Santiago Parra, el niño de 10 años que ya es oro en gimnasia

Santiago Parra, el niño de 10 años que ya es oro en gimnasia

El año que viene, el menor competirá en el primer mundial de esta disciplina.

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29 de julio 2016 , 11:12 p.m.

Es su turno. Toma aire, comienza a correr y su cuerpo alcanza una mayor velocidad. Salta y cae en un trampolín que lo proyecta varios metros arriba. Agarra sus piernas y gira sobre sí mismo. Su pequeño cuerpo describe el movimiento de un lazo que se desata en el aire.

Santiago Parra cae con sus 30 kilos y sus diez años sobre la colchoneta azul. Las piernas tensas, los brazos extendidos y el rostro impasible. No deja de mirar al fotógrafo que lo captó. Las imágenes mostrarán su piel morena contrastada con su vestimenta azul de deportista, los pequeños músculos endurecidos en el aire y el vacío frente a sus ojos bien abiertos.

Esa figura menuda de 1,30 metros de estatura se confunde con los otros niños, que también se esfuerzan por impulsarse y mantener la altura con cada salto que dan en la cama elástica, el trampolín especial que los lleva por el aire.

En medio de las colchonetas está la entrenadora Katisha Recalde, quien grita para que la escuchen sus alumnos del pabellón número 5 del Centro de Alto Rendimiento de Bogotá.

Ella resume en dos palabras lo que implica la gimnasia en trampolín: “Valor y precisión”.

“Se pierden puntos cuando el movimiento no es armónico o no se mantiene la altura respecto a la lona. Hay que tener la valentía de tomar el riesgo, pero evitando cometer errores. A diferencia de la gimnasia artística, aquí no hay una segunda vez: un error y quedas descalificado”.

Esa lucha por controlar el cuerpo en el vacío y demostrar todo el potencial físico en apenas unos segundos la conoce bien Santiago. A su corta edad y con apenas dos años en esta categoría ha obtenido medallas en el Campeonato Nacional de Trampolín del 2015 y el Sudamericano de Trampolín del mismo año. El último reconocimiento lo recibió en el torneo Scalabiscup 2016, realizado del 29 de junio al 2 de julio en la ciudad de Santerém, Portugal.

Él hizo parte del grupo de seis niños que representó a Colombia en ese país y que obtuvo una medalla de bronce y de plata por equipos en esa competición. La tercera medalla, la que obtuvo Santiago, es de oro, pero ni es dorada ni es redonda, sino cuadrada y translúcida a manera de cristal. Cuando Santiago se la pone la muerde como lo hacen los deportistas que ha visto en televisión.

“En Portugal había un niño que era muy bueno y era el que mayor puntaje tenía en el trampolín. Cuando salí le gané por una décima. Eso me emocionó mucho, saltar me da adrenalina, me hace feliz”, confiesa Santiago.

Su regreso al país, el pasado 2 de julio, fue un pequeño acontecimiento al que asistieron amigos y familiares. Un corto video grabado en el aeropuerto El Dorado muestra a Santiago rodeado de pancartas. Los adultos a su alrededor aplauden y su rostro moreno se ve sonriente.

Para Elizabeth Berrío, mamá de Santiago, fue una victoria que se logró con mucho esfuerzo, paciencia y ayuda de unos buenos amigos. Ella logró reunir 4.283 dólares a través de una página de crowdfunding.

Juliana Morales Londoño, una de las personas que se enteró de la historia del niño, colaboró en la búsqueda de ese dinero con el que Santiago se pudo costear el viaje que realizó a Portugal.

“Había que ayudarlo, tenía el cupo para competir, pero no el dinero para el viaje. Por eso hicimos un post en una página y la gente aportó a través de tarjeta de crédito. Las personas fueron muy solidarias. Además, una mujer del grupo de ayuda Wikimujeres lo recibó en el aeropuerto de Madrid para que no estuviera solo. Logramos todo lo que nos propusimos”, recuerda Juliana.

Hay una frase en la petición de internet que quizás Santiago olvidará cuando crezca, pero que refleja el cariño invertido en la petición: “Él necesita saber que va por el camino correcto, que hay gente que apuesta por él”.

La medalla de oro que Santiago obtuvo en Portugal es translucida y cuadrada. Foto: Claudia Rubio / EL TIEMPO

Apoyo y más victorias

Las paredes de la habitación de Elizabeth Berrío están adornadas con fotografías que la remiten a su natal San Pedro Claver, un pueblo ubicado sobre el río Munguidó en el Chocó. Entre las imágenes destaca el retrato de Luis Alirio Parra, padre de Santiago, fallecido hace ya casi cinco años a causa de un ataque al corazón.

