Los personajes anónimos en Bogotá que solucionan conflictos con arte

Los personajes anónimos en Bogotá que solucionan conflictos con arte

Con buenas acciones, estos ciudadanos ponen su granito de arena para una mejor convivencia.

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26 de julio 2016 , 09:45 p.m.

Unión y amistad a través de la música

Freddy Lafont es el director de la Corporación Cultural Antonia, un espacio en la calle 106 con carrera 8D (localidad de Usaquén) que emite notas musicales y es un ambiente de paz.

Según este cubano, quien trabaja desde hace varios años con niños y jóvenes de Bogotá, su labor les ha dado herramientas para llevar vidas en torno a la música y entender que, sin importar las diferencias de clases sociales, todos son iguales o que independientemente de donde provengan, su futuro puede ser mejor que el de sus antepasados.

Solo con la forma de acercarse a ellos, Lafont implementó un ambiente de paz: decidió enseñarles su arte con canciones de rap, ritmo que los jóvenes entonaban y conocían. Así inició sus clases de vocal play, que consisten en imitar los sonidos de instrumentos musicales con la boca.

En sus prácticas de vocal play, a las que asisten los niños de 11 a 17 años de edad, sus pupilos han tumbado las barreras imaginarias que se crean entre estratos. Este cubano sonríe y reconoce que le ha arrebatado niños a la delincuencia, pues varios provienen de ambientes en los que robar es el día a día y se convierten en el futuro de muchos.

Sus estudiantes solo se imaginan haciendo música por el resto de sus vidas.

El conductor que ayudó a un anciano

Mauricio Rojas, conductor del SITP, hacía su ruta desde Lijacá, donde uno de los pasajeros que era un señor de edad le pidió que le avisara cuando llegara al paradero de la calle 127.

Sin embargo, Rojas (43 años), concentrado en su labor, olvidó la petición del abuelo y lo llevó hasta la calle 119, donde detuvo el bus. Y para remediar el error, sin importarle el reglamento, se bajó con el adulto mayor y lo llevó de la mano al otro lado de la avenida para que tomara un bus que lo dejara en su lugar de destino.

Mauricio sacó dinero del bolsillo y mientras le pagaba el pasaje al otro conductor, le pedía que, por favor, llevara al abuelo hasta la 127. De regreso, el operador fue recibido por sus pasajeros con aplausos y halagos, al mismo tiempo que uno de ellos lo grababa con un celular. Hoy el video tiene más de 465 mil visitas y “es un ejemplo de tolerancia entre los conductores y los peatones en esta ciudad donde a nuestra labor la menosprecian por las malas acciones de otros”, dice Mauricio, quien sigue siendo un orgullo para su gremio, que le ha reconocido su solidaridad con honores y detalles.

‘Los cerros orientales para construir paz’

“Hay ciudades donde en sus playas no hay diferencias sociales pero en las que no tenemos, como en Bogotá, los cerros, ese lugar de encuentro donde todos somos iguales”. Esa es la visión que Andrés Plazas, presidente de la Asociación de Amigos de la Montaña tiene del futuro bogotano.

Ha sido testigo de las barreras invisibles y miedos a lo que es peligroso y no lo es en la ciudad. Un caso es la reacción que tienen algunos ciudadanos ante la visita de familias de sectores marginados a la quebrada La Vieja, en el barrio Rosales (Chapinero).

Un policía me decía que a la quebrada iba gente del sur que no tenía cultura y dañaban todo. Pero nosotros, los que vivimos en Rosales, éramos igualmente dañinos, solo que caminando los cerros aprendimos a respetarlos. Ellos también tienen el derecho a aprender de la montaña, porque muchos de esos barrios no tienen ni parques”, aclaró Plazas.

Es cuestión de escuchar sus historias para darle la razón. En Ciudad Bolívar existe un panorama cruel vivido por cientos de niños que no han salido de sus barrios durante años. “En un taller les dije que dibujaran a Colombia –contó Plazas–, y fue triste darse cuenta de que ven el país con casas, carros y violencia. Nada más, porque es lo que ven”. Mencionó que los pocos parques que tienen son inseguros o están deteriorados. “Ir al parque El Tunal es un premio de cada año”.

Por eso, él y sus vecinos de Rosales trabajan para que los cerros sean una red que una a los estratos sociales y puedan convivir sin barreras.

Flores para la conservación

Desde que Juan Caicedo y Stella Sáchica viven junto al parque El Virrey, en el norte de Bogotá, notaron que si bien este espacio goza de zonas verdes, no tiene tantas flores que pueden ser el hábitat apropiado de aves, mariposas y otros insectos que cumplen con el proceso de polinización. Por ello, desde su terraza, esta pareja de esposos construyó un jardín que, más allá de ser decorativo, “permite el aumento de la biodiversidad mediante pequeñas plantaciones de caléndula, salvia, diente de león y otras especies que las atraen”, dice Caicedo, quien además ha buscado replicar este modelo de jardinería en las viviendas de sus vecinos.

BOGOTÁ

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