'La paz va a tener su candidato a la Presidencia'

'La paz va a tener su candidato a la Presidencia'

Daniel Coronell habla con EL TIEMPO del libro que acaba de publicar: Recordar es morir.

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23 de julio 2016 , 06:24 p.m.

Una amenaza terrorista en el hospital de Miami, en donde su hija Raquel se recupera de un cáncer, interrumpió abruptamente la entrevista en la que el periodista investigativo Daniel Coronell hablaba con EL TIEMPO del libro que acaba de publicar: Recordar es morir. Luego confesó que pensó en dejar el periodismo para enfocarse en la recuperación de la niña.

Sin embargo, siguió adelante y la mejor muestra de que su agudeza y calidad periodística siguen intactas está en 281 páginas en las que revela cómo investigó y tejió 102 de sus mejores columnas publicadas en la revista Semana: las ‘chuzadas’ del DAS, la ‘Yidispolítica’, Agroingreso Seguro, el Procurador Alejandro Ordóñez, el Palacio de Justicia... (Además: Pensé en volver noticia las páginas de opinión: Daniel Coronell)

El presidente de noticias de Univisión habló con este diario de este libro y del que planea escribir sobre el expresidente Álvaro Uribe y sobre sus hijos, de la postura que debe asumir el periodismo frente al proceso de paz con las Farc, de terrorismo y de las elecciones en Colombia y en Estados Unidos, en donde vive hace seis años en una especie de exilio voluntario.

Después de 11 años de escribir columnas, ¿por qué decide recopilar 102 en un libro?

La idea no fue mía, surgió hace dos años del editor Leonel Giraldo. Pero no se había podido concretar porque pasaron muchas cosas en mi vida, buenas y malas, que obligaron a aplazar el proyecto. Pero pensamos que estas eran las columnas que daban una probada perfecta de lo que fueron los últimos años en Colombia, reservando un tema mucho más grande y estructural: el doctor Álvaro Uribe. Sueño con que sea materia de otro libro.

Entonces, ¿fue a propósito que no incluyera temas claves como los negocios de los hijos de Uribe –zona franca y la chatarra–, en los que usted sumergió al país?

Me parece que es parte de un libro diferente. Allí ya hay unas piezas del rompecabezas que ya están sobre la mesa y lo novedoso sería mostrar cómo encajan. Cómo los negocios de acá resultaron relacionados con la política de allá.

Pero hay otras piezas novedosas que he encontrado en años de investigación y que pienso que deben hacer parte de ese otro libro. Merecen un destino menos perecedero que una columna. Sentarme a escribir ese libro supone que tenga algunos meses libres de dedicación absoluta. Es un tema complejo y no vislumbro que en los próximos 2 o 3 años vaya a tener ese tiempo.

¿Cómo puede abordar el caso Uribe si a usted ya lo graduaron como su enemigo? Incluso él se ha referido a usted como un bandido, extraditable, socio del capo Pastor Perafán...

Trato de hacer abstracción y de no reaccionar nunca de manera grosera frente a un insulto. Es humano que uno piense en responder en un tono parecido, pero sé que lo que la gente considera permisible para el doctor Uribe, no sería permisible para un sencillo reportero como yo. Mientras él me llama mafioso, miserable, yo me refiero al señor expresidente. De la misma manera, trato de que esos sentimientos no se involucren en la investigación.

Él quiere que yo no vuelva a hablar de él y yo no voy a dejar de hablar de él mientras conserve la vigencia política. Y como ha durado el doctor Uribe más que un ‘bombril’, pues yo estoy obligado a seguir investigando y a seguir revelando los atropellos de su gobierno que fue sin duda uno de los más corruptos de la historia, sino el más corrupto, aunque él está empeñado en reescribirlo y presentarse como si hubieran corrido ríos de leche y miel.

Sus niños llegaron siendo universitarios y salieron como multimillonarios por gracia del destino; su primo, involucrado con el paramilitarismo, no tiene nada que ver con él; los miembros del DAS, que espiaron a la Corte Suprema, a la oposición y a periodistas como yo, lo hicieron a sus espaldas, y los que compraron el voto de parlamentarios para lograr la aprobación de la reelección, lo hicieron por cuenta propia, sin que él supiera y sin que existiera una mente maestra...

¿Cómo se blindó de la persecución estatal de la que fue víctima?

