Luego de la masacre, Múnich se siente vulnerable

Luego de la masacre, Múnich se siente vulnerable

El autor del tiroteo del viernes planeó el ataque por más de un año y compró su arma por internet.

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24 de julio 2016 , 07:55 p.m.

No fue un acto terrorista, pero no estamos exentos”, concluye Holger Bregare, una alemana de 34 años que vive en las afueras de Múnich, dos días después del tiroteo que dejó nueve muertos y 35 heridos.

Un germanoiraní de 18 años, identificado como David Alí Sonboly, abrió fuego el viernes frente al centro comercial Olympia, en lo que las autoridades catalogaron como un acto de “locura”.

El pánico se apoderó de los ciudadanos, que días atrás se jactaban de vivir en una de las ciudades más seguras del mundo. Esa noche se preguntaban desesperados si habían sido víctimas de un atentado terrorista islamista, pero las autoridades afirmaron el sábado que no había ninguna conexión con el yihadismo.

De hecho, se conoció que el joven autor de la masacre actuó solo, planeó el ataque por un año y compró su arma por internet, pero no eligió a sus víctimas de manera específica, aunque sí las engañó al convocarlas, a través de Facebook, a un restaurante por descuentos.

Sonboly, quien se suicidó después del tiroteo, se sentía fascinado por las matanzas, en particular por Anders Breivik, el noruego que en el 2011 asesinó a 77 personas en Utøya. También había buscado información sobre Tim Kretschmer, un joven de 17 años que en el 2009 mató a 15 personas en su antiguo colegio en Winnenden.

Hoy, el síntoma en Múnich es de malestar. No solo por la incertidumbre con la que sus habitantes tuvieron que lidiar en la noche del viernes, cuando rumores apuntaban a que había más de un atacante suelto por la ciudad y que se había presentado otro tiroteo, sino porque decenas de personas también se vieron afectadas ante la suspensión del transporte púbico por la Policía local.

Muchos lograron comunicarse con algún amigo que tenía carro, pero otros tuvieron que buscar refugio en hoteles o, en el peor de los casos, dormir a la intemperie.

El miedo se palpaba en el aire frío, que erizaba más de un cuerpo cuando alguien gritaba o corría sin motivo.

Esto es ridículo. Había un tipo armado suelto, y las autoridades no nos dejaron llegar a nuestros hogares. Si en EE. UU. cerraran el metro cada vez que alguien porta un arma, el transporte jamás funcionaría allí”, se queja Silvia Volling, una joven alemana que tuvo que pasar la noche sentada en las afueras del restaurante.

Las críticas apuntan a que la Policía se sobreactuó ante un caso aislado de inestabilidad emocional de un joven depresivo. Las autoridades no lo esconden, pero afirman que querían estar preparadas para el peor escenario. Y es que, si bien está claro que lo ocurrido no respondió a un intento terrorista, la masacre cae como sal en la herida.

Quienes aseguran que hay razones para temer citan lo que sucedió hace unos días, cuando un estudiante afgano atacó con un hacha a cuatro pasajeros en un tren regional cerca de Wurzburgo. El grupo extremista Estado Islámico (EI) se atribuyó el hecho.

Para ellos, se han vuelto proféticas las palabras del ministro del Interior, Thomas de Maiziere, quien dijo a finales de junio que el país temía el aumento de atentados terroristas en Europa.

También hay quienes dicen que la política de puertas abiertas con los inmigrantes de la canciller alemana, Ángela Merkel, es la causante de estos incidentes.

Por ahora, a la entrada de Múnich ondean a media asta las banderas de Alemania y la Unión Europea, junto con una bandera negra. Hay más policía en las calles que de costumbre, y la ciudad luce menos concurrida.

Cerca del Olympia, flores e imágenes recuerdan a los fallecidos, mientras conocidos y transeúntes muestran su respeto y conmoción. Aunque hay escepticismo sobre la gravedad de lo sucedido, queda claro que Alemania no está blindada.

Por eso, Silvia lo piensa mejor ante la alternativa de salir en las próximas noches. Al menos por ahora, una copa de vino en casa suena como mejor plan.

ANA MARÍA GUTIÉRREZ
Para EL TIEMPO

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