'Cada película es un pequeño milagro'

'Cada película es un pequeño milagro'

La directora española Icíar Bollaín habla de 'El olivo', su nuevo filme.

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27 de julio 2016 , 05:40 p.m.

“A mí me ha sorprendido el alcance de la película, lo profundo que ha tocado a mucha gente y el hecho de que te deje con tantas sensaciones. Eso es algo que buscas como cineasta, pero que no esperaba lograr de este modo”.

Icíar Bollaín, directora, guionista y actriz, explica en entrevista telefónica la génesis de su más reciente producción, 'El olivo', que se estrena este jueves en Colombia.

Acompaña sus respuestas con los sorbos de un té que alivia el frío que azota a Edimburgo, en Escocia, donde vive desde hace cuatro años. “Tengo muchas ganas de irme al verano español. Esto es un otoño todo el año”, cuenta.

'El olivo' es su sexto largometraje como realizadora, en una carrera que empezó en la actuación, profesión que alternó con la dirección y la escritura hasta el 2009, pero que abandonó para enfocarse en llevar la batuta. El oficio de dirigir le ha dejado, entre otras satisfacciones, un premio Goya.

“Tampoco me resulta tan fácil encontrar papeles para mujeres de mi edad (49 años)”, bromea la madrileña. “Los actores son el motor de mis películas. Por eso les dedico mucha atención y tiempo. La mitad de mi trabajo está en el reparto”.

El relato de su nuevo filme se fundamenta en la relación entre el abuelo Ramón y su nieta Alma. El hombre cesó de hablar el día que sus hijos decidieron vender a una corporación el olivo milenario que estaba plantado en el solar. Ella tenía 8 años. Ahora, cuando acaba de cumplir 20, el viejo ha dejado también de comer.

A la chica, que se pierde entre sus labores en una granja de pollos y la rumba desenfrenada, se le ocurre una idea descabellada en la que involucra a su desvencijada familia y de la que se enteran los habitantes de la pequeña población de Canet (en la provincia española de Castrillón): ir hasta Alemania, donde ha sido trasplantado el árbol, y traerlo de regreso a la huerta familiar.

“La búsqueda del olivo es para Alma pasar la página, dejar atrás la infancia que le cortaron de cuajo cuando cortaron el olivo, y superar los momentos de ahí para atrás, que seguro fueron los más felices de su vida al lado de su abuelo.

Tiene que hacer las paces con su padre (a quien no le habla desde la venta del árbol), con su entorno, con ella misma”, explica Bollaín.

La génesis del filme es muy española. Lo curioso es que provino del esposo de la directora, el renombrado guionista escocés Paul Laverty, coequipero de Ken Loach y ganador de la Palma de Oro en Cannes del 2002, con Sweet Sixteen.

“Él vio la noticia de que estaban arrancando los olivos milenarios, de unos 2.000 años, concretamente en la zona de Castrillón, para venderlos. Fue su mirada algo horrorizada la que planteó el relato: ‘Esos árboles son parte del patrimonio del país, algo que fácilmente pudieron haber plantado durante el Imperio Romano y los están convirtiendo en objetos de lujo, en un negocio’. Me propuso crear una historia familiar a partir de uno de ellos, una idea potente y cargada de metáforas”.

Un árbol, un reto

Los primeros pasos de Bollaín en el cine fueron de la mano del realizador Víctor Erice en 1983, protagonizando 'El sur'. Su nombre figura en una treintena de películas y seriados, siendo 'Rabia', de Sebastián Cordero, su última aparición en la gran pantalla.

Con Laverty se conoció en un set y han compartido dos historias ante las cámaras: También la lluvia y ahora 'El olivo'.

Con su esposo “hay un trabajo de confianza: mía en él, por la forma como plantea la historia, y viceversa, cuando yo la ejecuto”.

“Teníamos ganas de volver a trabajar juntos (…). Y yo quería rodar en España de nuevo, porque las dos anteriores películas que produje fueron en Nepal ('Katmandú, un espejo en el cielo', 2011) y en Bolivia ('También la lluvia', 2010)”, confiesa la directora cuya filmografía incluye 'Te doy mis ojos' (2003), 'Flores de otro mundo '(1999) y 'Mataharis' (2007).

A la par de dos nuevos guiones, la realizadora acompaña la promoción de El olivo en Alemania, Bélgica y Suiza.

“Cada película que logras financiar es un pequeño milagro (…). Hay algo bonito que vi en este guion, que es cero intelectual y que no tiene que ver con el activismo ecológico; es algo más de tripas, de piel. Alma ha crecido en ese árbol, así que más allá de la idea de cuidar los árboles, hay un sentimiento. Yo quiero cuidar el olivo porque es donde jugaba casitas y era la vida de su abuelo”, concluye.

SOFÍA GÓMEZ G.
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

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