Cuando pasamos el peor episodio de nuestras vidas, antes del diagnóstico del cáncer de nuestra hija, fueron las amenazas del año 2005. Tuve que salir del país porque había un plan para matarme. Pensé que tenía la posibilidad legítima, desde el punto de vista personal y familiar, de decir ‘voy a parar esto y me voy a tomar una pausa’. Llegué a la Universidad de Stanford destrozado anímicamente.

Pero lo primero que hice cuando tuve conciencia fue pedir permiso especial para seguir escribiendo las columnas. Pensé: estoy aquí tratando de salvar mi vida y la labor profesional que cumplo. Sería absurdo que dejara de escribir, y seguí. (Lea también: Ex DAS cuenta cómo fueron los seguimientos ilegales a Daniel Coronell)

Cuando llegó a la presidencia de Univisión, ¿no pensó en parar?

Cuando recibí la oferta la primera condición que me pusieron fue no seguir escribiendo columnas. Y les dije: muchas gracias, no me interesa. Días después, el presidente de Univisión en ese momento, César Conde, me dijo que había logrado que la junta directiva me dejara escribir, siempre y cuando no tocara el tema de los Estados Unidos. Le dije que muchos temas de Colombia tenían que ver con ese país y no podía dejar de escribir. Y cuando estaba pensando cómo explicarle a mi esposa María Cristina lo que acababa de pasar, me llamaron y me autorizaron. Ya llevo casi 6 años en Univisión.

¿Por qué escogió el caso Saludcoop, las ‘chuzadas’ del DAS, el procurador Alejandro Ordóñez, la toma del Palaciode Justicia, Agroingreso Seguro y la ‘Yidispolítica’ como temas emblemáticos?

Porque mostraban cinco retratos de un mismo país desde el punto de vista del abuso y del poder y la corrupción. Y porque me permitían contar el detrás de cámaras de la investigación de cada columna.

¿Cómo se logra el equilibrio entre la regla del periodismo investigativo de no calificar ni usar adjetivos y a la vez opinar en una columna?

Lo que hago es recopilar hechos, enumerarlos y ponerlos en tal orden que la gente puede llegar a sus propias conclusiones. En ocasiones no le pongo punto final a la columna porque me parece interesante que lo pueda hacer cada cual.

Las temáticas de sus columnas casi que son un diagnóstico de lo que pasa en Colombia. ¿Cuáles son las enfermedades del país?

El principal, la corrupción y ha sido un motor de la violencia. Creo que la gran paz de este país se logra con una reivindicación de la justicia en función de luchar eficientemente contra los corruptos. Por eso creo que hay una esperanza muy grande para este país con el proceso de paz con las Farc. Lo que he leído de los acuerdos me parecen razonables: no hay tal entrega del país.

Pero los periodistas no estamos para sumarnos al entusiasmo de la paz, tenemos el deber de buscar lo que no está funcionando bien. No podemos comprar la propaganda rosa del proceso de paz, pero tampoco la negra. Estamos obligados a investigar, no podemos dejar que el periodismo se convierta en un valor subordinado a otros intereses nacionales.

¿Cree que el periodismo en Colombia es vigilante o hay cada vez más periodismo coptado por el poder?

Hay de lo uno y de lo otro. Colombia tiene un periodismo investigativo vigoroso, de lujo. En este momento en que los medios pasan por una situación financiera difícil lo primero que se resiente es ese periodismo, porque sus resultados no se pueden medir en centímetros publicados. No hay forma de meter en el balance contable del Washington Post lo que significa el Watergate.

Los medios serios tienen que pelear ese periodismo porque es la única manera de establecer una agenda propia y una forma diferente de contar la actualidad. También hay un pequeño periodismo reproductor de fuentes, amigo de unas tendencias políticas, que ha deteriorado la calidad del oficio.

Pero si uno pone en la balanza lo uno y lo otro, el periodismo colombiano sigue siendo uno de los mejores del continente. Ahora hemos convertido a Univisión en referente periodístico para la comunidad hispana y cada vez más para todo el pueblo americano. Tengo confianza de que la apuesta de periodismo digital de Univisión se va a convertir a la vuelta de un año en la referencia del periodismo digital en español, en el mundo. (También: 'Los periodistas son mejores que los medios': Daniel Coronell)

En el caso de la ‘Yidispolítica’ y del Palacio de Justicia su investigación partió de dos filtraciones. ¿Qué tan válido es ese tipo de periodismo?