Desde su muerte, ella ha estado a cargo de la crianza de sus tres hijos, de los cuales, Santiago es el menor. En su casa él es el más activo, corre de un lado a otro, se pasea por las tres habitaciones o se sienta a competir en un videojuego en su celular que consiste en simular saltos en paracaídas.

Otras veces, cuando llega del colegio, se sienta en el comedor y espera a que su abuela Zulma Moreno le sirva el almuerzo. En cuestión de minutos sale de su casa en el barrio San Benito, en el sur de Bogotá, y toma el bus que lo lleva al Centro de Alto Rendimiento.

Si se propone hacer un repaso por la corta vida de Santiago, su madre Elizabeth comenzará a recordar varios hechos que para ella son decisivos: él, junto a su padre, acostado viendo deportes en la televisión, luego frente a la misma pantalla atento a la transmisión de los Juegos Olímpicos del 2012 y diciendo “mamá, yo quiero estar ahí: yo quiero esas medallas”.

El hecho más revelador –dirá Elizabeth– fue la recomendación que le hicieron dos mujeres el mismo día de septiembre del 2012, cuando lo vieron saltar en la calle. Se le acercaron y le comentaron: “Su hijo tiene un don, usted tiene que hacer algo”.

Al día siguiente, Elizabeth lo llevó al Centro de Alto Rendimiento, donde varios entrenadores confirmaron su potencial y le ayudaron a pagar parte de la inscripción en la Liga de Gimnasia de Bogotá.

“Las pruebas para que se quedara eran muy duras. Tener que verlo saltar tan alto y caer me asustaba. Luego dijo que se pasaba al trampolín, porque siempre le ha gustado saltar. Saltaba en la casa, en la calle, en el parque. Cuando comenzó a entrenar se volvió muy autónomo, desde los 8 años se va solo al colegio y a entrenar”, cuenta Elizabeth.

El año que viene, Santiago competirá en el primer mundial de gimnasia, pero antes, el 16 de septiembre, estará en un torneo nacional en el que si gana clasificará al Sudamericano de Trampolín.

Por ahora son pocos los deportistas que practican esta disciplina, pero Santiago habla de Ángel Hernández, el hijo de su entrenadora Katisha Recalde, quien clasificó a los preolímpicos celebrados este año en Río de Janeiro, Brasil.

Por lo pronto, Santiago sigue mejorando su técnica y puliendo sus movimientos.

Asiste mínimo seis días a la semana al Centro de Alto Rendimiento, bromea con los otros niños en medio de los calentamientos. Es evidente que tiene mucha energía y su entrenadora le llama la atención porque conversa durante el calentamiento con otros niños.

“Hay que saber caer bien”, dice Santiago.

Se agarra las manos para imitar el movimiento que su cuerpo hará sobre la cama elástica: arriba, abajo, una vuelta y repite la pirueta imaginaria.

Una vez arriba de la lona su figura pequeña se eleva sobre los otros niños.

El crujido de los resortes acompaña su ascenso y descenso.

Debe mantener la altura en cada salto, como si fuera una respiración sostenida. Las piernas tensas, los brazos extendidos y el rostro impasible.

Al menos para él, es un juego contra la gravedad, una lucha constante para mantener su altura con respecto a la lona, al mundo. Abajo, su entrenadora lo sigue con los ojos. Se ve cómodo y su silueta negra contrasta contra el blanco del pabellón donde entrena.

Todo dura unos segundos, el niño baja de la lona y sonríe. Se escuchan los resortes expandiéndose de nuevo. El sonido que Santiago espera escuchar el resto de su vida.

Sin apoyo, pero con mucho talento

Consultada por el tema de la falta de un apoyo formal a los deportistas, la directora técnica de posicionamiento y liderazgo deportivo de Coldeportes, Milena Orozco, explicó que la entidad prioriza sus recursos para apoyar a los talentos que representarán al país en un futuro.

“Los recursos que manejamos son irrisorios para la cantidad de logros que puedan dar muchos atletas. Por eso tenemos un programa para buscar a talentos que sean los próximos Mariana Pajón o Jossimar Calvo”.

Orozco también dijo que Coldeportes estudia cada caso y que no descarta que Santiago Parra pueda hacer parte en un futuro de este programa de jóvenes talentos.

DAVID ARANGO
Redacción ELTIEMPO.COM
En Twitter: @ArangoDavidG

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