Juan M. Laserna, el hombre que sabía reírse de sí mismo

Juan M. Laserna, el hombre que sabía reírse de sí mismo

El exsenador falleció en un accidente de tránsito. El país exalta su bondad e inteligencia.

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25 de julio 2016 , 11:21 p.m.

De unos días para acá, Juan Mario Laserna había comenzado a llevar en la solapa de su chaqueta un pin con la imagen de El Principito. Cuándo le preguntaban cuál era el motivo, respondía que él a veces se sentía como el personaje de la obra de Antoine de Saint-Exupéry: solo en su propio planeta.

Así lo cuenta Marcela Prieto, la directora de Foros Semana, quien ayer no ocultó su tristeza al ver la oficina vacía del consejero editorial de la revista Dinero y cuya muerte, sucedida al mediodía del domingo en las goteras de Ibagué, generó múltiples expresiones de pesar. Todavía en la puerta de su despacho está el recorte de la caricatura según la cual “el diálogo está sobrevalorado. A veces lo único que hace es destapar más problemas”.

No hay duda de que en ambos casos están presentes el fino humor y la personalidad de Laserna, una persona que sabía reírse de sí mismo pero, a veces, se sentía extraño en una sociedad que le generaba sentimientos encontrados. “Era un niño en el sentido de la bondad, y esa característica no siempre funciona bien en Colombia”, señaló el exdirector de la Dian Juan Ricardo Ortega.

A pesar de ello, no perdía el entusiasmo. La última vez que lo vi, me contó que quería probar suerte en el sector privado, sin tener muy claras sus opciones. Quería reinventarse a los 48 años, y no tengo duda de que lo habría conseguido, pues aun dentro de su condición de ‘extraterrestre’, era el mismo personaje genial y adorable con que compartí momentos imborrables en lo laboral y lo personal. Tal como no tuvo temor al cuidar un tigrillo que una vez le llevaron y le dejó profundas cicatrices en las manos, habría sido capaz de domar cualquier reto.

Lo comprobó desde el comienzo. Cuando, con el fin de que sentara cabeza, su papá –el fundador de la Universidad de los Andes, Mario Laserna– lo envió a terminar el colegio en la prestigiosa Philips Academy en Massachusetts, demostró sus capacidades con rapidez: es el único colombiano que ocupa el cuadro de honor de los 100 mejores estudiantes de la institución desde que fue fundada en 1778.

Con ese antecedente acabó siendo aceptado en la Universidad de Yale, donde se graduó en 1990. Años después sus diplomas incluirían una especialización en los Andes, una maestría en administración de empresas en la Universidad de Stanford y otra en políticas públicas en Johns Hopkins, en Washington.

En el campo profesional se destacó rápidamente. Comenzó hace algo más de un cuarto de siglo con Rudolf Hommes en el Ministerio de Hacienda y siguió en Planeación Nacional, laborando directamente con Armando Montenegro. César Gaviria se lo llevó a la Presidencia de la República como consejero económico, a pesar de las quejas de su director de Planeación.

Más tarde llegaría a ser viceministro de Hacienda, director de Crédito Público, codirector del Banco de la República y senador, aparte de pasar una temporada en el Banco Interamericano de Desarrollo. “Tenía la virtud de ver las cosas desde un ángulo diferente a los demás”, recordó Juan José Echavarría, colega suyo en el Emisor.

Siempre estudió, y eso era evidente. Estaba al día en los libros que mueven el pensamiento en el mundo y entre sus conocimientos incluía una gran erudición sobre las religiones, desde el protestantismo hasta la musulmana, o con respecto a asuntos de seguridad y defensa. Recitaba a Shakespeare de memoria y hablaba como un nativo el francés, el inglés y el alemán.

Una anécdota de Darío Vargas, consejero de comunicaciones en la época de Gaviria, lo refleja. “Estando en Washington, discutimos la repetida frase sobre las familias felices que se parecen unas a otras mientras que las infelices lo son a su manera. Mi recuerdo me llevaba correctamente a Tolstoi, pero me inclinaba por La guerra y la paz; Laserna, que acababa de llegar de Stanford, atravesando los Estados Unidos de costa a costa en carro, me corrigió afirmando que la frase era la del comienzo de Ana Karenina. ¿Cómo lo sabía? Uno de los audiolibros que había oído en su travesía era precisamente ese”.

Sus realizaciones fueron múltiples. Con Montenegro impulsó la creación de la Unidad de Seguridad y Justicia, que ha resultado clave para darle un enfoque analítico a un tema tan crítico para el país; en Crédito Público sacó adelante la idea de emitir bonos públicos a distintos plazos y crear una curva de rentabilidades, algo que le ha ahorrado billones de pesos al fisco en pago de intereses; en el Banco de la República insistió hasta el cansancio para hacer más transparentes la deliberaciones de la junta y puso el dedo en la llaga sobre el problema pensional; en el Capitolio consiguió que se incluyera una norma en un proyecto de ley que es fundamental para evitar los abusos con los paraísos fiscales.

El salto al mundo político sorprendió a más de uno, pero para él resultó completamente natural. Recorrió los municipios del Tolima en múltiples ocasiones, tomando riesgos de seguridad y denunciando la presencia ya fuera de las Farc o de los paramilitares. Tenía claras las necesidades de lugares tan alejados como Villarrica o Natagaima y soñaba con mejorar las vías de acceso al cañón de las Hermosas. Compartía con Álvaro Mutis el amor por el río Coello y llevaba a su departamento en la piel y en la sangre.

Honesto como el que más, usó su patrimonio personal para financiar su campaña al Senado en el 2010. Resultó elegido con cerca de 55.000 votos y llegó a ser visto como la gran esperanza de renovación de la política departamental. Destacado, con razón, como uno de los mejores congresistas en el periodo pasado, su paso por el parlamento no estuvo exento de sinsabores.

El mayor tuvo lugar cuando sintió que el gobierno de Juan Manuel Santos empezó a apoyar a sus opositores en el conservatismo. Eso lo distanció en cierta medida del Presidente, pero sobre todo del ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas.

A pesar de ello, aspiró a la reelección, con la esperanza de que el voto de opinión le fuera favorable. No fue así y el día del escrutinio lo dejó derrotado y endeudado en centenares de millones de pesos que estaba pagando todavía.

No se rindió, por supuesto. La imagen en su perfil de Whatsapp es la de un gallo de pelea desplumado que se mantiene erguido. “Esa es la actitud”, afirma la leyenda que acompaña la foto.

Desaparecido Laserna, la sensación de vacío que deja es enorme. Para Rudolf Hommes: “Teníamos esperanza en la capacidad de liderazgo de Juan Mario. No son tantos los miembros de su generación que cuenten con sus atributos personales, sus conocimientos y su experiencia”. Su exjefe César Gaviria considera que “el país lo desaprovechó”, mientras que Juan Ricardo Ortega agrega que “se fue un hombre del renacimiento”.

¿Qué habría sido de no haber ocurrido el trágico accidente que acabó con su vida? Es imposible de saber. Como todos los que se meten en política electoral, tenía la secreta aspiración de ser presidente de la República.

Darío Vargas señala que “a pesar de su inmensa dedicación a la actividad pública, era muy firme y terco en sus convicciones. Aunque poseía una capacidad grande de negociación, considero que su entereza le limitó sus aspiraciones”. Esa es una de las razones por las cuales Juan Mario Laserna es y seguirá siendo en el recuerdo alguien que no solo a veces se sentía solo, sino que se merecía vivir en otro mundo. Por eso es que intentó cambiar este.

RICARDO ÁVILA
Director de Portafolio

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