Recuperar la buena vecindad

Recuperar la buena vecindad

Normalizar las fronteras es de capital importancia para recuperar la buena vecindad.

23 de julio 2016 , 06:45 p.m.

Señor Director:
Históricamente, los gobiernos venezolanos han tomado a Colombia de chivo expiatorio para ocultar sus problemas internos; ello se ha hecho más evidente con el chavismo, que no solo persigue a los colombianos de manera infame, como hace un año, cerrando la frontera, sino que además se ha inmiscuido en los asuntos de nuestro país; entonces, para normalizar las relaciones fronterizas entre las dos naciones deben existir condiciones que permitan una situación sin sobresaltos, para evitar las pataletas del Gobierno del socialismo del siglo XXl en Caracas, porque este se aprovecha de cualquier roce para volver a ofender a Colombia. Normalizar las fronteras es de capital importancia para recuperar la buena vecindad.

Ariel Peña

La base está en casa


Señor Director:
Se celebra que volvió la cultura ciudadana a Bogotá, porque se habían dejado de lado varios programas que tuvieron buenos resultados.
Se están impactando focos de incultura desde el espacio público, lo que seguramente tendrá efectos positivos. Pero no hay que olvidar que el lugar más adecuado para iniciar las campañas y programas son los hogares, porque lo que se enseñe y aprenda allí tiene repercusiones duraderas, se convierte en elemento formante de la conducta de cada integrante. Sería conveniente que estos programas y campañas lleguen a los hogares, para que desde allí se forme una espiral en cultura ciudadana que arrope a toda la sociedad; que fuera capaz de crear un ambiente general de respeto como eje fundante de la ética y la moral. Si en los hogares no se enseña a respetar a los demás ni las normas de convivencia, es difícil que en la calle se moldeen esos comportamientos; la base de todo está en casa.

Édgar Guillermo Bejarano Ch.
El Triunfo, Cundinamarca

El Sena

Señor Director:
‘Tecnólogo en producción de joyería’ es un programa del Sena cuya capacitación y entrenamiento son regios; mas sus pasantías en empresas privadas, con materiales baratos, en talleres improvisados de ensamblaje manual en serie, centrados en cantidad, sin herramientas adecuadas y con maquinaria obsoleta, ¡son en bisutería ordinaria!, lo que es tanto como enviar a un mecánico automotor a un montallantas para su contrato de aprendizaje.
Si el Sena considera que el mercado no demanda muchos de sus programas, debería replantearlos o cerrarlos, sin esperar a que la mano invisible de los TLC y la globalización los elimine por falta de competitividad y escasa productividad frente a los retos de la excelencia internacional.
El Sena es una joya de nuestros jóvenes e hijos que debe pulirse, capacitándolos para el exigente mercado internacional y convenciéndolos de que ‘ser pilo sí paga’ si el Estado también lo es en la ejecución de estos programas tecnológicos para su crecimiento y desarrollo económicos.

Rebecca Montenero
Bogotá

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