Baños mixtos y otros desvelos

Baños mixtos y otros desvelos

Si no hay, ni ha habido nunca, una ley que los prohíba, ¿cuál es el problema con los baños mixtos?

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28 de julio 2016 , 04:15 p.m.

¿Podrá haber en el mundo de hoy un asunto más importante, trascendente, sustancial, sustantivo, y filosóficamente revolucionario, que el establecimiento de los baños mixtos, o neutros, como factor axial en la lucha contra la discriminación y la exclusión, anunciados con solemnidad por el señor rector del Externado? Parece que no, dada la gran cantidad de tinta y verbo que la iniciativa ha hecho correr en la prensa escrita y hablada, con extensión a una agria polémica entre una diputada de Santander y los defensores de los derechos LGBTI.

Otros desvelos humanos no merecen tanta suerte mediática como ese de los baños mixtos. No son tan importantes, cuando no se ve que despierten el mismo entusiasmo de las comentaristas y los comentaristas, ni la preocupación de eminencias como el rector del Externado por contribuir a su solución. Ni se diga del escaso afán del Estado (entendiéndolo como el representante jurídico de la comunidad nacional) por dar cumplimiento a la deuda social, que se acumula y se acumula.

¿Qué importancia pueden tener los niños que están muriendo de hambre y desnutrición en La Guajira? ¿Por qué han de quejarse las mujeres que son víctimas de una de las peores olas de violencia y discriminación de los últimos 30 años? ¿Qué interés pueden suscitarnos los miles de jóvenes de los tres sexos que viven en una angustia mortal porque, después de esfuerzos colosales de sus padres y de ellos mismos por obtener un título, deambulan por las ciudades pasando hojas de vida, sin encontrar trabajo? ¿Y la no menos terrible angustia de los padres de familia, cientos de miles de ellos, que gracias a la sana política de recortes y austeridad del neoliberalismo se quedaron sin trabajo y sin cómo atender la subsistencia de los suyos? ¿Y el asesinato de la reserva ecológica Thomas van der Hammen, a la que le van a clavar tres puñaladas, o peor, tres avenidas mega plus, y varias urbanizaciones estilo Mazuera, pues según lo reitera el alcalde visionario, esa reserva son “unos potreros llenos de vacas, y sin árboles”? En consecuencia, de acuerdo con la ilógica lógica peñalosista, no hay que sembrarle árboles, sino edificios y avenidas. No hay que hacer allí un gran parque ecológico, sino un gran negocio urbanizador.

¿Cómo explicarles a los jóvenes la necesidad de luchar por su país, si encuentran que las clases dirigentes de su país les han cerrado los caminos y las oportunidades? ¿A qué preocuparnos por la corrupción que nos devora?

Esos y otros fastidiosos problemas que le ganaron a Colombia el título envidiable de “país más desigualitario del mundo”, donde la pobreza es la reina, y la miseria la princesa, nos desvelan a unos pocos, pero no le quitan el sueño a casi nadie. ¿Por qué habrían de quitárselo, si ya está la solución a nuestro alcance? ¡Los baños mixtos!

Uno, de ingenuo, se pregunta ¿cuál es el problema con los baños mixtos? No hay, ni ha habido nunca, una ley que los prohíba. La utilización de baños públicos exclusivos para mujeres o para hombres es una costumbre inmemorial, basada en concepciones moralistas, higiénicas y económicas, no en disposiciones legales. El que quiera añadir en su establecimiento público un baño mixto a los de mujeres y varones no enfrenta ningún impedimento legal para hacerlo. Tan no lo enfrenta, que el rector del Externado ha puesto al servicio en su universidad unos baños mixtos. Aplaudo esa medida, aunque no entiendo en qué contribuye a la lucha contra la discriminación y la exclusión, y me refiero a todo tipo de discriminaciones y a todo tipo de exclusiones. Por lo general, las personas entran a un baño público con el propósito de orinar, y no es tan importante que el baño sea mixto o unisex, como que esté bien aseado, funcionen al pelo las cisternas y los lavamanos, y que haya siempre disponibles jabón, toallas de papel o secadores de aire, y papel higiénico.

Quizá los baños mixtos puedan jugar un papel crucial en el posconflicto (ya los periódicos nos dirán cuáles son los 10 puntos claves en el uso del baño mixto). En cualquier caso, no serán indispensables antes de que resolvamos tanta miseria social como hoy nos agobia.

Enrique Santos Molano

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