Las 34 mujeres que conforman la avanzada del posconflicto en el Llano

Las 34 mujeres que conforman la avanzada del posconflicto en el Llano

A lomo de caballo patrullan 4 departamentos. Llevan seguridad y atención integral a comunidades.

23 de julio 2016 , 11:23 p.m.

En Arauca, Casanare, Vichada y Guanía, departamentos del oriente del país donde aún hoy se siente la violencia del conflicto, patrullan desde enero de este año 34 mujeres del Ejército que tienen una característica inconfundible: como cualquier llanero que se precie, van a caballo.

Ellas conforman el primer pelotón de la Caballería Montada del Ejército, adscrito a la Octava División. Aunque la mayoría de ellas nunca se habían montado en un caballo, hoy no solo son capaces de mantener el control y el equilibrio a pleno galope, sino que atraviesan sin nervios los ríos y son capaces de acertar con sus armas desde el lomo de los animales.

Son profesionales perfectamente entrenadas en las artes militares, y aunque su esencia es mantener la seguridad y el orden público, su misión está más orientada a llevar sus conocimientos a las comunidades más alejadas: entre ellas hay médicas, enfermeras, abogadas y veterinarias, y en sus caballos se aparecen por caseríos olvidados no solo por el Estado sino por los colombianos.

Su comandante es la mayor Adriana Meza, una sicóloga bogotana que tuvo que poner en práctica su profesión para acercarse a su nueva llave, Manantial. “Yo nunca había montado, les tenía miedo a los caballos. Y esa fue la primera parte de la instrucción que recibimos: perderle el miedo al animal, tomarle confianza. Es un proceso de acoplamiento de doble vía. Tiene que haber empatía entre los dos”, dice la oficial. Dos días a la semana durante seis meses, en medio del entrenamiento normal del Ejército, los dedicaban a aprender a cabalgar.

Su caballo, asegura, es “muy noble y se deja llevar”. Con él acaba de estar en la vereda San Rafael, en la parte más alejada de Yopal, tras cuatro horas de camino por pleno monte. “Fue bajo un sol extenuante, pero el resultado fue muy satisfactorio porque se pudo atender a un niño de dos años que tenía algunos problemas en su desarrollo. Hablé con la mamá, y acordamos un plan para sacar adelante al niño”, cuenta.

Adriana está casada con otro oficial, un capitán del Ejército, y en su casa la esperan tres niños, de 9, 5 y 2 años.
Marilin es la yegua de la subteniente Zulma Cristina Rodríguez, médica veterinaria. Soltera, con 30 años de edad y natural de Tunja, Boyacá, es la menor de tres hermanas. Su base de operaciones es Tame, donde hay fuerte actividad del Eln. “Arauca es una región hermosa, pero aquí tenemos que cuidarnos mucho por el orden público. Hay que tener más precauciones en nuestros recorridos a caballo y siempre hay mucha tensión a cada paso”, asegura.

Ella, como sus compañeras, dice que algo que no descuidan nunca es el momento de ponerle la silla, los arreos y demás implementos al caballo. “Es fundamental para la seguridad del jinete y para no lastimar al animal”, afirma.

Una de sus últimas misiones fue atender una emergencia veterinaria en una finca apartada unos 15 kilómetros del lugar en donde estaban.

La sargento segundo Carmen Rincón Serrano, natural de Monguí, Boyacá, y casada hace ocho años con el cabo primero Edwin Velásquez, dice que “todo caballo tiene su personalidad y hay que conquistarlo, consentirlo”. El suyo se llama Kano y aprendió a premiarlo con zanahoria y panela. Ella está encargada de promover en Casanare las nuevas tecnologías y es la abanderada del programa Vive Digital.

“Hemos recorrido hasta seis horas para llegar a veredas como Morichal, a unos 42 kilómetros de Yopal, para mostrarles a los campesinos los mundos que se abren con internet y para invitarlos a tomar los cursos gratuitos”, cuenta.

Aparentemente frágiles sobre sus grandes caballos, llevan un sombrero y un emblema que de inmediato remite a las películas del lejano oeste, cuando la caballería aparecía para salvar a los que estaban en riesgo inminente.

“Estas mujeres son unas guerreras muy valientes, realizan un trabajo muy importante con la comunidad y representan la cara de la institución en el posconflicto”, aseguró el comandante de la Octava División, general Danilo Murcia Caro.

Todas y cada una de ellas están cada vez más ‘duchas’ en su oficio y en su particular medio de transporte. Pero siempre agradecen cualquier nueva lección.

Una de las clases más concurridas es la de control sobre el animal, que se hace a través de ejercicios de confianza: deben soltar las riendas, sacar los pies de los estribos y mantener el control del caballo solo con la fuerza de las piernas.

Es una de las habilidades que más aprecian los llaneros, expertos como pocos en montar al pelo (sin silla). El pasado 20 de julio, las 34 desfilaron junto a los tanques de la Caballería. Lo hicieron no en sus animales criollos, sino en los enrazados argentinos, mucho más altos, a los que sin embargo dominaron sin mayor problema.

JUSTICIA
justicia@eltiempo.com

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