Editorial: Ecuador, en vilo

Editorial: Ecuador, en vilo

Preocupa la demora del CNE para anunciar los resultados definitivos de las elecciones presidenciales

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21 de febrero 2017 , 09:27 a.m.

Hasta el jueves tendrán que esperar los ecuatorianos el resultado de sus elecciones presidenciales, dado lo particularmente estrecho que ha resultado el conteo dentro de la dinámica que caracteriza estas justas: gana en primera vuelta quien obtenga el 40 por ciento de los votos y quien, además, logre sacarle al menos 10 puntos de ventaja a su inmediato perseguidor. Si no se dan estas dos condiciones, habrá segunda vuelta.

Con esas reglas de juego, y en el momento de escribir estas líneas, punteaba el candidato correísta Lenín Moreno, quien cosechaba el 39,11 por ciento de los sufragios, contra los 28,34 del banquero Guillermo Lasso, lo que, de seguir así, llevaría a la realización de un balotaje de infarto. Esto, porque si bien los opositores al oficialista Alianza País suman más, también es cierto que el correísmo tiene una enorme capacidad de movilización bajo el incontestable liderazgo del presidente Correa, así se perciba que ha perdido fuelle en medio del desgaste natural de 10 años en el poder, de la drástica caída de la economía y del escándalo continental de la corrupción de Odebrecht, del que el vecino país tampoco se libró.

Más allá de lo que suceda, en primera o segunda vuelta, es aleccionador que Ecuador continúe la senda de la normalidad y la tranquilidad democrática si recordamos que antes de la llegada de Correa al poder era raro que un mandatario elegido en las urnas terminara su periodo debido a la altísima explosividad social y a las debilidades de sus instituciones. El fantasma de las destituciones rondaba a sus presidentes desde sus primeras ejecutorias, algo que llegó a su fin con la era Correa.

Por lo mismo, preocupa la demora del Consejo Nacional Electoral para anunciar los resultados definitivos. Se entiende que en un escrutinio estrecho, como el que están enfrentando, el voto a voto sea la norma, pero lastimosamente tres días en vilo dan para alimentar rumores de fraude y podrían llevar a alteraciones del orden público, debido a las tensiones que ya se respiran en ciudades como Quito y Guayaquil.

Que suceda lo mejor para nuestros vecinos, pero que, ante todo, se sostenga la normalidad democrática. Esa es la condición más preciada.

editorial@eltiempo.com

 

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