La soltería

La soltería

¿Puede reivindicarse la palabra y hacer de 'solterona' un estado en el que se gana personalidad?

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18 de noviembre 2016 , 05:51 p.m.

¿Vamos hacia un mundo de solteros y solteras? En estos días en que tanto se habla de otras sexualidades y de enfoques de género, dejamos de ver otro hecho destacable en los modos de juntarnos con otros. Datos de población de EE. UU. (2014) evidenciaron que en este país las ciudades del oeste (Atlanta, Nueva York, Boston...) son las que más tienen solteras y que al pasar 45 años superarán a ellos en ese estado. En el 2016 se contabilizan 124,6 millones de solteros, más del 50 % de la población de más 16 años, y se puede colegir, en la medida en que hay más educación, que puede aumentar la tendencia a vivir solas o por fuera de la institucionalidad de parejas. La situación no es distinta en Europa: Hannover acumula el 40 % de solitarios; algo similar ocurre en Suecia, y el porcentaje aumenta en los países mediterráneos. En Bogotá (Dane) no nos quedamos atrás: el 43 % de su población adulta es soltera, y a los 34 años las mujeres superan a los varones.

Entonces, dos fenómenos a la vista: la llamada ‘masculinización del mundo’, en países como India y China, donde nacen 130 hombres por 100 mujeres, resultado de la tradicional preferencia por el varón (descenso en fecundidad, ecografías que permiten decidir...). Especialistas (C. Guilmoto) creen que en 50 años allí “la escasez de mujeres tendrá un impacto en la sociedad similar al del calentamiento del clima”.

Y en Occidente, el empoderamiento definitivo de la mujer, lo que acaba de resaltar el excelente libro de Kate Bolick, 'Spinster' (Solterona), que abre con una sentencia demoledora: “La vida de toda mujer estaba definida por dos preguntas: ¿cuándo te vas a casar? y ¿con quién?”. Todo su ensayo desdice de este enfoque, no escrito para ‘solteronas’, sino para seres femeninos que buscan su realización por fuera de las condenas masculinas de la sociedad patriarcal, que justo acaba de ser refrendada con el triunfo de Trump como padre-devorador-presidente.

En el sentido mismo del origen del vocablo 'spinster' está la clave; viene de hilandera, la que se sienta a hilar y se le pasan los años esperando; ‘solterona’ revela algo parecido, se retrasa en casarse. ¿Se puede reivindicar esa palabra y hacer de ‘solterona’ un estado en el que la mujer gana personalidad, no se le pasan los años, sino que los vive, como los hombres, y en esa función administra su tipo de felicidad, sola o acompañada?

Armando Silva
ciudadesimginadas@gmail.com

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