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Jugar en la niñez para aprender a convivir

Según estudio de la U. Nacional, niños que juegan con otros desarrollan habilidades de convivencia.

ÁNGELA CONSTANZA JEREZ
Niños de seis municipios del país tienen un secreto muy bien guardado: la fórmula para conciliar, escuchar a los demás, ponerse en sus zapatos, controlar emociones, expresar sentimientos sin herir a otros y entender diferentes puntos de vista. En últimas, su especialidad es la resolución de conflictos y la consecución de acuerdos. Su fórmula es el juego.
La Corporación Juego y Niñez, en alianza con la Universidad Nacional, adelanta un estudio longitudinal (de seguimiento por varios años a unas mismas personas) para determinar el impacto que el programa Ludotecas Naves tiene en la infancia y en la primera infancia. Las organizaciones cuentan con los primeros resultados de la investigación y son contundentes: los niños que asisten a las ludotecas, es decir, que tienen la posibilidad de jugar, disponen de mayores competencias ciudadanas, emocionales y de creatividad que aquellos que no acuden a estos espacios.
“Promovemos un modelo de educación que favorece las habilidades emocionales y sociales que hoy, más que nunca, requerimos. Nuestros procesos aprovechan la movilidad del cerebro que da la lúdica para promover competencias ciudadanas y desarrollar la creatividad que permite alcanzar el éxito”, señala Ruth Camelo, directora de la Corporación Juego y Niñez, que desde hace 16 años promueve y acompaña espacios para el juego en 600 municipios del país.
Precisamente, los investigadores de la Universidad Nacional seleccionaron a 360 niños de seis municipios que asisten regularmente al programa Ludotecas Naves de la Corporación (Manaure, Sabanagrande, Quibdó, Barrancabermeja, Bugalagrande y Chinchiná), para constatar de manera científica las habilidades que, gracias al programa, han desarrollado para la convivencia. Además, para tener un grupo de contraste, buscaron en los colegios a 180 niños que no van a estos lugares, pero comparten las condiciones sociales, culturales y contextuales de los niños de las Ludotecas Naves.
Desarrollo de tres competencias
En el país existen 41 ludotecas, ubicadas especialmente en aquellos lugares donde las condiciones son precarias para los niños. Gobernaciones, alcaldías, empresas privadas y ONG, entre otras organizaciones, han creado estos espacios para lograr procesos educativos a través del juego.
Los niños del estudio fueron observados durante dichas actividades, para que los investigadores pudieran analizar ciertas variables de su interés, como participación, interacción en el juego, manejo de conflictos, seguimiento de reglas, expresión de emociones, flexibilidad y pensamiento divergente. Así, frente a una situación determinada, al niño se le pueden ocurrir muchas posibilidades y alternativas.
“Hemos ido encontrando que los niños mayores que asisten a las ludotecas, y que suponemos han tenido más tiempo en ellas, tienen mejores rendimientos en las competencias evaluadas que los más pequeños. Es decir que este impacto se va incrementando con el tiempo a medida que el niño permanece más en el programa”, señala Rita Flórez, directora del Grupo de Investigación, Cognición y Lenguaje en la Infancia de la U. Nacional y quien dirigió el estudio.
En el caso de las competencias ciudadanas, los niños que frecuentan estos espacios evidencian mayor autonomía e interés en participar en diferentes actividades. El estudio asegura que les gusta invitar a sus compañeros a jugar, arman sus grupos con mayor facilidad, son más estables en la permanencia de los grupos, participan por iniciativa propia en las actividades propuestas, aportan ideas innovadoras, actúan por competitividad, pero lo hacen con respeto hacia los otros; comprenden más rápido las reglas de juego y, por ende, pueden explicarles a otros niños cómo jugar, con lo cual logran juegos más organizados.
En cuanto a las competencias emocionales, la investigación señala que los niños que le dedican buen tiempo al juego tienden a ser muy expresivos y espontáneos. Las obras de teatro, la lectura de cuentos y la representación con mímicas o títeres los ayudan a controlar las emociones en situaciones de conflicto.
Finalmente, en el componente de desarrollo de la creatividad, los investigadores destacan la capacidad de los niños de las ludotecas para plantear perspectivas distintas a partir de situaciones o contextos que el juego propone. De esa manera, son flexibles para cambiar y aceptar nuevos juegos, construir reglas y crear otros juegos a partir de sus propias iniciativas.
“Son varios los elementos que se rescatan de este estudio. Por un lado, se muestra el impacto que tiene la ludoteca en el desarrollo de las competencias ciudadanas, especialmente la convivencia lo que nos permiten intervenir desde muy temprano su desarrollo de”, puntualiza Flórez.
Espacios de juego crean confianza
Peter Grey, sicólogo y profesor del Boston College en Estados Unidos, asegura que el juego es la energía más importante con la que el niño nace para educarse a sí mismo y relacionarse con otros. En los últimos 50 años, según Grey, esa posibilidad del juego ha ido a la baja debido a la inseguridad. Los niños de hoy tienen menos espacios para jugar y menos libertad para idear juegos, una situación que puede tener relación con el aumento de trastornos mentales en la infancia. “El temor adulto hace que los niños salgan menos a los parques o a exteriores a jugar con sus compañeros y amigos, lo que termina reemplazándose por el escenario virtual. El escenario de juego es un espacio de construcción de confianza. Cuando eso no se da, por los temores del adulto, los niños pueden crecer con esos miedos y desconfianzas”, señala Rita Flórez Romero, directora del Grupo de Investigación Cognición y Lenguaje en la Infancia de la Universidad Nacional.
ÁNGELA CONSTANZA JEREZ
Especial para EL TIEMPO
ÁNGELA CONSTANZA JEREZ
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