'Empresarios podrían ayudar en el posconflicto': Iñaki Elicegui

'Empresarios podrían ayudar en el posconflicto': Iñaki Elicegui

El empresario cuenta cuál es su propuesta económica para los territorios afectados por la guerra.

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27 de julio 2016 , 10:06 p.m.

Iñaki Elicegui, responsable internacional de la Corporación Mondragón, compartió con empresarios colombianos la experiencia exitosa de esta compañía con un modelo cooperativo en la posguerra española e irlandesa, como alternativa económica en las zonas impactadas por la guerra. El empresario vasco de este grupo, que ha generado 74.000 empleos con 260 empresas en las áreas de finanzas, distribución, industria y centros de investigación en todo el mundo, aclara que ese modelo “puede ser un ejemplo, pero no una receta”.

¿Qué hizo Mondragón en la posguerra española?

Nacemos en 1941, después de la guerra civil, cuando llega un sacerdote a Mondragón, pueblo destruido en el norte de España –un caso parecido en muchas zonas de Colombia–, que tenía entonces 8.500 habitantes y que estaba en el bando perdedor republicano y sometido a la dictadura. Él piensa que hay que capacitar a los jóvenes porque son los que le pueden dar vuelta a esa situación y crea una escuela similar al Sena de aquí.

Al cabo de algunos años se crea la primera empresa: una cooperativa que produce estufas. Y a partir de ahí surgen más cooperativas y la situación empieza a cambiar. El modelo se basa en impulsar el desarrollo económico, pero buscando la distribución más justa de la riqueza, pues uno de los orígenes de la guerra es la desigualdad.

¿En qué consiste ese modelo cooperativo?

Está inspirado en temas como la organización democrática –el voto del presidente tiene el mismo valor que el de cualquier otro trabajador– o la soberanía del trabajo que permite transformar la sociedad y el carácter instrumental del capital, imprescindible, pero no lo más importante. La solidaridad retributiva también es básica: el director general no puede cobrar seis veces más que la persona que menos cobre.

¿Funcionó en el País Vasco?

Hay cifras del producto interno bruto (PIB) en distintas regiones donde tenemos presencia en las que se ve que, a pesar de la crisis económica, todavía el PIB es superior a la media. Ese reparto equitativo de la riqueza ha permitido restar argumentos a la violencia. Mondragón ha sido muy incómodo para la violencia de Eta. En el momento en que hemos sido capaces de generar riqueza y de repartirla, fue más difícil que una persona optara por movimientos terroristas. Es difícil que una persona que tiene la alternativa de ir a la playa el domingo decida ir a la lucha patriótica.

¿Cómo lograron eso?

Se trata de una historia privada sin impulso público, esto no ha sido algo apoyado por el gobierno. Muchas veces en Colombia se habla del vacío institucional. Bueno, en la posguerra no había vacío institucional porque hablamos de una dictadura, pero el Estado no apoyaba esto.

¿Qué se podría reproducir en las zonas marginadas por el conflicto colombiano?

Tenemos que hablar de un programa con tres dimensiones: una económica-laboral, una política y otra social y psicológica para mitigar el dolor, con un proyecto autosostenible para cubrir las necesidades básicas de las personas, dotarlas de infraestructura y formarlas para que le den vuelta a la situación. El modelo tiene que ser de abajo a arriba para tratar de dar soluciones.

¿Como cuáles?

Ayudarle a la población mediante capacitación y aplicarles a sus proyectos aceleradores para que crezcan rápido y con éxito. Y proyectos comunitarios, que permiten que la sociedad se cure, por decirlo así, o proyectos económicos que generen trabajo.

¿Qué pasó en Irlanda del Norte con esos proyectos?

Allí hemos intentado ayudar al crecimiento de los proyectos económicos: pasar de 8 personas, a generar un proyecto de 60. También tuvimos proyectos comunitarios con jóvenes sin perspectiva de futuro, con problemas de alcoholismo, drogadicción y violencia. Para poder atender a este tipo de personas no vale solo que generemos riqueza. Hay que dar soluciones si queremos que la sociedad avance.

¿Cómo aplicar ese cooperativismo en nuestro posconflicto?

En el ámbito de la agricultura puede ser fantástico. Distintas personas pueden buscar esa cooperación para ellas, sus familias y vecinos. Creo que sería perfectamente válido que los empresarios tengan acuerdos con esas cooperativas de excombatientes de todos los colores, víctimas y población en general. En nuestras 103 cooperativas tenemos acuerdos con multinacionales tipo Siemens. Claro, con una relación win-win, los dos ganamos y aportamos valor al otro.

Las Farc proponen un modelo cooperativo para desarrollar proyectos agroindustriales en su reincorporación y el Gobierno está abierto a impulsarlo, ¿cómo sería en la práctica?

Es una oportunidad fabulosa. Colombia tiene una característica que no tiene casi ningún otro país en el mundo: la capacidad de programar las cosechas durante los 12 meses del año, lo que permitiría aprovechar oportunidades cuando haya escasez de productos en el mercado. No nos olvidemos de que importan productos cuando su geografía y clima son especiales, no solo para que sean autosuficientes, sino, también, grandes exportadores.

Me haría mucha ilusión que generaran proyectos cooperativos porque creo en el modelo, pero no me cierro, lo que interesa es que los desarrollen. Una de las claves es establecer un modelo en el que la gobernanza de la cooperativa sea importante, asegurando que lo que se desarrolle sea algo sostenible y controlado, con seguridad de que lo invertido no se va a perder. Esos modelos de gobernanza existen y se pueden aplicar sin dificultad. Además, ustedes tienen conocimientos a través de instituciones en el tema agrícola.

