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¿Maduro tendrá 'sparring'?

A golpes quisiera fajarme con Mancuso, con narcos cabecicuadrados, con todos los dictadores.

Gonzalo Castellanos
 Palenque es un lugar habitado desde siglos por gente que personifica eso que se llama dignidad y, no es exageración, por dioses que se hacen notar detrás de cada empalizada o de algún caballo flaco. Trajinando allí, recuerdo los trasnochos en familia para seguir por televisión (en puro negro y blanco) las batallas homéricas de Pambelé, el Kid de esa tierra libre.
Un banquete de endorfinas era verlo tumbar inalcanzables con ráfagas de rabia y esperanza. Es que para incitación de quienes queremos sacudirnos de lastres, ese tipo fue un destructor de orgullos, un iconoclasta, comprendo hoy (algo que seguirá siendo en cualquier alucinación o certeza por la que discurran sus tiempos).
Confieso, hablando de Pambelé, que con frecuencia sueño encaramándome a un cuadrilátero sin público, para partirnos a puño con los esperpentos más espesos de esta humanidad. Me veo en guantes, uno a uno, con un poco de políticos ladrones, con ciertos burócratas hemorroidales cuyos nombres están entre ceja y ceja, con los asquerosos timadores de Interbolsa, de Reficar, los megapensionados, todos esos que chupan sangre humana en vaso de whisky.
Me relamo imaginando un intercambio (de golpes, porque de cualquier otra cosa la alergia cundiría) con el curador vinculado al desplome del edificio Space (mientras pienso que de vuelta al cargo, pondrá sellos como lápidas).
A golpes quisiera fajarme con Mancuso, con narcos cabecicuadrados, con todos los dictadores del mundo. Qué decir, más que ningún otro esperaría a Nicolás Maduro: esa mole corrosiva que, además, conjeturo cobarde, tramposa en la pelea.
No deseo la muerte de nadie, pero sí la caída de muchos. Qué refrescante resolverlo, si se pudiera, en un ring. ¡¡Esperanza!!
Cierto es que la esperanza algunas veces se sienta cerca de uno, incluso trata de seducirlo. Tal vez coincidamos en que no es frecuente en el día a día del acuario turbio que toca habitar, pero cuando pasa, cuando ocurre que la esperanza da muestras de vida, el alma estalla en juegos pirotécnicos.
Anda (la esperanza) por el Festival de Música de Cartagena, fascinada en la música de Rameau; va por Palenque, ronda porque caiga noqueado Maduro con todo su séquito desgraciado.
Gonzalo Castellanos
Gonzalo Castellanos
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