Ejército, ejercito, ejercitó / En defensa del idioma

Ejército, ejercito, ejercitó / En defensa del idioma

Ninguna de estas palabras es incorrecta. Su corrección o incorrección dependen del contexto.

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28 de julio 2016 , 07:12 p.m.

Un periodista de gran reconocimiento nacional y presentador de un noticiero de televisión recordaba conmigo los años en que él se formaba en la Facultad de Comunicación. Citaba, sobre todo, las clases de redacción de prensa, cuando empezaba a entender la relevancia de escribir, no bien, sino con perfección. La anécdota que jamás olvidará se deriva de la clase de noticia, cuyo examen final consistía en entregar un texto periodístico impreso y fruto de una investigación original y propia.

Entonces, por esos días en que yo lucía un poco más de cabello y él, un pelo polícromo, me entregó el día del examen final una hoja con un titular que decía: “Incendio en el centro comercial XXXX: Perdidas por 120 millones de pesos”. Al leerlo, me ajusté a la precisión, que es una norma en el periodismo auténtico: nada de ambigüedades; esta es una demanda ineludible en un profesional de este campo. Así, esa noticia anunciaba que algunas mujeres (las “perdidas”) quizás se habían extraviado buscando esos 120 millones de pesos. El olvido de la tilde distorsionaba, no solo una palabra, sino todo un hecho. La situación era imperdonable: este potencial periodista le había mentido al público (por su puesto, sin intención), porque omitió una pequeña línea inclinada sobre una letra.

“Profe, usted sabe qué quise anunciar”, dijo después de calificado el examen. Sí: yo sabía que quiso decir, pero él no lo dijo. Y en el periodismo (así como en la vida) no bastan las aproximaciones: las palabras y su disposición deben corresponder a la idea que se desea transmitir. Uno presiente que un cirujano no desea olvidar el bisturí dentro del tórax de un paciente, pero si llega a olvidarlo… En eso también consiste el profesionalismo.

Por eso y para enlazar esa experiencia con el tema que nos ocupa, prestemos atención a las tres palabras que conforman el título de este texto, notaremos que la escritura de cada una es distinta. Aparte de la letra mayúscula inicial, que es obvia, las otras diferencias apenas se señalan con dos líneas oblicuas de pocos milímetros de extensión, llamadas tildes. Solo como entrenamiento, intente cada quien digitar esos vocablos en el monitor de su computador para probar que debajo de estos no aparece la línea roja sinusoidal que indica error. El motivo: ninguna de estas palabras es incorrecta por sí sola. Su corrección o incorrección dependen del contexto.

Al leer, acentuemos, contando de atrás hacia adelante, en la tercera, segunda y primera sílabas de cada palabra, respectivamente (las tildes ayudan): “El ejército enemigo sigue patrullando los campos”, “me ejercito todos los días con la lectura”, “Carlos se ejercitó en la academia de artes marciales”. Así, pregúntense si muchas veces cuesta desentrañar un mensaje de texto del cual a alguna palabra le falta una tilde o la lleva marcada en el lugar equivocado. Omitir las tildes o situarlas con error sobre cualquier letra causa una distorsión en el mensaje.

Las letras también son las representaciones sonoras del lenguaje oral. Por supuesto, no dudo (¿será que sí?) de que los lectores reconocen cada uno de estos símbolos y de que a cada uno le asignan un sonido determinado, que puede cambiar según la combinación con otra letra. Tan claro es ese proceder, que inclusive pronunciamos sin error términos completos a pesar de ignorar su significado; por ejemplo, muchas personas desconocen qué es “prosaico”, “conspicuo”, “augusto”, “plenipotenciario”, “chozno”, pero con un poco de cuidado sabrán pronunciarlos.

Las palabras son, por tanto, como las notas musicales. Un intérprete entrenado sabrá reproducir con mucha certeza la partitura de una melodía que solo ahora descubre, porque sabe leer música. Algo muy parecido sucede con un lector habitual: sabrá interpretar el mensaje que entrañan las letras; es decir, entonará con precisión el ritmo de las palabras. Y las tildes, damas y caballeros, conforman también ese proceso de sonorizar las letras.

Junto con esas tres palabras iniciales que hemos tomado como modelo, aparecen otras tantas: “hábito, habito, habitó; continuo continúo, continuó; médico, medico, medicó; náufrago, naufrago, naufragó; vario, varío, varió; etc. ¿Comprendido?

Cambiando de tema otra vez, también recordamos con ese famoso periodista cuánto aprendió en esa clase de noticia para prensa, por supuesto repitiendo la materia.

Con vuestro permiso.

JAIRO VALDERRAMA V.
Facultad de Comunicación
jairo.valderrama@unisabna.edu.co

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