El precio del éxito en Sudamérica... (Opinión)

El precio del éxito en Sudamérica... (Opinión)

A Independiente del Valle y Nacional, finalistas de la Libertadores, les sacaron 22 jugadores.

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18 de febrero 2017 , 03:16 p.m.

El corajudo Independiente del Valle que fue revelación y subcampeón de la Copa Libertadores 2016 ya no está en la edición 2017. Fue eliminado casi de madrugada, en la tempranera segunda fase (de las 8 rondas que ahora tiene el torneo) por Olimpia de Paraguay. Dos jugadores y el técnico de este Olimpia que lo sacó del medio estuvieron el año pasado en la fenomenal campaña de Independiente. Tan buen equipo era ese que eliminó sucesivamente a River Plate, a Pumas de México (que maneja un presupuesto de seguro diez o veinte veces superior) y a Boca Juniors. A Boca venciéndolo de ida y de vuelta, con una actuación inolvidable en La Bombonera. Tenía poderío como para hacer un bis este año, pues no llegó a la final de casualidad sino porque era una conjunción de excelentes jugadores y un DT que sabía amalgamarlos.

Sin embargo, su precoz eliminación no sorprendió a nadie. A seis meses de haber disputado la final ante Atlético Nacional casi no tiene puntos de contacto con aquel once bravísimo, que se le plantaba tieso a todos. Se le fueron 12 jugadores y el técnico a Independiente. Este es el detalle: Librado Azcona (Olimpia), Arturo Mina (River Plate), Luis Caicedo (Cruzeiro), Jefferson Orejuela (Fluminense), Julio Angulo (Huracán), Junior Sornoza (Fluminense), Bryan Cabezas (Atalanta), José Angulo (Granada, luego suspendido por dóping), Emiliano Tellechea (Olimpo), Johnny Uchuari (Deportivo Cuenca), Jonathan González (Olimpia) y Miller Castillo (Oaxaca, México). El estratega uruguayo Pablo Repetto marchó a Emiratos Árabes donde tuvo un brevísimo paso de 4 partidos y ahora dirige a Olimpia.

Al campeón no le fue mejor en este sentido. Entre la nómina que arrancó y terminó la Copa en 2016 emigraron diez efectivos, prácticamente todos los mejores: Dávinson Sánchez (Ajax), Marlos Moreno (Deportivo), Orlando Berrío (Flamengo), Miguel Borja (Palmeiras), Sebastián Pérez (Boca Juniors), Alejandro Guerra (Palmeiras), Jonathan Copete (Santos FC), Alexander Mejía (León), Víctor Ibarbo (Panathinaikos) y Luis Carlos Ruiz (Sport de Recife), quien ahora regresó. Salvo por Armani, la defensa y Macnelly Torres, este que debutará en marzo no es el Nacional campeón, es otro. La incorporación del notable Dayro Moreno (¿por qué Pekerman nunca lo tuvo en cuenta…?) ilusiona a los hinchas verdolagas, pero un sólo jugador no puede reemplazar a tantas figuras. Y el técnico debe pensar en un esquema nuevo, porque el estilo lo da la característica de los futbolistas que se tienen. Si uno cuenta con Messi, Suárez y Neymar pone tres en ataque; si tiene un mediocampo como Giusti, Marangoni, Bochini y Burruchaga opta por cuatro en el medio y dos arriba. Y si tiene cinco volantes de fútbol, presión y dinámica como fueron el martes último Di María, Verratti, Matuidi, Rabiot y Draxler, hace lo de Unai Emery: deja a Cavani solo en punta pues los del medio son inamovibles y le garantizan llegada adelante. De modo que, cuando se van diez jugadores, lo más probable es que se deba probar con otro dibujo.

Este es el precio del éxito en Sudamérica: desmantelarse. Ver cómo se derrumba el castillo que uno fue edificando durante tiempo y empezar otra vez de cero. No son ellos dos apenas, les pasa a todos los equipos campeones o que llegan a instancias decisivas. Al San Lorenzo ganó la Copa de 2014 se le fueron Gentiletti, Piatti, Correa, Kannemann, Buffarini, Mas, Cauteruccio… El River que disputará esta Libertadores apenas tiene vestigios del equipo que la ganó en 2015: quedan el zaguero Maidana, Ponzio, Alario, Mora que ahora es suplente y alguno más que jugó un par de partidos en esa conquista, como Pity Martínez, Mayada o Driussi. Es la ley inexorable del que le va bien: que le vacíen la estantería.

La extensión del calendario de la Copa -anual en lugar de semestral- se hizo entre otras cosas con la intención de que los clubes pudieran retener a sus mejores valores. Pero es posible que a mitad de año, cuando se abra el mercado en Europa y otros continentes, la Copa se vacíe de las figuras del primer semestre de la Libertadores. Cuando al jugador le llega una oferta que multiplica por diez el dinero que percibe (como en el caso de Borja con Palmeiras), no existe forma de retenerlo: se va. Y es muy entendible. Si un empleado bancario cobra 1.000 dólares mensuales y otro le ofrece 10.000 ni siquiera espera a que finalice su turno, sale corriendo en ese mismo instante hacia el otro banco.

Hasta poco tiempo atrás, los clubes intentaban de algún modo impedir que se fueran, pero los jugadores comenzaron a declararse en rebeldía y ya no se hace más.

El Nacional de Montevideo campeón de América en 1971 (considerado el mejor de la historia en Uruguay junto con Peñarol del ’66 a nivel de club) se fue formando con paciencia de orfebre. Cada año sumaba uno o dos cracks nuevos.

Y los mantenía. En 1966 incorporó a Juan Martín Mugica (Rampla Juniors), Víctor Espárrago (Cerro), Cascarilla Morales (Racing de Montevideo) y Julio Montero Castillo (Liverpool). En 1967 llegó Luis Ubiña (Rampla Juniors). En el ’68 arribó el chileno Ignacio Prieto (Universidad Católica) y se sumaron tres grandes valores de inferiores: Atilio Anchetta, Juan Carlos Blanco e Ildo Maneiro. En 1969 se sumaron el gran Luis Cubilla (River Plate), el arquero Manga (Botafogo) y un goleador que llegó casi en el anonimato y triunfó: Palito Mamelli (Belgrano de Córdoba). La frutilla fue el sensacional Luis Artime (Palmeiras), fichado en el segundo semestre de ese año. Con la maquinaria ya completa, Nacional acabó con la hegemonía del Peñarol de los ‘60, hilvanó 4 títulos uruguayos consecutivos, se mantuvo 34 partidos invicto y a nivel continental pudo destronar a Estudiantes en 1971. Eso tampoco se puede hacer más.

El viernes, el Granada de España salió al campo frente al Betis con 10 jugadores extranjeros (los 11 de países diferentes), entre ellos un colombiano, un uruguayo y un brasileño. Ahora pertenece a capitales chinos, pero si el Granada, uno de los clubes más pequeños de la Liga Española, es capaz de fichar 22 foráneos para su plantel, imaginemos la capacidad global de contratación que tiene el fútbol mundial. Y todos poseen sudamericanos.
Por eso no vemos gran fútbol en la Copa. Eso lo proporcionan los grandes equipos, y estos son los que duran algunos años. Ahora hay equipos de una temporada; o de un semestre. Es difícil, por no decir imposible, que volvamos a ver expresiones como el Peñarol o el Santos de los ’60, el Independiente de los ’70, el Sao Paulo de los ’90 o el Boca de los 2000. ¿Podrá desmentirnos este renovado Nacional de Reinaldo Rueda…? 

Último tango...

JORGE BARRAZA

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