'Puras mujeres' y 'mujeres puras' /En defensa del idioma

'Puras mujeres' y 'mujeres puras' /En defensa del idioma

No siempre "alimentador" es un autobús; "portátil", un computador, ni "peatonal", un puente

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02 de marzo 2017 , 06:41 p.m.

Para comprender el asunto que trataremos esta semana, por favor leamos la siguiente oración: “Ayúdame a correr un poco la rectangular hacia la izquierda”. ¿Se entiende? ¿No mucho? ¿Nada? Solo parece que alguien solicita ayuda para correr algo (algo “rectangular”) hacia la izquierda, pero resulta imposible saber qué es ese algo.

Situaciones parecidas afrontaríamos si dijéramos: “tráeme el azul”, “permíteme el mío”, “me alcanzas dos, por favor”, “¿viste el peludo?”.

El motivo de que se ignore el asunto central en cada oración consiste en que se han utilizado solo adjetivos como si fueran sustantivos. Aunque esto sea materia de una clase de segundo elemental, ¿cierto que genera satisfacción recordar esos viejos tiempos?

Entonces, a recordar: el adjetivo solo se usa si existe el sustantivo, y por eso existe. Ejemplos: perro viejo (“perro”, sustantivo; “viejo”, adjetivo), pueblo mío (“pueblo”, sustantivo; “mío”, adjetivo), tres conferencistas (“tres”, adjetivo; “conferencistas”, sustantivo).

Por eso, surge la confusión en las primeras oraciones, porque falta el sustantivo. Veamos esas oraciones, pero esta vez con sustantivos: “Ayúdame a correr un poco la mesa rectangular hacia la izquierda”, “tráeme el libro azul”, “permíteme el documento mío”, “me alcanzas dos hojas, por favor”, “¿viste el gato peludo?”. Aquí se nota cómo el sustantivo sigue siendo el eje de una oración (con el verbo, claro).

Al escribir, la precisión cobra relevancia. En el lenguaje oral, en cambio, se admiten en muchos casos esas aplicaciones imprecisas, porque la informalidad y la espontaneidad son unas de sus características: “traiga al pesado ese”, “extiende el blanco”, “préstame el corregido”. Con el lenguaje gestual se completa la información.

Para la escritura, sin embargo, el cuidado debe ser pleno. Y allí, es muy fácil identificar el adjetivo, porque va unido (afectando, modificando) al sustantivo: “su casa”, “casas amplias”, “nuestra casa”, “casa tuya”, “siete casas”, “media casa”… Por supuesto, son adjetivos todas esas palabras cercanas al sustantivo “casa”, y concuerdan en número (singular o plural) y en género (masculino o femenino) con este: “sus casas”, “casa amplía”, “nuestras casas”, “casas tuyas”, “una casa”, “medias casas”.

El adjetivo, por supuesto, se usa sin el sustantivo cuando este último ya se ha mencionado, y así se sobreentiende: “Tatty, ¿llevo la chaqueta negra o la roja?” / “Lleva la negra, porque te luce más”. Y en esta última oración ya está claro qué “negra” es una chaqueta.

Sin embargo, un uso no deja de ser incorrecto porque se haya propagado. Eso es como si un motociclista pensara que es adecuado transitar por las líneas blancas que dividen los carriles de las avenidas.

De esta manera, aparecen expresiones como “me prestas el portátil”, “déjeme en el peatonal”, “¿tomaste el alimentador?”.

Ello se presta a la especulación, porque un “portátil” puede ser un televisor, un equipo médico, un recipiente y hasta un hospital. O, quizás (es posible), un computador. De la misma forma, “peatonal” puede ser una norma, un sendero, un camino, una zona, un código o un puente.

Y con la palabra “alimentador”, uno piensa en un señor que les proporciona comida a los niños de La Guajira, o evocamos (también es posible) un autobús. Por supuesto, en la mayoría de los casos el contexto permite entender la idea, pero en un medio de comunicación, y sobre todo escrito, el riesgo de distorsión y confusión es grande.

Por otra parte, el orden de los adjetivos da elegancia en unos casos, porque en otros cambia el sentido: “pobre hombre”, “hombre pobre” / “el engalanado salón”, “el salón engalanado” / “gran hombre”, “hombre grande” / “oficial alto”, “alto oficial” / “la bella dama”, “la dama bella” / “fantástica literatura”, “literatura fantástica” / “la redonda mesa”, “la mesa redonda” / “puras mujeres”, y así sucesivamente citaríamos más ejemplos.

Abundan también quienes pegan adjetivos a los verbos: “tú cocinas delicioso” (¿cómo se “cocina delicioso”?). También, por eso, causa cierta confusión, por ejemplo, “llegué perfecto”, porque la persona se califica a sí misma, y obvio, debe ser un varón quien lo diga, porque una mujer no sería “perfecto”, sino “perfecta”.

El adjetivo, como recomendación, se usa con sustantivos. Los verbos, por su parte, se califican con adverbios: “Llegué perfectamente”. En muchos de esos casos, también el adjetivo puede aplicarse como adverbio: “El atleta es rápido (adjetivo)”, “Él come rápido (adverbio)”.

Así, respetados (adjetivo) lectores (sustantivo), gracias por su (adjetivo) atención (sustantivo).

Con vuestro permiso.

JAIRO VALDERRAMA
PROFESOR FACULTAD DE COMUNICACIÓN
UNIVERSIDAD DE LA SABANA

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