¡Hola !, Tu correo ha sido verficado. Ahora puedes elegir los Boletines que quieras recibir con la mejor información.

Bienvenido , has creado tu cuenta en EL TIEMPO. Conoce y personaliza tu perfil.

Hola Clementine el correo baxulaft@gmai.com no ha sido verificado. VERIFICAR CORREO

icon_alerta_verificacion

El correo electrónico de verificación se enviará a

Revisa tu bandeja de entrada y si no, en tu carpeta de correo no deseado.

SI, ENVIAR

Ya tienes una cuenta vinculada a EL TIEMPO, por favor inicia sesión con ella y no te pierdas de todos los beneficios que tenemos para tí.

Archivo

El empate

Santos obtiene el premio Nobel de Paz: el mundo le habla a Colombia, también con otro lenguaje.

ARMANDO SILVA
El empate entre el Sí y el No en el pasado plebiscito trajo una evidente consecuencia matemática: que el uno quita al otro. El lunes fue un día de luto para el país, pues la celebración festiva estaba reservada al Sí mientras el No actuaba a la retaguardia, intentando algunos rasguños. En ocasiones hay revelaciones cósmicas. Por eso me gustó el lunes. El empate significó la ineficacia de los bandos enfrentados; un triunfo contundente de uno u otro lado nos habría privado de esta radiografía de las profundidades de los colombianos.
El miércoles vivo, esta vez con gusto, un trancón en el centro de Bogotá. Jóvenes de varias universidades marchaban decididos con algunas arengas, sin partido, más bien repitiendo la frase esencial: “Queremos paz y firma ya”. Fueron unos cuantos miles quienes descubrieron allí, que ya no más Sí o No, pues la vida quiso enseñarnos con un empate que nos vuelve iguales. En programa de TV en que entrevistaban a dos de los jóvenes promotores de la marcha y a unos políticos de siempre, agarrados todavía por el Sí y el No, los universitarios les enrostraron algo: eso es el viejo país, se envejeció en un día: eliminación del otro enmascarado en un Sí y un No.
La foto de Santos y Uribe del día miércoles es la de un deseo colectivo. Ese ente abstracto que llaman pueblo y que a veces aparece los obligó a darse la mano. También los obliga a no despacharse con el otro y tratarlo de ser inferior. En algo recuperaron su dignidad, no solo en su postura y mirada de frente y algo sonrientes, y hasta con una corbata azul prestada con la que el presidente liberal se adornó ante el expresidente conservador, sino en que decidieron escucharse. Se endereza la materia semiótica, en algún momento se produjo un desvío y los signos de acallamiento contra una guerrilla bombardera estaban fluyendo era contra Uribe y su partido, paradójicamente tomaban su lugar. ¿Siempre tenemos que enfrentar?
El resultado del empate son otros nuevos acuerdos de comportamiento: otra manera de producir noticias, otra manera de medir opinión y no solo ver al ciudadano como un jabón que gusta o no, sino que hay emociones sobre sus cualidades, otro lenguaje y no el de la rabia, venganza o descalificación.
El viernes, Santos obtiene el premio Nobel de Paz: el mundo le habla a Colombia, también con otro lenguaje.
ARMANDO SILVA
ARMANDO SILVA
icono el tiempo

DESCARGA LA APP EL TIEMPO

Personaliza, descubre e informate.