A veces, la fiebre sí está en el termómetro

A veces, la fiebre sí está en el termómetro

Me parece una pendejada convertir la evaluación en la llave maestra de la pedagogía.

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27 de julio 2016 , 03:53 p.m.

Evaluar o no evaluar, he ahí el dilema. Me parece una pendejada convertir la evaluación en la llave maestra de la pedagogía; y considero una manera sofisticada de eternizar la inequidad el asignar recursos y cupos, que deberían ser derechos, mediante resultados en pruebas estandarizadas y sin enfoque diferencial. Pero también estoy convencido de que valorar frecuentemente el aprendizaje es una buena herramienta para mejorarlo, y que es bueno premiar el mérito e identificar grupos desaventajados, lo cual en educación pasa por el uso de herramientas científicas para precisar quién va bien o mal en los procesos. Como todo: ni tanto que queme al santo, ni tan poquito…

Singapur y Shanghái lideran actualmente las pruebas Pisa. Tras años oyendo las razones para ese resultado, hace unos días leí un artículo de Michael Apple, un sociólogo de la educación norteamericano, en el que explica que los migrantes de China, India y Filipinas son excluidos de las pruebas en Singapur, y en Shanghái los hijos de los obreros que vienen de zonas rurales tampoco las presentan.

Algunos colegios de élite de Bogotá eliminan a los estudiantes con dificultades antecitos de presentar las pruebas Saber 11, con el ánimo de no desaparecer del ‘top ten’ del prestigio. Pero no es algo excepcional. Cuando se hace una corrección de los resultados en Saber 11 por la variable de inclusión en la matrícula, muchos colegios públicos y privados de sectores populares “destacados” en la ciudad pasan a posiciones intermedias.

Debería ser obvio que una buena educación es la que logra ofrecerle una vida satisfactoria a todos los chicos de un grupo, y en especial a los que tienen problemas, pero la medición entendida como en las competencias deportivas, para que alguno gane y todos los demás pierdan, lleva al absurdo.

Incluso las escuelas que quieren ayudar a los desaventajados pueden caer en errores. Hace poco visité una escuela rural muy alejada que mejoró bastante en el último año en secundaria y poco en primaria. La explicación es que lo estaban haciendo tan bien en primaria que el margen de mejoramiento potencial para los primeros grados se redujo (ya hicieron la tarea), mientras en secundaria están cosechando los frutos del trabajo previo (los chicos de los grados intermedios mejoran el promedio dado que vienen bien desde abajo). Pero al autoevaluarse decidieron hacer cambios en la primaria. La razón: esta escuela no logró este año el aumento de ingresos para el colegio, el rector y los docentes, porque su mejoramiento en el Índice Sintético de Calidad del Ministerio de Educación fue leve (sobre todo en tercero y quinto). Y en las ciudades, los colegios que por un valioso principio ético reciben a los estudiantes con problemas, terminan castigados. De ese modo, el incentivo está logrando cambios para mal.

Me contaba un experto que el problema lo explica la ley de Campbell, un principio metodológico que más o menos dice que si uno usa las mediciones para tomar decisiones de asignación de recursos, termina por garantizar un mal uso de las mediciones, pues vuelve irresistibles los motivos para dejar de hacer lo debido y comenzar a ver en las pruebas un fin y no un medio (y frecuentemente para justificar acciones antiéticas).

¿Es cosa de ‘ajustar’ el incentivo? No, porque cualquier modelo matemático que confíe exageradamente en generar conductas deseables y haga depender demasiadas decisiones (como el prestigio institucional o el ingreso docente) de un par de variables, también generará conductas indeseables. Es cosa de entender que a los seres humanos nos mueven motivaciones complejas, mezcla razonable de altruismo e interés propio, y comenzar a usar la evaluación para mejores fines que incentivar la competencia basada en ideas egoístas mal llamadas racionales.

Reconozco que llegar a esa conclusión me tomó tiempo. Se me puede señalar por haber utilizado clasificaciones para tomar decisiones técnicas que impactaron a colegios enteros o a toda una ciudad. Lo hice, y espero haber acertado. Traté de ser cauteloso, pues hace tiempo concluí que todos los modelos matemáticos son ideológicos, que para medir algo hay que incluir todas las dimensiones relevantes, tras una reflexión ética profunda concertada con las comunidades, que la información debe ser corregida por las circunstancias de cada quien y que es mejor mezclar datos cualitativos y cuantitativos para acercarse a la realidad. No obstante, puede que haya confiado demasiado en los datos evaluativos en el pasado, y por eso he extremado la cautela en su uso y divulgación. Nos hace más difícil la vida a los poderosos, pero eleva la dignidad de las personas sometidas a nuestras valoraciones.

Óscar Sánchez
*Coordinador Nacional Educapaz
@OscarG_Sanchez

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