Tres formas para decirle NO al matoneo escolar en colegios

Tres formas para decirle NO al matoneo escolar en colegios

Test para evaluar daños y un programa sobre el respeto del cuerpo, entre los métodos.

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30 de julio 2016 , 06:22 p.m.

Tres de cada 10 estudiantes de quinto de primaria a grado 11 de colegios públicos y privados del centro del país han experimentado alguna situación de acoso o matoneo, y no solo como víctimas: también como testigos e incluso como victimarios, según estadísticas del Dane.

Para el español Iñaki Piñuel, doctor en psicología y reconocido autor de publicaciones sobre acoso laboral y escolar, este fenómeno afecta a niños de todas las edades en el entorno estudiantil, y aun así todavía no se le da la importancia que requiere.

El experto sostiene que esta falta de atención hace que, desde pequeños, los niños que son acosados por sus pares carezcan de autoestima, se sientan solos y caigan en cuadros depresivos que, de no tratarse adecuadamente, pueden terminar en suicidios, como ocurrió con Sergio Urrego, el adolescente de 16 años que acabó quitándose la vida en un centro comercial de Bogotá, porque, según los resultados de las investigaciones adelantadas por las autoridades, había sido discriminado en su colegio por su condición sexual.

Casos como este han motivado a académicos, fundaciones y particulares a combatir este fenómeno que, de acuerdo con recientes estudios –como uno hecho el año pasado por el departamento de psicología de la Universidad de Warwick y publicado en ‘The Lancet Psiquiatry’–, deja secuelas profundas en las personas, que solo pueden superarse en la edad adulta. Las siguientes son tres iniciativas que han sido aplicadas con éxito en entornos escolares violentos, para enfrentar el matoneo.

1. Mapa en la web

El ingeniero industrial David Rojas lidera Amis, la primera página web en el país dedicada a detectar casos de acoso escolar con la ayuda de padres, estudiantes y profesores.

Es un sistema de inteligencia artificial que hace análisis exhaustivos de las personas involucradas en una situación de este tipo, para así conocer las razones que motivan al victimario a proceder de esa forma, y a la víctima, a callar.

La web (amis.com.co) se alimenta de los datos proporcionados por padres, educadores, directivos e incluso de denuncias anónimas de los estudiantes de los colegios inscritos en el programa, que luego son verificadas por los docentes.

Rojas explica que los casos de abuso en los colegios se deben ver desde todas las perspectivas. “Hemos visto casos en los que un niño molesta a otro, no porque sea un matoneador, sino porque el otro niño también lo ha atacado. No se puede satanizar al que ataca, porque puede haber muchas razones para que lo haga”, afirma Rojas.

La herramienta también evalúa a los grupos y permite identificar a los líderes positivos del salón, quienes pueden incluir a las víctimas de un acoso en sus grupos para intentar alejarlas del problema.

Este ingeniero industrial insiste en que “la idea no es que los padres saquen a los niños de los colegios, sino que la comunidad estudiantil aprenda a manejar estos casos de forma adecuada”.

Para elaborar los perfiles, el sistema se alimenta con datos de la víctima y del victimario, a partir de los cuales identifica y mide sus comportamientos y deja en evidencia aspectos relevantes en situaciones de acoso. La plataforma es útil para padres, docentes y psicólogos, pues orienta sobre cada paso que debe darse.

2. Test para medir el daño

El psicólogo español Iñaki Piñuel visitó el país para implementar su escala Cisneros (Cuestionario Individual sobre Psicoterror, Negación, Estigmatización y Rechazo en Organizaciones Sociales), que evalúa 43 conductas de acoso psicosocial para establecer los efectos de la violencia en ciertos entornos.

Los estudiantes reciben un test que los confronta con afirmaciones como “No me hablan”, “Les prohíben a otros que jueguen conmigo”, “Me obligan a hacer cosas peligrosas para mí” y “Me esperan a la salida para meterse conmigo”, y les permite manifestar si son víctimas de estas conductas, con qué frecuencia y qué tanto los afecta.

El mecanismo indica la gravedad e intensidad del daño y orienta a rectores, profesores, padres y al estudiantado sobre cómo actuar.

En una de sus tesis más controversiales, Piñuel, quien dice estar aplicando con éxito la escala en escuelas de España, afirma que las secuelas que deja el matoneo en los niños se pueden comparar a las del conflicto armado. “El matoneo en forma repetitiva genera estrés postraumático, al mismo nivel que se produce en una víctima de conflicto”, dice el experto, quien ha llevado la iniciativa a Uruguay, Argentina, México y Costa Rica, y que en agosto capacitará a docentes de colegios oficiales. Según él, en muchos casos hay un pacto de silencio frente al acoso. “Es como si los colegios miraran hacia otro lado creyendo que con el tiempo las cosas se solucionan solas”, concluye.

3. Contra el acoso sexual

Los niños de primaria de la institución educativa San José, situada en Jericó (Antioquia), están aprendiendo a prevenir el acoso sexual por medio de la capacitación (desde el grado primero) sobre el respeto de su cuerpo.

El programa ‘Félix y Susana’, creado por la fundación Sura, no solamente busca prevenir los embarazos adolescentes y el matoneo, sino también que los niños aprendan a denunciar casos de acoso sexual y de violencia intrafamiliar.

La iniciativa está compuesta por un material didáctico y gráfico que no solo se imparte en las clases, sino que se cuelga en las paredes de los salones para que los menores tengan un recordatorio constante de cuáles son las conductas que pueden considerarse acoso sexual o escolar.

Para Olga Cadavid, docente de la institución, ‘Félix y Susana’ se ha convertido en una herramienta para que “los niños conozcan sus derechos y la forma como deben cuidarse. Hoy, los alumnos no son tan frágiles como cualquier niño que no cuenta con la información necesaria”, sostiene.

A pesar de su corta edad, niñas como Mariana Arias*, de cuarto de primaria, dicen que antes, cuando los hombres les gritaban “cosas incómodas” desde las tiendas o las casas, ellas solamente pasaban y agachaban la cabeza. Hoy, la situación es distinta: ya les cuentan a sus padres, docentes y, además, exigen respeto. “La sana convivencia no es solo que no nos gritemos o que no nos peguemos en el colegio, sino que cumplamos con lo primordial: el respeto”, afirmó la menor.

El modelo ha sido tan exitoso en algunos colegios del país –por la forma como los niños han superado el tabú frente a la denuncia del acoso sexual–, que motivó la reciente visita de miembros de la Secretaría de Educación de El Salvador, los cuales quieren implantar la iniciativa en sus escuelas.

*Nombre cambiado

LAURA AGUILERA JIMÉNEZ
Redactora de EL TIEMPO

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