nuevos días del otrora jefe político de las Auc y comandante del llamado bloque 'Norte' que, según dice, lo único que pretende es ser un ciudadano común que contribuya a la paz.

'Jorge 40' busca la noche para pasar inadvertido

En los clubes sociales de Valledupar, donde esperaban de nuevo a Rodrigo Tovar Pupo, todavía no han visto reaparecer al ex jefe paramilitar del Cesar, La Guajira y Magdalena.

Como los gatos, 'Jorge 40', contrario a otros ex jefes 'paras', espera las sombras de la noche para visitar a sus más cercanos amigos.

No quiere exponerse. En marzo pasado, días después de la desmovilización, entró a un famoso restaurante de la ciudad, donde la especialidad es el pescado, y sintió que los comensales se incomodaron con su presencia.

"Ha visto compañeros que han sido rechazados y quiere evitar que le hagan el feo. Ni siquiera va al supermercado", dice un allegado suyo. 'Jorge 40' ni siquiera ha entrado de lleno a su más íntimo mundo: el de su familia. Pasa los días en sus fincas del corregimiento La Mesa, en la Sierra Nevada de Santa Marta, y de San Ángel, en Magdalena. A su esposa y sus hijos, de 22 y 14 años, solo los ve cada 15 días en su casa de Valledupar, en el barrio La Fuente.

"No se puede retomar la vida de familia mientras haya situaciones difíciles. Lo que quiero no es que ellos se metan en este mundo, sino volver al mundo de ellos", le dijo a un periodista de este diario.

Los años de guerra aún pesan sobre este hombre acusado de sembrar el terror en toda la parte nororiental de la Sierra Nevada de Santa Marta. Al menos 100 indígenas kankuamos están entre sus víctimas.

"Ya no se le ve en ningún evento público. Solo asiste a lo que tiene que ver con los reinsertados y de vez en cuando se aparece en el Sena de Valledupar a ver cómo se portan los muchachos en los cursos que reciben", dice un político de la región sorprendido por la ausencia de '40' en la vida social de la ciudad.

No es que haya renunciado a su antigua parranda vallenata. Aunque él mismo reconoce que del hombre vallenatero y toma trago poco quedó cuando se involucró en la guerra, de vez en cuando manda a llevar conjuntos musicales a sus fincas.

Por lo demás, su vida es rutinaria. Aunque hoy se le ve más robusto, cada día se levanta a las 4:30 de la mañana a caminar durante una hora. Después revisa los periódicos y contesta la correspondencia.

Como en los tiempos en los que comandaba una tropa de casi 5.000 hombres, dedica parte de su día a resolver quejas de la gente que vive cerca a sus fincas.

Desde ellas, según las autoridades, el llamado comandante '101', un paramilitar que trabajó para '40', está cobrando extorsiones. En Valledupar dicen, incluso, que antes de desmovilizarse sus hombres cobraron por adelantado un año de 'vacunas'.

Lo cierto es que en las últimas semanas la vida de finquero que 'Jorge 40' eligió para su primera etapa como desmovilizado ha sido agitada por el fallo de la Corte Constitucional sobre la Ley de Justicia y Paz. Por eso está pasando más tiempo en Medellín, cerca de donde está Villa Esperanza, la nueva sede política de los ex jefes paramilitares.

Y la coyuntura lo obligó a cambiar sus cachuchas de beisbolista y sus ponchos por las corbatas y los trajes oscuros. Ya empieza a mostrarse como uno de los ex comandantes con papel protagónico en esta nueva fase del proceso de paz, cuando está a punto de comenzar la aplicación de la Ley de Justicia y Paz.

'Macaco', el señor de Caucasia

Por estos días, Carlos Mario Jiménez, 'Macaco', atiende la visita de unos mexicanos en su finca de la vereda Piamonte de Caucasia, el lugar que eligió para pasar la mayor parte de su tiempo como desmovilizado.

En esa población del bajo Cauca antioqueño, donde ha sido un gran poder, su esposa tiene un almacén de muebles rústicos.

Desde diciembre pasado, cuando se desmovilizó con 400 de sus 'paras' en Santuario (Risaralda), no se deja ver en el área metropolitana de Pereira, otra de sus zonas de influencia.

Por esos días, el hombre que en 15 años de ausencia de Dosquebradas pasó de ser el hijo de un carnicero al jefe de unos 6.000 paramilitares del bloque 'Central Bolívar', visitó el barrio de su juventud, Santa Teresita, repartió dinero a conocidos y le pagó 50 mil pesos al peluquero por el arreglo de su chivera.

Pero desde que dejó la clandestinidad, su distancia de Risaralda ha sido evidente. "Su esquema de seguridad, con una veintena de hombres y al menos tres vehículos, lo hace demasiado notorio. Sería imposible que hubiera estado por aquí y no lo hubiéramos visto", dice un oficial de la Policía.

Donde sí se deja ver esporádicamente es en Marsella, su pueblo natal. Allí tendría varias propiedades en la zona rural.

'Macaco', sin embargo, no ha cortado del todo los vínculos con la región.

Mantiene su relación con Risaralda a través de su hermano Roberto, ex presidente del Concejo de Dosquebradas y seguro aspirante a la Alcaldía de ese municipio para el próximo periodo.

Y allegados cuentan que tiene grandes inversiones en propiedad raíz, transporte, gasolina y que más recientemente ha invertido en cultivos de cebolla. Todo, a través de terceros.

En el bajo mundo se da como un hecho que su gente, agrupada en bandas como 'La Cordillera', maneja el negocio de la droga en las 'ollas' del centro de Pereira.

En la zona también es un secreto a voces su pasión por el fútbol. Dicen que tiene intereses en varios equipos del Eje Cafetero y del bajo Cauca antioqueño y que hasta regaña a los jugadores cuando no hay buenos resultados.

En Caucasia no disimula su poder. Se deja ver escoltado por tres o cuatro vehículos en la avenida El Pajonal, el corazón de ese municipio limítrofe con Córdoba.

Sus preferidas son tres discotecas de la zona rosa en las que, según una fuente de esa población antioqueña, "lo reciben como si fuera el alcalde".

u.investigativa@eltiempo.com.co
nación@eltiempo.com.co

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