Buscan dar voz a través del arte a personas desterradas

Buscan dar voz a través del arte a personas desterradas

'En la grieta: práctica artística en comunidad', trabajo realizado en Ciudad Bolívar, llega a EE.UU.

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29 de julio 2016 , 11:18 p.m.

Ludmila Ferrari es una investigadora que, como quienes se dedican a la academia, empezó una investigación a partir de un interrogante sobre los límites del arte como institución y que derivó en el libro 'En la grieta: práctica artística en comunidad'.

Si se mira desde su ficha técnica, es una publicación de 156 páginas, de 18 x 20 cm, en la que se reúnen sus conclusiones y percepciones sobre ‘Práctica artística en la grieta’, como se llamó el proyecto inicial.

Pero en su interior contiene una serie de interacciones que dieron en el taller Tejedores de historias, en Ciudad Bolívar, organizaciones como Vidas móviles, los comedores comunitarios, la Universidad Javeriana y la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, entre otros grupos y personas.

Específicamente, con personas que fueron desterradas y a las que les tocó llegar a la periferia de Bogotá. Esas personas, que a veces son invisibilizadas, han venido organizándose para continuar con sus vidas, que no se detienen, y para crear movimientos de resistencia.

No en un sentido violento, sino en cuanto a que son ellos mismos quienes se encargan de construir su futuro. “El proyecto se planteó como una investigación por los límites del arte como institución, y desde allí se abrió a la emergencia de un espacio político y una comunidad contingente. Eso, a mi entender, lleva la práctica artística y lo que podemos pensar y hacer con ella a otro nivel”, le dijo a EL TIEMPO Ferrari, radicada en EE. UU.
Es en ese país donde presentará hoy este proyecto, como parte de las actividades del Detroit City Study, que se define como “un espacio de trabajo en conjunto en Detroit y que renueva las relaciones sociales y espaciales sobre estudios urbanos”, dice en su web. Anécdotas hay bastantes, dice la artista visual sobre este trabajo, que la llevó el año pasado, en Medellín, a La Escombrera. Y que también presentará el 11 de agosto en el Laboratorio Arte Alameda (Ciudad de México). EL TIEMPO entrevistó a Ferrari, quien también es artista visual sobre este proyecto y sus alcances.

¿Cuál fue la génesis del libro?

El libro es el resultado del proceso de escritura que acompañó la génesis y desarrollo del proyecto en Ciudad Bolívar: Práctica Artística en la Grieta. La escritura fue una contraparte constante al trabajo en comunidad, de cómo lo comunitario se trabajaba y des-obraba a sí mismo. El proyecto de escritura empezó como proyecto de investigación y de allí se continuó como un proceso de reflexión. Experimenté una realidad desbordante, un exceso de sentido y la escritura fue un modo de recoger y consignarlo. Creo que el libro pone en cuestión la relación entre prácticas artísticas y escritura, no ya en términos de una relación explicativa (una escritura que de cuenta de una práctica) sino como relación diferencial, son dos registros diferentes atados a un mismo proceso.

En cuanto a la publicación, esta fue una iniciativa que surgió del departamento de artes de la Universidad Javeriana, principalmente de Carlos García quien ese momento era el director de carrera. Finalmente, publicación del libro también apunta a la importancia de generar lenguaje y pensamiento artístico, político, y teórico sobre la violencia y sobre dinámicas como el desplazamiento forzado. Mi libro no es el primero, ni el último y se nutre del trabajo de otros artistas e investigadores en el tema.

¿Cómo fue la presentación del libro en Medellín y su participación en el MDE15?

En febrero pasé un mes en residencia en Medellín participando y colaborando con el Laboratorio Urbano de la UNAL y el MDE 15 en la investigación y desarrollo del proyecto sobre la Escombrera. En Medellín tuve la suerte de colaborar con los estudiantes de la Maestría en Arquitectura y Hábitat de la UNAL y con el colectivo Agroarte, de la Comuna 13. El apoyo de Fernando Escobar y de Juan Luis Mesa y del equipo curatorial del Museo de Antioquia fue fundamental para todo el trabajo que se hizo en Medellín.

La presentación se hizo en el Teatro Pablo Tobón, gracias al apoyo fantástico de Sergio Restrepo. Fernando Escobar amigo y curador del MDE15 hizo una presentación excelente del proyecto que apuntó justamente a la reflexión sobre la práctica artística que subyace al proyecto artístico en la Grieta. Lo que más recuerdo de Medellín.. es el buen parche… “¿Qué sería del arte sin el parche?” La verdad es que no me quería ir.

¿Tendrá alguna presentación del libro en Bogotá?

Es posible que haga una en Bogotá en Agosto. Más que presentaciones me gustaría hacer talleres o discusiones en Ciudad Bolívar o en otros contextos. Tomar el libro para iniciar conversaciones mas que para hacer presentaciones.

¿Qué tan sencillo o complicado fue involucrarse con el tema de La Escombrera? ¿Cuánta gente participó y qué te dejó esta experiencia?

Si bien este viaje fue mi primer acercamiento in-situ a la problemática de la Escombrera, logré hacer varias cosas. Lo primero y principal fue acercarme a los grupos involucrados con el tema, aquellos que llevan años haciendo un trabajo de base, como es el caso del colectivo de Agroarte en la Comuna 13. El trabajo de ellos ha sido muy importante para darle visibilidad al caso. Yo llegué al tema de la Escombrera por mi investigación del doctorado sobre espacio y violencia.

