Editorial: Todos los días en La Guajira

Editorial: Todos los días en La Guajira

Hay que ir más allá de la indignación y las denuncias de lo que sucede con los dineros públicos.

29 de julio 2016 , 09:44 p.m.

Tendríamos que escribir todos los días sobre La Guajira para que sea claro que muchos colombianos han caído en cuenta de lo que está ocurriendo en la región, para que sea evidente que la sociedad sabe que día por día sucede alguna infamia contra la población del lugar.

El martes pasado, un completo documento de la Contraloría General de la República, como haciendo eco de toda la información que viene apareciendo en los medios de comunicación, reveló –entre varios hallazgos más– que se han perdido cerca de 16.000 millones de pesos del programa de alimentación escolar (PAE), y no puede ser que solo la indignación sea la respuesta a la enorme corrupción que ha empujado a los niños guajiros al hambre, y a la muerte en muchos casos.

No solo en el PAE se han estado dando los robos del dinero del departamento. También, según el informe de la Contraloría General, se ha presentado un presunto detrimento patrimonial por cerca de 1.500 millones de pesos, por fallas y retrasos en trabajos de infraestructura. Si la corrupción es el gran mal del país y ha atrasado a Colombia de manera vergonzosa e imperdonable, en La Guajira resulta particularmente doloroso lo que ha dejado a su paso: hambre, desesperanza, rezago. Y habrá que seguir contando lo que ha sucedido allí, en la punta del país, a ver si de escándalo en escándalo abusar de ese pueblo deja de ser una costumbre.

Esta semana fue la Contraloría General, pero antes fueron los reporteros valientes, el ICBF, el Ministerio de Educación y la Procuraduría General las instituciones que se lanzaron a revelar los desmanes de políticos enquistados en el gobierno de la región. Cada vez que aparece el nombre del departamento en alguna primera plana, cada vez que se escribe ‘La Guajira’ en alguno de los buscadores de internet, se cuenta una historia que indigna, y no puede ser que –con la lupa de los medios y de los funcionarios del Gobierno puesta sobre este lugar– todo se quede en relato de infortunios, como si no se estuviera revelando el horror que está sucediendo en este preciso momento.

Quizás la única noticia esperanzadora, aparte de la creciente atención que se le ha estado prestando a un departamento que ha sido reducido a paraje exótico por la desidia de la sociedad colombiana, es un contundente concepto del Consejo de Estado que busca garantizarles la comida a los niños guajiros, que este año no más han visto morir a otros 41 por enfermedades relacionadas con la desnutrición. Como consecuencia de aquel concepto, el gobernador encargado, Jorge Enrique Vélez, no tiene que pedir autorización a la Asamblea Departamental para contratar a quienes se encargarán de que no se siga perdiendo el dinero para las raciones de los niños.

Dicen los alcaldes, en carta enviada al gobernador Vélez, que no es cierto que haya desgreño administrativo en los municipios del departamento. Sea como sea, por obra de quien sea, que revelarlo será labor de las autoridades competentes, lo cierto es que la corrupción se ha estado devorando a La Guajira y no hay que detenerse en la denuncia de lo que ha sucedido allá con el dinero público y con los bienes de todos, como si una denuncia bastara para frenar a los corruptos, que ellos sí que no descansan.

editorial@eltiempo.com

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