¡Cuidado con las motos!

¡Cuidado con las motos!

Es bienvenida la iniciativa para avanzar en un plan de seguridad vial del motociclista.

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26 de julio 2016 , 05:57 p.m.

El uso de la moto en Bogotá crece al mismo tiempo que los siniestros de tráfico. Según la encuesta de movilidad 2015, en la ciudad se hacen cerca de 700.000 viajes diarios en moto, un poco más del 5 % del total. El uso ha crecido un 15 % anual desde 2011. De acuerdo con estadísticas de la Secretaría de Movilidad, una cuarta parte de los incidentes de tráfico involucran motocicletas. En 2015, estos hechos dejaron 4.116 motociclistas heridos y 131 fallecidos (en 2011 fueron 4.021 lesionados y 126 muertos). Las motos son un asunto de movilidad, pero también un tema de salud pública. Por eso es muy bienvenida la iniciativa de la Secretaría de Movilidad de Bogotá, con apoyo de la CAF-Banco de Desarrollo de América Latina, para avanzar en un Plan de Seguridad Vial de Motociclistas, con participación de múltiples actores.

¿Qué hacer? El tema es bien complejo: el crecimiento del uso de la moto es el resultado de dinámicas económicas, laborales, de la propia movilidad y de cambios culturales. Hoy las motos son mucho más baratas y las personas tienen mayores ingresos y acceso a crédito. Las motos son percibidas como factor de progreso; están asociadas a valores como la valentía, el poder y la independencia. Al mismo tiempo, se mueven más rápido que el resto del tráfico y son fáciles de estacionar. Para muchos son también un elemento de trabajo. Tal como lo afirmó Gabriel Silva Luján en una columna del 2012, ‘Oda a las motos’: “La motocicleta es una solución real para los problemas de transporte de los trabajadores del campo y la ciudad”, y concluyó que “en ese vehículo de dos ruedas va cabalgando la esperanza de una Colombia más moderna y equitativa”.

Sin embargo, en ese artículo no se mencionaron los ‘jinetes’ muertos y heridos en incidentes de tráfico ni el impacto sobre sus familias. Ni el dolor de la desaparición ni las secuelas de las heridas e inhabilidades permanentes. Tampoco se habló sobre el hecho de que los incidentes de los motociclistas constituyen una trampa en la pobreza, cuando se pierde el sustento generado por la víctima o ella no puede mantener trabajos de mayor ingreso, por su condición de discapacidad. Los pilotos de moto tienen la doble condición de usuarios vulnerables, y en algunos casos son victimarios de terceros. De los 6.891 siniestros en los que estuvieron involucradas motos en 2015, 23 % fueron con peatones, y 5 %, con usuarios de bicicleta.

Los incidentes de tráfico en moto son resultado de la infraestructura que tenemos, de la forma como conducimos (tanto pilotos de motocicleta como conductores de carros, buses y camiones), de las reglas que hemos establecido y del control que se ejerce sobre los actores viales. Estos elementos fueron discutidos esta semana en el foro ‘Buenas prácticas para la seguridad vial del motociclista’, con múltiples expertos. El exdirector general de tráfico de España, Pere Navarro, nos invitó a no ver las motos como un problema, sino como una realidad que hay que gestionar. El director de la asociación de motociclistas de Buenos Aires, Jorge Rubiano, nos compartió su experiencia centrada en reducir las muertes, especialmente con el uso adecuado de buenos cascos, afirmando que “un peso en cascos representa 22 pesos de ahorro en salud”. Luciana Bernardi, de la Compañía de Ingeniería de Tráfico de São Paulo, nos mostró que las vías segregadas para motocicletas no funcionaron adecuadamente en esa ciudad y fueron suspendidas, a pesar de que existen experiencias positivas de motovías en Malasia y Taiwán. También nos indicó que en São Paulo sí funcionó la reducción de velocidad en las principales vías, especialmente, las zonas de 30 kilómetros por hora. Y Ana Ferrer, de España, nos insistió en la importancia de un buen proceso de expedición de licencias, con requisitos exigentes, examen práctico y control posterior. “De nada sirve quitar la licencia, si luego se puede comprar en cualquier parte”, dijo.

Esos expertos internacionales estuvieron acompañados de múltiples participantes de nuestro país: Codensa y su plan de gestión de sus operarios en motocicleta; Inducascos y su oferta y necesidades de certificación de calidad; el profesor de la Universidad de la Salle, Carlos Urzán, reveló los resultados de investigaciones que demuestran las dificultades de los motociclistas para cumplir las normas existentes (y la eventual necesidad de revisar el Código Nacional de Tránsito), y la investigadora Inés Celina Moncada, de la Policía Metropolitana, explicó los problemas de visibilidad de camiones y su incidencia en siniestros con motociclistas.

Estas experiencias serán útiles en la preparación del Plan de Seguridad Vial de Motociclistas (que se extiende a otros usuarios de la vía con respecto a los motociclistas). La multiplicidad de intervenciones en el foro y los estudios realizados al respecto reiteran la complejidad del tema. No se trata simplemente de hacer una campaña para que nos portemos mejor, usemos casco y respetemos las señales de tránsito. Por ser un asunto de suma importancia en la movilidad, y de gravedad en víctimas (4.300 al año y creciendo), el tratamiento debería ser mucho más profundo. Las medicinas del plan van desde desincentivos al uso indiscriminado de motos hasta modificaciones a la infraestructura, pasando por licenciamiento exigente; instrucción en la conducción (de verdad, no en el papel), campañas educativas para el uso de elementos de protección, especialmente el casco; educación de otros usuarios de la vía, y muy buen control policial (a todos los actores viales), entre otros. Hay buenos inicios en algunos de estos elementos, pero es claro que nos falta mucho más.

Temas polémicos como la asociación de las tarifas del seguro obligatorio de accidentes de tránsito, Soat, a los costos de la siniestralidad de motos; restricciones de circulación en ciertas vías y zonas de la ciudad; controles al estacionamiento de motos en espacio público (con un control de estacionamiento en vía para los carros); cobro por contaminación que generan las motos (y el resto de vehículos automotores); mayores requisitos y exámenes prácticos para la expedición de licencias; control estricto de velocidad y de uso de elementos de protección; entre otros, deben ser discutidos dentro del plan. Algunas cosas escapan al ámbito del Distrito y requieren trabajo con el Gobierno Nacional e incluso con el Congreso.

Así mismo, el Plan de Seguridad Vial de Motociclistas se enmarca en la iniciativa de ‘Visión Cero’, impulsada por la Administración Distrital, que reconoce que ninguna muerte es aceptable; que el cuerpo humano tiene limitaciones al impacto; que las personas tenemos muy mala percepción del riesgo de la velocidad, y que podemos cometer errores y no matarnos por ello. El cuidado de los motociclistas, así como la de otros usuarios vulnerables (peatones y ciclistas), es una responsabilidad de todos. Una de las claves está en menores límites de velocidad.


Darío Hidalgo
*Director de la Práctica de Transporte del Centro WRI Ross de Ciudades Sostenibles
@dhidalgo65

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