Despacio, que voy de afán

Despacio, que voy de afán

Propongo que el currículo sea uno de los temas destacados en el nuevo Plan Decenal de Educación.

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25 de julio 2016 , 08:42 p.m.

Las transformaciones profundas en la educación llevan tiempo, porque no basta ajustar una norma o idear un proyecto novedoso para cambiar prácticas y hábitos transmitidos con la terquedad tremenda de una cultura pegada a la tradición. Los cambios que funcionan son aquellos que logran permear esas zonas oscuras de las cuales no se suele tener conciencia, y para eso se requiere tiempo y persistencia.

Ese es el sentido de los planes decenales de educación: tener una hoja de ruta que trascienda el período de un gobierno y se convierta en propósito colectivo. Lo más importante es avanzar en los problemas más graves, que no siempre son los más urgentes. Ahora que el Ministerio ha invitado a participar en el nuevo plan 2016-2025, es importante identificar los temas cruciales y estimular propuestas que surjan de las comunidades educativas y de las necesidades locales. Ojalá los medios de comunicación incentiven a sus periodistas para auscultar la opinión de los ciudadanos, de manera que la participación de amplios sectores sociales sea la marca de un plan que debe anunciar qué educación queremos para tiempos de paz.

Desde aquí propondré temas de discusión que en muchos casos vienen de las inquietudes que me plantean maestros y funcionarios locales. Hoy me quiero referir al currículo. Es claro que no habrá igualdad de oportunidades para nuestros niños y jóvenes si persiste esa enorme brecha que asocia la calidad con las condiciones geográficas y socioeconómicas en que se nace. No hay duda de que el país requiere actualizar su currículo y ponerlo a tono con las nuevas necesidades de la sociedad.

Hay que entender que el currículo no es una acumulación de asignaturas administradas en tiempos limitados para que todos los niños sean capaces de dar cuenta de las mismas cosas enseñadas de la misma forma. Hablar del currículo es hablar del aprendizaje, de las condiciones locales y culturales en que ese aprendizaje adquiere sentido, de la forma en que se debe propiciar el interés por los fenómenos del mundo físico y social, teniendo en cuenta los ciclos del desarrollo. El currículo tiene que ser discutido, formulado y asimilado a través de procesos en los cuales participen las comunidades académicas regionales, las asociaciones disciplinares de los maestros y, por supuesto, expertos con gran capacidad para escuchar y sistematizar.

Esto requiere tiempo, como lo han demostrado los países donde el asunto se ha tomado en serio, entendiendo que el currículo no se limita a un conjunto de estándares de competencias, sino que tiene que ver incluso con la identidad nacional. Cuando se trata de acortar camino, las cosas no suelen salir bien, como en el caso de los llamados derechos básicos de aprendizaje (DBA), que sacó el Ministerio hace poco más de un año, prescribiendo con detalle los contenidos que los maestros deben enseñar en lenguaje y matemáticas grado por grado. Las asociaciones de profesores de matemática y de lenguaje que tienen una importante trayectoria en el país se han pronunciado de manera muy crítica frente a estos materiales, pidiéndole al Ministerio que revise su política. Creo que la sugerencia es oportuna, así como sería importante contar con estas organizaciones profesionales para buscar estrategias apropiadas que permitan apoyar a los maestros en su tarea de mejorar los aprendizajes de los niños.

Mi experiencia personal me indica que en algunos casos la estrategia que se propuso no solamente es inocua para el progreso de los estudiantes, sino que se vuelve perversa en la medida en que muchos niños en los primeros años son reprobados al no cumplir con todos y cada uno de los temas prescritos. Esto lo he constatado precisamente en los colegios más pobres de algunas regiones del país. Propongo, pues, que el currículo sea uno de los temas destacados en el nuevo Plan Decenal de Educación.

FRANCISCO CAJIAO
fcajiao11@gmail.com

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