'Es hora de darnos la oportunidad de la paz': Alfredo Solarte Lindo

'Es hora de darnos la oportunidad de la paz': Alfredo Solarte Lindo

Este padre, que perdió a su hija en el ataque El Nogal, invita a decir sí al proceso.

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26 de julio 2016 , 07:33 p.m.

Alfredo Solarte Lindo, autor de este artículo, ha sido un alto empleado del sistema financiero. El 7 de febrero del 2003, día del atentado de las Farc al Club El Nogal, su hija Luisa Fernanda Solarte Angulo se encontraba allí jugando squash. Murió en el acto. Ella tenía 31 años, era ingeniera industrial de la Universidad de los Andes, trabajaba en Panamco y acababa de llegar a Colombia, después de cursar una maestría en Estados Unidos. (Ver también: estos son los pasos que vienen para el plebiscito por la paz)

En 1983, Solarte Lindo, como cabeza del Banco Central Hipotecario, fue nombrado por el presidente Belisario Betancur alcalde para la reconstrucción de Popayán. Más tarde fue vicepresidente de la Corporación Andina de Fomento (CAF).

La idea de Alfredo, como se puede leer en el escrito, es apoyar el proceso de paz, una posición que tiene un inmenso valor en un país donde el odio parece ser parte de la vida diaria. Es un ejemplo real de solidaridad con el proceso, pese a que proviene de una víctima de algo difícil, muy difícil de asimilar: la muerte violenta de una hija.

Antonio Morales Riveira
Periodista

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Bienvenida a la paz

Un doble motivo me anima a escribir estas palabras de bienvenida a la paz: el sentir que desde que tengo uso de razón no he vivido en un país tranquilo y el formar parte de un enorme grupo de colombianos silenciosos que ha sufrido en carne propia el dolor impuesto por los grupos subversivos, al haberme arrebatado a mi hija en una de sus tantas acciones, a una edad en que a su juventud la acompañaban sus planes e ilusiones profesionales y familiares con el hogar que acababa de conformar.

Quiero expresar, aunque mi voz sea un simple grano de arena, que vale la pena que nos demos la oportunidad y miremos con optimismo el esfuerzo que se está haciendo desde hace más de tres años para tratar de lograr la paz, esa que ha estado ausente por tanto tiempo.

El momento de la reflexión

Pienso que es el momento de preguntarnos cuántas veces a lo largo de nuestra historia la rabia, ese estado que enloquece nuestro espíritu y nos lleva a tomar decisiones equivocadas, pudo haber causado enfrentamientos que llevaron a personas inocentes a convertirse en víctimas de actos inaceptables.

Preguntarnos, igualmente, qué pudo haber fallado para que los colombianos hayamos tenido que vivir por tantas décadas en medio de una violencia despiadada. (Lea: 'Usaremos este acuerdo para defender los derechos de las mujeres')

Recomiendo reflexionar sobre estos hechos y lo hago en especial a quienes en su momento no entendieron al presidente Juan Manuel Santos cuando dijo “guardo la rabia para buscar caminos productivos para la paz”, palabras que expresó frente a acciones lamentables y dolorosas ejecutadas por actores al margen de la ley que afectaron la tranquilidad y cambiaron para siempre la vida de un importante grupo de familias colombianas.

Es posible que cada persona tenga su propia respuesta a estos interrogantes, como lo puede ser el desprecio de unos por otros, la influencia de ideas nacionales o importadas no decantadas, el odio inculcado bajo banderas revolucionarias de izquierda o de derecha, el fanatismo de grupos o partidos políticos, el egoísmo personalista de algunos líderes sociales o políticos, las presiones internas o externas con sus intereses particulares, entre otras.

Pero será la historia, único juez de los actos de quienes han tenido el privilegio y la responsabilidad de comandar y decidir por nosotros, la que señale si estos actuaron como verdaderos líderes, con grandeza, con inteligencia, con serenidad, con humildad, con creatividad y con el valor suficiente para oponerse a fuerzas destructoras que en muchas ocasiones terminaron imponiendo su ley.

No quiero para los hijos de mi hijo ni para los hijos de los hijos de mi hijo una patria y un dolor como el que hemos padecido en nuestra familia.

Sueño con una Colombia en paz, en la que los intereses generales primen sobre los intereses personales, en donde el egocentrismo se destierre. Sé que no es con la firma de un acuerdo de paz que esta se consigue, pero sí creo que su firma podría ser el comienzo de un camino largo y difícil que, con el compromiso serio de quienes lo suscriban y de los colombianos que le demos el sí cuando se nos convoque para ello, podría hacer realidad lo que ha sido desde hace mucho tiempo un anhelo general.

Creer en nosotros mismos

Saludo con esperanza y optimismo la llegada de la paz y acompaño este saludo con una invitación a no mirar atrás, a cerrar los ciclos de odio y venganza, a no hacer juicios de responsabilidad, a no esculcar en el fondo de los hechos para tratar de señalar culpables.

Dejemos que como seres humanos ejerzamos en nuestra intimidad el derecho de ser nuestros propios jueces. No más odio y permitamos que las palabras perdón y olvido se apliquen según el sentir de cada persona. Logremos en conjunto y con un abrazo fraternal el resultado esperado por todos, tengamos fe en el proceso y creamos en sus distintos actores y en nosotros mismos.

Saldremos adelante para que las siguientes generaciones puedan disfrutar de un país diferente, que aproveche su enorme potencial y lo positivo que nos ofrece. No desperdiciemos más el tiempo, que es tan valioso.

ALFREDO SOLARTE LINDO
Especial para EL TIEMPO

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