Hay que ayudar y formar a los que se reincorporen porque ellos no saben de proyectos ni de tierras. Pero es importante que entiendan la cooperación. Vienen de modelos jerárquicos, algo imprescindible per se en la guerrilla, entonces tenemos que pensar en algo para que sean capaces de trabajar en igualdad, una igualdad ordenada.

Hay cooperativas muy competentes, que existen hace años y con éxito, como Colanta. Bueno, por qué no tratamos de organizar algo así. En España, el cooperativismo agrario es muy fuerte y tenemos experiencias importantes con lo que podemos ayudarles. Creo que es un modelo que puede servir.

¿Cuáles serían los mayores inconvenientes del empresariado para vincularse en este tipo de iniciativas?

El principal problema es el capital. En el modelo cooperativo la diferencia está en que el capital es de los trabajadores. Creemos que debe haber cierta igualdad retributiva y hablamos de la diferencia salarial del 1 al 6. En el caso de Colombia, me contaba un empresario, estamos hablando del 1 al 60 en una empresa mediana, y hablamos de 1 a 100 si es una grande. Es un aspecto difícil. Hay empresas que planteaban otra dificultad: se aproxima un acuerdo con las Farc, pero siguen el Eln y las bandas. Eso va a ser un problema para el modelo que proponemos.

¿Cómo fortalecer la confianza con los excombatientes en el modelo cooperativo?

Sería un error crear cooperativas solo de guerrilleros. No tendría ningún futuro. Lo bonito sería que participaran exguerrilleros, exmilitares y personas de la sociedad, como desplazados. Tiene que haber una parte de formación, ni siquiera en gestión, sino en cómo relacionarse entre sí.

¿Qué les diría a los empresarios respecto del plebiscito que se votaría después del acuerdo final?

Un miembro de las negociaciones en Irlanda decía que la paz es el oxígeno de los negocios, y así lo creo. Un proceso de paz en el que la parte empresarial no se implique tiene poco futuro porque tiene que haber una reubicación de las personas y un desarrollo económico más equitativo. En EL TIEMPO, el presidente César Gaviria decía que es mejor un mal acuerdo a una buena guerra, y pienso lo mismo.

¿Y para la época del posacuerdo?

También un compañero irlandés decía que la negociación empieza realmente cuando se firma el acuerdo, ahí se empieza a trabajar. En ese sentido, en el posacuerdo los empresarios tienen mucho que decir. Aquí seguramente se generarán organizaciones, agencias e instituciones para el posconflicto y sería interesantísimo que los empresarios participaran aportando su visión y conocimiento, sus necesidades y problemas, y lógicamente, también que se implicaran en las soluciones. No podemos dejarlos afuera.

¿Qué le dijo Gonzalo Restrepo, negociador del Gobierno en La Habana, en el encuentro que sostuvieron? ¿El empresariado está dividido frente a los diálogos?

Él veía que podía haber diferencias. También es cierto que en el evento que tuvimos con empresarios en Medellín y Bogotá no hubo ninguna voz discordante. Intuyo que estaban a favor del proceso de paz y de cara al plebiscito. Una mujer me dejó una imagen fantástica. Decía que en su empresa estuvieron hablando de la posible participación de exguerrilleros como trabajadores. Varios miembros de la junta de administración se oponían a ello porque decían “yo he sido amenazado, mis hijos han sido secuestrados, me niego rotundamente”. Con el tiempo, decía ella, dos miembros han expresado públicamente que ya no piensan lo mismo y me parece una idea magnífica. Hay un tercero que le dijo: “No lo veo del todo claro, pero te apoyo y vamos a salir adelante”. Creo que es una experiencia muy interesante.

¿El mejor negocio que pueden hacer los empresarios es apoyar los acuerdos de paz?

A los empresarios nos suele gustar el pragmatismo, lo concreto y lo numérico. Hay un dato evidente: el PIB colombiano subirá. Los recursos que no van a utilizarse en el conflicto los podrán utilizar para otros fines que les va a permitir desarrollo y ser mucho más competitivos a nivel mundial, como infraestructura y educación. Desde este punto de vista, diría egoísta, es clarísimo.

En lo humano, es importante la responsabilidad de dejar a nuestros hijos una situación mejor a la que hemos encontrado. Desgraciadamente, muchos colombianos se han encontrado con la violencia. Creo que tenemos la responsabilidad de que las próximas generaciones no vivan la misma situación.

¿Los empresarios también deberían vincularse a una campaña en el plebiscito?

¿Los agentes sociales deben implicarse en el plebiscito? Creo que sí. ¿Los empresarios son agentes sociales? Sí. La respuesta es sí.

Una crítica al proceso es que se está negociando el modelo económico con la guerrilla, por uno ‘castrochavista’, ¿qué opinión tiene de esto?

En Mondragón de ‘castrochavistas’ no tenemos nada de nada. Lo que se tiene que distribuir es la riqueza, no la pobreza y para eso hay que generar riqueza. El modelo me sorprende que se pueda discutir.

En las regiones afectadas tendrá que haber subsidios por un tiempo, ¿cuánto sería lo prudente?

El modelo que pensamos que podría servir para Colombia no es asistencial, sino promocional. Al principio tendrá que ser asistencial, para ayudar a las personas, pero por un tiempo limitado y controlado. Tenemos que generar líderes y emprendedores, no personas que se acostumbren a vivir del otro, porque, entonces, habremos transformado un problema en otro.

JUAN CAMILO PEDRAZA
Redacción Paz

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