Fe interrogada / Séptimo arte

Fe interrogada / Séptimo arte

Basándose en hechos reales, la austera puesta en escena de 'Inocentes' nos lleva a Polonia en 1945.

30 de julio 2016 , 11:16 p.m.

‘Inocentes’ (‘Les Innocents’, 2016) es el decimoquinto largometraje de Anne Fontaine, una directora, guionista y actriz de origen luxemburgués, radicada en Francia. Fontaine, recordada en nuestro medio por filmes como ‘Coco antes de Chanel’ (2009) y ‘La piel del deseo’ (2013), se ha sumado con su nuevo largometraje a la larga lista de realizadores que han descrito los horrores de la Segunda Guerra Mundial, en esta oportunidad relatándonos los atropellos de los ejércitos combatientes en contra de la población civil.

Basándose en hechos reales, la austera puesta en escena nos lleva a Polonia en 1945.

La guerra ha pasado pero su huella ignominiosa todavía está presente en los heridos, en los mutilados y en todos aquellos que sufrieron abusos sin haber pasado por un campo de batalla, como las monjas de un convento católico, que cargan en silencio su cruz de dolor y vergüenza.

Una médica francesa, que está en esa región con la Cruz Roja polaca, termina convirtiéndose en un inesperado punto de contacto con un mundo exterior al que la religiosas usualmente han dado la espalda. Pero ahora su vida espiritual se ha visto violentamente estremecida y no saben cómo asumir las consecuencias físicas de algo que sencillamente no pueden ignorar.

La fe de cada una se tambalea, sin poder encontrar respuestas ni justificación a los sufrimientos que ahora padecen.

El silencio de Dios emerge como interrogante y reclamo, pero esta no es una película de Ingmar Bergman.

La directora busca ante todo conciliar las expectativas y posturas de la esfera laica, representada en Mathilde, la médica; y las de la esfera espiritual, constituida por la golpeada comunidad religiosa. Al principio hay desconfianza mutua, pero lentamente van aceptándose.

Mathilde probó un sorbo del horror al que ellas fueron sometidas y termina por entender el tamaño de su tragedia colectiva.

En ‘Inocentes’, todas son víctimas.

Pese a eso, Anne Fontaine no puede resistir la tentación fácil de recurrir al cliché del personaje cruel y dogmático que complicará todavía más el drama que sufren.

Faltó sutileza en este relato que por momentos está a punto de superar las expectativas del espectador, pero que termina cayendo en obviedades que seguramente mejoran sus posibilidades comerciales, en desmedro de sus cualidades artísticas.

JUAN CARLOS GONZÁLEZ A.
Especial para EL TIEMPO

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