Brechas que enfrentará

Brechas que enfrentará

Colombia entrará al posconflicto con inmensas brechas, siendo una de las más graves la rural-urbana.

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30 de julio 2016 , 07:59 p.m.

Si algo se requiere para iniciar esa etapa que Colombia ha soñado por décadas, es decir, cerrar la página del conflicto con la guerrilla y empezar el complejo proceso de hacer realidad la paz, es aceptar con honestidad la dimensión del compromiso y de las tareas que la sociedad en su conjunto debe realizar. Se trata de usar esta oportunidad para retomar la agenda de los profundos cambios que Colombia ha debido ejecutar hace muchos años. Ese es el verdadero camino que tenemos que construir para ubicar a este país como justo y avanzado entre aquellos en vías de desarrollo.

Para empezar, es fundamental reconocer que somos parte del mundo, y por esa razón la nueva Agenda Global 2030 también nos obliga. Es un compromiso que, junto con los otros países miembros de las Naciones Unidas, estamos obligados a cumplir, entre otras razones porque seremos evaluados con esos parámetros. Esa agenda, conformada por 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, los ODS, constituye un primer norte que tendremos que alcanzar en los próximos 15 años. Los ODS 1 y 2, erradicar pobreza extrema y hambre cero, son los pilares de esa agenda, y los 15 ODS restantes giran alrededor de estos inmensos compromisos. ¿Hambre cero en Colombia? Difícil, muy difícil.

Aclarado ese punto de partida, debe agregarse una realidad inocultable. Colombia entrará al posconflicto con inmensas brechas de todo tipo: económicas, sociales, institucionales, nutricionales, regionales, fiscales, de género, siendo una de las más graves la brecha rural-urbana. Y no empezamos bien, porque hoy nos enfrentamos a una desaceleración de la economía, a una profunda deuda de equidad, con disparidades regionales inexcusables, con instituciones débiles o desaparecidas y con una severa crisis de los partidos políticos. Es decir, con falencias muy graves en términos del liderazgo que se requiere.

Pero la esperanza de empezar a construir una sociedad menos excluyente, que resuelva sus conflictos sin armas, que permita florecer los liderazgos que puedan generar la serie de cambios impostergables, debe traducirse de inmediato en la necesidad de priorizar nuestras acciones. Por ello, es muy útil el concepto de brecha como la distancia entre lo que es y lo que debería y podría ser. Estas son inmensas en todos los campos. Sin embargo, hay tres de ellas que pueden explicar muchísimos de los profundos retos del posconflicto.

Tenemos una seria brecha de ingresos. Nuestro PIB potencial, que llegó recientemente a cifras de crecimiento anual del 4,5 por ciento, hoy, si bien nos va, estaría entre 3 o 3,5 por ciento. Es decir, tasas del 6 o 7 por ciento del crecimiento de la economía real son en estos momentos un sueño, más que una posibilidad. O se transforma la base productiva o hay poco que hacer, y allí no solo el Gobierno sino los empresarios tienen mucho que aportar. De esta realidad se desprenden inmensos retos. En segundo lugar, la brecha entre un país rico y un Estado miserable, precisamente porque esos grandes sectores pudientes no pagan los impuestos que deberían, cuando no esconden sus fortunas con toda clase de artimañas. En tercer lugar, la brecha entre el gasto público y su precaria eficiencia, debido a esa forma absurda como se asignan y se ejecutan estos recursos públicos que benefician a los operadores, y poco o nada les llega a quienes deberían ser sus beneficiarios.

Cerrar estas brechas implica hacer todo eso que inquieta a los sectores poderosos y poco generosos del país: distribuir la tierra, pagar impuestos los dueños de las grandes empresas y los terratenientes, acabar con la salud y los servicios sociales como negocio, romper el perverso vínculo entre políticos y negociantes, entre muchas cosas más. Pero, además, dejar esos valores patriarcales que tanto daño les hacen a las colombianas y que llevan a despreciar el gran aporte de nuestras mujeres.

* Conclusiones de un trabajo del CiSoe para el Programa Mundial de Alimentos, Colombia, 2016.

CECILIA LÓPEZ MONTAÑO
cecilia@cecilialopez.com

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