Los periodistas no pueden ser transmisores pasivos y acríticos de lo que reciben de las fuentes buenas y malas. Tienen que hacer un esfuerzo superior para contrastarlo con otra fuente y convertirlo en algo más importante. No podemos ser una correa pasiva de transmisión; es la diferencia entre periodismo de investigación y el periodismo de filtración. Durante mucho tiempo hemos tenido periodistas que se han conformado con la filtración y terminan siendo juguete de sus fuentes. El reto es agregarle inteligencia a la información que se recibe.

¿Usted presionó a Yidis Medina para revelar el video en el que ella confiesa la oferta de dádivas a cambio de su voto para aprobar la reelección?

Estuve muy tentado. El video se fue a una caja de seguridad en Londres con una carta de instrucciones, en manos de un colega británico, sobre cómo debería manejarlo. Otra copia fue para ella y una tercera la guardé en el morral que siempre cargaba en la Universidad de Stanford. Yo sabía que tenía la prueba de que la aprobación de la reelección no había sido limpia. Pero también tenía el compromiso periodístico de no revelarlo. Yidis Medina dio una entrevista a un periodista de Noticias Uno y le dije: es hora de contar esto. Pero me dijo que no.

Dos semanas después, en una entrevista a El Espectador, dijo que quería contar la verdad y luego hasta se habló del video en mis manos. En ese momento la llamé y le dije: usted rompió el compromiso y ella me dijo que estaba en el derecho de publicarlo. Yo dejé todo escrito y preparado y me fui para Estados Unidos.

Alejandro Santos, el director de Semana, una persona a la que le debo mucho y ha respetado mi autonomía como columnista, me llamó y me dijo: ‘Nunca en la vida te he preguntado sobre qué vas a escribir, pero como estaba anunciada hace dos semanas tengo muchas curiosidades y muchas preguntas. ¿Me puedes contar?’.

Y le dije: ‘Sí, es la prueba de la compra del voto de Yidis’. Después, la Casa de Nariño sacó un comunicado diciendo que yo iba a publicar una prueba falsa. Decidí que era mejor devolverme para Colombia y afrontar la publicación. El domingo cuando ya estaba todo listo en Noticias Uno para publicar, llegó un comunicado anunciando que el Presidente se dirigirá al país.

Y mientras tanto, había una reunión inexplicable en Palacio. Además de funcionarios y del Presidente estaban presentes dos abogados penalistas: Jaime Lombana y Eduardo Montealegre, que después se convertiría en Fiscal General. Dos más dos son cuatro... No dudo de que el gobierno hubiera utilizado las mismas herramientas de inteligencia para tener copias de lo que salía de mi correo.

¿Esa ha sido su gran chiva?

La tercera. La primera fue cuando tenía 22 años y publiqué el video del entrenamiento de ‘paras’ del coronel israelí Yair Klein. La segunda es el video donde se ve salir vivo al magistrado Urán del Palacio de Justicia. Luego apareció muerto.

Más de 410 muertos en Estados Unidos en un año por tiroteos, francotiradores y terroristas. ¿Qué está pasando?

El país no está tomando decisiones radicales sobre la tenencia de armas y las de capacidad militar. En todas partes del mundo hay locos, pero solo allá pueden entrar y comprar un R15 con la licencia de conducir. Eso hace que los locos, perturbados y terroristas puedan acceder a armas de tipo militar fácilmente y eso es grave. Por otro lado, Estados Unidos está viviendo un periodo difícil de exacerbación del racismo y la xenofobia, en donde un blanco permanente son los hispanos, pues son el eslabón más débil en la cadena productiva. No digo que sea una posición unificada ni mayoritaria pero sí peligrosamente creciente.

¿Realmente qué posibilidades tiene Donald Trump de ser presidente?

Tiene posibilidades. Allá, el sistema electoral no es de voto directo, sino que se escogen colegios electorales y estado por estado. En los 50 estados se votan pero en 42 ya le puedo decir cómo va a quedar la elección porque son de clara mayoría demócrata o republicana. La elección se suscribe a 8 estados que son los swing (péndulo), que algunas veces son de republicanos y otras de demócratas.

¿Se aventuraría a hablar del partidor presidencial en Colombia para el 2018?

Si Germán Vargas Lleras es candidato, pasa a segunda vuelta. Va a haber un candidato uribista y uno del proceso de paz, fruto de una coalición de matices: liberales, algo de izquierda y algo también del Gobierno. La segunda vuelta va a estar en contra de Vargas Lleras, si surge una coalición.

MARTHA ELVIRA SOTO FRANCO
Editora Unidad Investigativa
u.investigativa@eltiempo.com

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