Llegué a Medellín con un trabajo de lecturas y de archivo adelantado pero también con infinidad de preguntas. Siguiendo estas preguntas llegué al caso de la Escombrera y conocí a la gente de Agroarte con quienes hubo una muy buena conexión desde el primer momento. En este sentido no fue difícil involucrarse, ellos están buscando ampliar la esfera de discusión y la denuncia sobre la Escombrera.

Lo complicado viene con el caso mismo de la Escombrera y lo que significa para Colombia y para América Latina. Lo complicado es pensar todo lo que allí se condensa, se cubre, se acumula y sacrifica, justamente en un momento en que la paz es un tema de discusión público. La Escombrera es inabarcable, excede los límites de la ley y del cálculo forense, es una apertura a lo incalculable; y esa incalculabilidad problematiza las
políticas de reparación del Estado y su soberanía.
Creo que el horizonte de justicia y paz no es una cuestión de suturar, de cerrar o de dar una forma a los procesos, no estoy segura de que la mejor forma de verlo sea la de la construcción “construir paz”. Eso es justamente lo que problematizan los restos y los escombros de la Escombrera: ¿cómo “construir” la paz con escombros?

Me parece que el trabajo que se hace desde el arte, desde los colectivos de artistas y activistas, tiene que ver con una escala diferente al “proyecto” y a la mirada arquitectónica de la paz. Esta mirada es un acercamiento al resto, al escombro y a lo que crece lentamente. La instalación “El peso de la paz” y el video “Protocolos”, instaladas en el Museo de Antioquia, exploraron estas tensiones. Actualmente estoy trabajando un
texto sobre la Escombrera, el cual me gustaría sacar en Colombia lo antes posible.

En el caso de Bogotá, menciona que empezó con 15 personas y ya son más de 100. ¿Qué le produce esto a nivel personal?

En efecto, esto empezó con un grupo pequeño y luego fue creciendo. Gran parte de la expansión del proyecto no tuvo que ver conmigo, sino con las líderes comunitarias Sara Castro y Laura Romero quienes tomaron el proyecto en sus manos y lo fueron adaptando a los diferentes territorios de Ciudad Bolívar. En cuanto a mi percepción personal, algo que siempre me ha sorprendido de este proyecto es la trayectoria, no tanto en términos de números de participantes, sino en cuanto a la transformación que allí se llevó a cabo: el proyecto se planteó como una investigación por los límites del arte como institución … y desde allí se abrió a la emergencia de un espacio político y una comunidad contingente. Eso a mi entender, lleva la práctica artística y lo que podemos pensar y hacer con ella a otro nivel.

Menciona que hizo una cartografía del desplazamiento en Ciudad Bolívar, ¿cómo fueron esas cartografías?

Práctica Artística en la Grieta consistió de dos acciones simples, una huerta comunitaria y los talleres de tejedores de historias. La huerta fue el epicentro del proyecto, allí se reunió el primer grupo de personas y básicamente, allí empezamos a hablar. Entre las muchas ventajas de la huerta, una que era fundamental para mi, era crear un espacio de encuentro y diálogo por fuera de la institucionalidad caritativa y psicologizante que constantemente limitaba (sujetaba) a las personas a su subjetividad jurídica como víctimas y “desplazados”. La huerta funcionó como una zona autónoma de transferencia, en la cual las interacciones no están vehiculadas por la institucionalidad burocrática de la victimización.

Es en la huerta, al charlar con la gente y escuchar las historias de su desplazamiento en donde surge la idea de las cartografías. Yo no quería simplemente recopilar las historias para mí o para el museo. No quería hacer prosopopeya sino ser interlocutora del proceso. La idea es abrir espacios sociales en los cuales fuera posible trazar estos mapas, y consignar la inscripción de esas historias.

Las telas cuentan una historia de la guerra de este país, de las formas en las que los territorios se van transformando, por eso en algún sentido estas son historias insurgentes. Creo que este sentido de autonomía fue lo que hizo que el proyecto creciera de la manera en que lo hizo. Los “talleres de mapas” se organizaron varias veces por semana en grupos de 20 personas mas o menos. En una tela grande trabajaban a veces familias enteras narrando en imágenes su desplazamiento. Luego de los talleres, la gente seguía trabajando la tela en su casa por decisión propia. El sentido que ellos hallaron en el tejido de las telas es algo que no me pertenece a mi, sino a ellos.

¿Cuáles son las diferencias entre una práctica artística que involucra a la comunidad y un taller donde participan? ¿Qué elementos entran en juego para realmente ser efectivos en estas personas, que han sido excluidas y que muchas veces no pueden o no les interesa el arte porque tienen muchas necesidades básicas insatisfechas?

Creo que esas dos preguntas son bien importantes y son preguntas que hay que mantener siempre vivas en este tipo de proyectos. En general, los talleres estarían orientados hacia una actividad artística, es decir tienen un fin instructivo o recreativo. La práctica artística en comunidad es más experimental en el sentido de que no hay una comunidad a la cual se llega a trabajar, ni tampoco, es la comunidad el resultado de la práctica, eso sería pragmatismo político, una ficción peligrosa. Lo que hay es una exposición al otro y una apertura a un hacer compartido. Si hay algo político aquí es ese riesgo mutuo.

El arte no reemplaza al Estado, no es esa su función ni su capacidad. El arte o la práctica artística tendría su ocasión justamente en lo que escapa al Estado, a la ley, a la policía.

MARÍA ALEJANDRA TORO VESGA
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

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