Antes de subirse al avión, dele una mirada a su salud

Antes de subirse al avión, dele una mirada a su salud

Algunas dolencias ameritan consultar por los riesgos que se disparan al volar. Experto lo explica.

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26 de julio 2016 , 05:42 p.m.

Sufrir a causa de una diarrea o una gripa en tierra no se compara, ni de lejos, con padecerla en la cabina de un avión, a miles de metros de altura, donde el cambio constante de presión puede jugar en contra del viajero.

Con esta frase, Yamil Diab Forero, médico cirujano especializado en medicina aeroespacial de la Universidad Nacional, describe la naturaleza de una disciplina que cada vez tiene mayor demanda.

“Mi especialidad tiene varios enfoques –explica Diab–. Uno está dedicado a gente que trabaja en el entorno aeronáutico, como tripulaciones, controladores aéreos y personal en tierra. El otro se concentra en la medicina del viajero, que impacta a toda la población que se monta en un avión o emprende travesías por otros medios, a toda clase de destinos”.

En entrevista, Yamil Diab habla sobre aquellos factores y condiciones que todo viajero debe tener en cuenta antes de subirse a un avión.

Esta fue la tranmisión en vivo de su entrevista

¿Es cierto que el ‘jet lag’, causado por largos vuelos, afecta las capacidades intelectuales?

Todos funcionamos con un ritmo circadiano que no negocia: cuando uno viaja al otro lado del mundo, y el ciclo biológico está en la fase de menor rendimiento, no es posible cambiarla a una más activa descansando unas horas. Y si justo en ese estado un ejecutivo, por ejemplo, tiene que discutir algo importante y tomar decisiones, tendrá que lidiar con el hecho de que su capacidad de análisis puede estar un poco mermada.

¿Hay algo que se pueda hacer para afrontar esos cambios horarios?

Cuando uno viaja a un destino lejano, usualmente necesita, para ajustarse al horario local, un día por cada hora de diferencia. Si nos vamos a un sitio con siete horas por encima de nuestro horario habitual, necesitaremos siete días para ajustar nuestro ritmo, y eso no se puede hacer porque los viajes tienden a ser cortos. Si la persona tiene actividades claves en el destino, lo que se hace es acelerar el ajuste días antes del vuelo, jugando con dos factores: la exposición a la luz y la prescripción de melatonina (hormona que induce el sueño) para ir corriendo el horario desde aquí.

¿Las personas que viajan a sitios distantes tan seguido sufren secuelas?

Pueden sufrir trastornos del ritmo circadiano, como el jet lag, una condición que también afecta a los trabajadores por turnos. A largo plazo pueden empezar a sufrir desajustes en sus ciclos de sueño, es decir que ya no van a conciliarlo tan fácilmente, y cuando lo logran suelen tener despertares durante la noche, que les impiden tener un descanso reparador.

Eso también tiene impactos...

Sí. Se afectan las funciones ejecutivas, la concentración, la memoria de trabajo, la capacidad de hacer actividades simultáneas y la velocidad de reacción ante un estímulo.

¿Cuáles son las afecciones más comunes entre tripulaciones aéreas?

La enfermedad más común en ellos son las gripas y los problemas respiratorios, porque están expuestos al contacto con muchas personas durante su jornada, en el ambiente cerrado, y seco, de una cabina; también, las complicaciones asociadas a los cambios de presión barométrica.

¿De qué se tratan?

Una persona agripada que se sube muy congestionada al avión se expone a barotraumas (traumatismos en el oído medio y sinusales); si son leves, pueden tratarse farmacológicamente, pero obligan al afectado a permanecer más tiempo en tierra; si son severos, como la ruptura del tímpano, pueden derivar en una cirugía y hasta en una hipuacusia permanente.

Todos los miembros de una tripulación deberían subirse sanos al avión…

Deberían estar en buenas condiciones y, a mi juicio, deberían ser valorados por médicos especializados en el entorno aeronáutico.

¿Y toda persona que viaja también debería consultar?

Un estudio de la Universidad Nacional encontró que menos del 10 por ciento de los colombianos que viajan consultan a su médico sobre la conveniencia de hacerlo, o cómo hacerlo, incluso si están afectados por alguna enfermedad, que puede complicarse en ese medio.

¿En qué casos tendría uno que consultar siempre antes de subirse a un avión?

La recomendación general es que toda persona que tenga una enfermedad crónica, como las cardiopulmonares, las asociadas a fenómenos trombóticos (como flebitis y enfermedad varicosa de miembros inferiores), tienen que consultar antes. También quienes han tenido cirugías recientemente.

¿Cuál es la razón?

El propósito es evitar que estas condiciones se compliquen debido a los cambios de presión que se experimentan en una cabina en vuelo; una consulta permite evaluar la condición de la persona y prepararla para que viaje.

¿Es cierto que a veces se impide a las personas enfermas volar?

Los riesgos de complicaciones en el aire llevaron a la expedición de una legislación clara, que por ejemplo permite al personal de las aerolíneas remitir a Sanidad Aeroportuaria a gente con yesos, material de osteosíntesis o que se vea muy pálida, descompensada o enferma. En esta instancia a veces deciden que la persona no puede volar.

Si piensa volar siempre tenga en cuenta...

Use ropa holgada y cómoda y prefiera zapatos planos o deportivos en lugar de tacones. Manténgase hidratado y no coma en exceso ni antes ni durante el vuelo.

Muévase mientras esté en el avión, sobre todo si el vuelo es largo y usted tiene factores de riesgo, como los males venosos. Haga estiramientos en su silla.

Si sus oídos se tapan en el ascenso o descenso, mastique chicle, bostece o pase saliva. Si no destapan, ensaye la maniobra de Valsalva: pince su nariz y con la boca cerrada herméticamente, exhale.

Si el bebé sufre dolor de oído por esta causa, y aún lacta, póngalo al pecho o dele biberón o chupo. La deglución ayuda a equilibrar presiones.

Si usted tiene problemas cardiopulmonares y respiratorios en tierra, tenga en cuenta que en el aire el problema puede exacerbarse. No lo dude, consulte con un especialista para que le indique qué hacer para prepararse.

Ojo con el síndrome de la clase turista

El problema de la trombosis venosa en los vuelos de larga duración fue descrito en 1954 por John Homans, un médico que desarrolló una trombosis venosa profunda después de un largo vuelo.

Posteriormente, en el año 1977, fue descrito por Symington y Stack como el “síndrome de la clase turista” debido a que los viajeros pasan largas horas en la misma posición y con las piernas dobladas.

Esto incrementa el riesgo de formación de trombos en las venas profundas de las extremidades (piernas y muslos), que al liberarse pueden viajar por el torrente sanguíneo hasta el pulmón y alojarse en una arteria. La embolia pulmonar, como se conoce a esta condición, suele ocurrir dentro de las primeras 72 horas después del vuelo e incluso manifestarse pasadas varias semanas.

Si tiene antecedentes de enfermedad venosa consulte siempre, para que su médico lo ayude a prepararse e incluso le prescripa medicamentos, en caso necesario.

Además, para reducir los riesgos al volar, use ropa holgada y medias de compresión graduada altas; elija un asiento en el pasillo que le permita pararse y caminar como máximo cada dos horas por la cabina para hacer estiramientos y ejercicios de contracción de los músculos (elevando los dedos del pie, como si fuera a caminar sobre los talones, y luego en puntillas), hidrátese todo el tiempo, no consuma alcohol y evite recurrir a somníferos o hipnóticos para dormir.

Fuente: con información de www.vacunasyviajes.es

SONIA PERILLA SANTAMARÍA

Subeditora de Vida

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