Cuando la aguja de la felicidad ya no depende solo del sexo

Cuando la aguja de la felicidad ya no depende solo del sexo

Aquellas parejas que tienen una mayor actividad social, se sienten mucho más plenas en su relación.

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23 de julio 2016 , 09:44 p.m.

Hace unos años, el mejor programa para Francisco e Isabel era quedarse en casa, preparar una rica cena y tener sexo.

Pero hoy esa ecuación de la felicidad conyugal ha cambiado: la cena es afuera, siempre con amigos, y el sexo no necesariamente forma parte de esa fórmula infalible de la felicidad.

“Prefiero salir a cenar o ir a algún recital con mi pareja y amigos. No es que no disfrute del sexo, pero hoy la felicidad pasa también por compartir otras cosas, además de la cama”, dice Francisco, un sibarita que dedica su tiempo libre a descubrir nuevas opciones gastronómicas. Para él, salir y degustar un plato de algún chef encumbrado o prometedor es más tentador que una noche de sexo.

Aunque popularmente se cree que una pareja feliz es la que más sexo tiene, los estudios acerca de la felicidad dicen lo contrario. “Lo que más mueve la aguja de la felicidad es el capital social”, sostiene Martín Tetaz, especialista en economía del comportamiento y autor de varios libros, entre ellos Phyconomics.

Satisfacción

En el estudio que Tetaz realizó con Pablo Schiaffino, con base en una encuesta de Gallup, el grupo de gente que reportaba ser muy activo en su vida sexual, pero poco activo en su vida social de pareja, no mostraba mayores niveles de felicidad que el resto. En cambio, los que decían ser muy activos en el ámbito social tenían mayores niveles de satisfacción con la vida.

“Estar en pareja, incluso cuando no tienes mucho sexo, te mueve mucho más la aguja que el que tiene mucho sexo, pero no está en pareja. Por eso los casados son más felices que los solteros. El soltero feliz es más bien un mito”, afirma Tetaz.

Desde la perspectiva del experto, lo anterior puede explicarse en tres palabras: animales de costumbres. “Primero hay un efecto de habituación que hace que la gente se acostumbre a lo que tiene rápidamente. Además, el sexo da felicidad instantánea, mientras lo social brinda felicidad duradera. Por eso salir, compartir tiempo con la gente que uno quiere es lo que más peso tiene”, anota el economista especializado en comportamiento humano.

Para Esteban Irigoyen, CEO y fundador del Centro de Coaching de Pareja, el sexo está relacionado con la parte animal, más primitiva del ser humano. “Es como las ganas de comer, pues una vez que satisfaces esa necesidad ya está. Pero la felicidad no surge de las sensaciones físicas, sino de la perspectiva espiritual que está asociada a la capacidad de generar relaciones personales satisfactorias. Somos seres relacionales”, explica.

Irigoyen añade que es a partir de las relaciones con los demás que construimos nuestra felicidad. Las habilidades emocionales que uno pone en juego cada vez que establece un vínculo afectivo con otra persona, según el 'coach' de parejas, son las que dan esa sensación de bienestar emocional capaz de mover la aguja de la felicidad. “Compartir momentos con otros te hace sentir bien, pleno. Es un estado mental que se extiende en el tiempo. Cuando algo te satisface, el goce es transitorio –sostiene–. El sexo es muy lindo, pero no puedes practicarlo todo el día. Llega un momento que te harta. Pero no sucede lo mismo cuando desarrollas un vínculo amoroso, sea de amistad o de pareja. Puedes estar 24 horas con esa persona sin cansarte”. De acuerdo con la psicóloga y antropóloga Fabiana Porracin, la vida social implica una especie de “colchón emocional”, una reserva de oxígeno necesaria. “El encontrarse, el reunirse, el juntarse es un verdadero colchón que amortigua el embate de la rutina –señala–. La vida social nos permite cobijarnos para amortiguar las intensidades emocionales que está provocando el contexto actual. Si de por sí una vida social activa es sana, en nuestro presente se transforma en un verdadero colchón emocional”.

¿Una vez por semana?

Algunos estudios que le restan importancia al sexo, incluso recientes y muy difundidos, hablan de que mantener relaciones sexuales una vez por semana alcanza para ser feliz en pareja, lo que no deja de llamar la atención en una sociedad hipersexualizada. De hecho, son varios los que se animan a hablar de que el sexo, como tal, está sobrevalorado y que no es la única fuente de la felicidad conyugal.

Rachel Hills, autora de 'The Sex Myth', es especialmente crítica hacia esta idea. “La publicidad que apunta a una hipersexualización genera un modelo de conducta que no se condice con la realidad –afirma–. Se responde así a estereotipos de la sexualidad en Occidente, como si fuera un valor supremo que excluye a aquel o a aquella que no la vive de ese modo”.

En todo este contexto no parece tan descabellado hablar del capital social –como lo siguiere Tetaz– como motor de la felicidad. El sexo, como fuente de felicidad, parece que ha perdido terreno frente a las múltiples posibilidades que ofrece el mundo exterior. Hoy, de alguna manera, lo que sucede afuera se ha vuelto más interesante que lo que transcurre de puertas adentro. 

No siempre de a dos

La actividad social no necesariamente debe hacerse en pareja. De hecho, diversos estudios hablan de la importancia de reservar tiempo para uno mismo como una de las claves de la felicidad conyugal. Terri Orbuch, del Instituto de Investigación Social de la Universidad de Michigan, hizo un seguimiento de 373 parejas a lo largo de 25 años.

Durante la investigación halló que de los que reportaron ser infelices, un 11,5 por ciento dijo que la razón era esa falta de tiempo personal, un porcentaje mayor al de las personas que reportaron no ser felices por causa de una vida sexual no satisfactoria, que se ubicó en el 6 por ciento.

Otro dato curioso que arrojó la investigación fue que la falta de espacio propio afectaba más a las mujeres que a los hombres.

“Tener tiempo separados es muy saludable y mantiene la frescura, motiva a cada uno a tener un sentido de identidad propia mientras están en pareja, además de que fomenta la independencia y la fuerza más que la necesidad y el apego”, dice Orbuch.

LAURA REÍNA
La Nación GDA (Argentina)

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