La caída de la casa Kickass/ Análisis del editor

La caída de la casa Kickass/ Análisis del editor

El portal de descargas se defiende asegurando que nunca almacenó archivos piratas.

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25 de julio 2016 , 05:49 p.m.

El caso que llevó al FBI a desmontar Kickass Torrents (el sitio de descargas más popular del planeta) y arrestar a su presunto fundador tendrá serias implicaciones sobre el manejo que a la Justicia de EE. UU. da a esta clase de procesos.

La clave está en que, a diferencia del sonado caso Megaupload, en el que el sitio cuestionado permitía a sus usuarios subir sus archivos y compartirlos, Kickass funcionaba como una plataforma P2P que obra como mediadora para facilitar el intercambio de archivos. La defensa del sitio se basa en que ellos no almacenaron jamás ningún archivo, pirata o de cualquier otra clase.

Ahí está la trascendencia de este caso: si la causa prospera, se crearía un nuevo marco jurídico en el que compartir archivos mediante sistemas P2P se tipifique como una violación de los derechos de autor, algo que no ocurre en la actualidad. Con ese precedente, las autoridades de EE. UU. podrían acusar a sitios similares.

Por otro lado, si la fiscalía no logra una condena, el tema de seguro pasará a una instancia legislativa, con el FBI presionando para que se aprueben leyes más estrictas sobre derechos de autor.

En el fondo está el hecho innegable de la enorme popularidad de Kickass Torrents, que llegó a ocupar el puesto 69 en el listado de los sitios más visitados en la red. El que 50 millones de personas acudieran cada mes a descargar películas, juegos, libros o episodios de Game of Thrones habla de la relación de los usuarios con el contenido y de su reticencia a reconocer como equivocada la conducta de compartirlo.

Seguir desmontando los Pirate Bays y los Kickass Torrents que sin duda surgirán como cabezas de hidra es una práctica que sabemos nace perdida. El golpe más fuerte a la popularidad de los sitios de descargas ilegales en la última década no lo dio el FBI, sino el surgimiento de alternativas legales, a precios razonables, como Hulu, Netflix y, recientemente, HBO Now.

Si se aceptan las cifras oficiales, un servicio de música por 'streaming' como Spotify tiene cien millones de usuarios, de los que casi una tercera parte paga una mensualidad. Netflix se acerca a los noventa millones de usuarios, todos pagos. Son cifras que de lejos superan las de Kickass o The Pirate Bay en sus mejores días.

¿Qué era Napster si no un Kickass musical? Por años, la industria musical lo combatió y logró apagarlo. Unos y otros aprendieron la lección y hoy tenemos servicios legales, entre ellos el mismo Napster.

En lugar de seguir mandando gente a la cárcel por compartir archivos, gobiernos y compañías del paisaje digital deberían idear mejores modelos de distribución, para usuarios dispuestos a pagara por acceso fácil y seguro a lo que quieren. Sin duda los hay. Somos millones.

WILSON FERNANDO VEGA
Editor Tecnósfera
@WilsonVega en Twitter

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