Atracción y deseo son distintos en la cama / Sexo con Esther

Atracción y deseo son distintos en la cama / Sexo con Esther

La atracción y el deseo sexuales se domicilian en lo psicológico y toman forma de pensamientos.

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23 de julio 2016 , 04:52 p.m.

Aunque en el terreno sexual atracción y deseo parecen ser percepciones similares y hasta intercambiables, la verdad, son dos términos que pueden existir de manera independiente, al punto de que cada uno puede ir por su lado.

Lo que ocurre es que, por lo general, la gente desea irse a la cama con la persona por la cual experimenta atracción, pero el asunto no siempre es así.

Pues resulta que con el destape de nuevas preferencias y tendencias en la sexualidad, como la grisexualidad y la demisexulidad, el asunto exige abrir una puerta para que, en torno a los conceptos, nadie se quede por fuera.

Los que saben empiezan por decir que mientras la excitación se ubica más en la órbita de lo físico, la atracción y el deseo sexuales se domicilian en lo psicológico y toman forma de pensamientos, donde los de la atracción son involuntarios y los del deseo son más elaborados y son una especie de voluntad dirigida a la acción.

Si se siente confundido con la retahíla, tranquilo. Aquí va una explicación más práctica. Por ejemplo: una persona asexual monógama (esas a las que las tareas de catre ni les va ni les viene) puede sentir y modular el deseo de satisfacer a su pareja, así la atracción sexual por ella sea nula.

De igual forma, esa persona puede desear un abrazo, una caricia, un arrumaco, un pechiche, y lo busca en su pareja, sin que esto termine en un polvo. La gracia –repito lo que dicen los sabios– es que queda satisfecha, tanto en lo físico como en lo emocional.

El cuento de la atracción, para ellos, sería una especie de impulso salido de la nada y que los pone a pensar que una encamada con alguien podría ser gratificante, pero la posibilidad de actuar o de abstenerse la deja como algo que no se puede ignorar, que queda como un mero sentimiento y no como una intención.

Simplemente porque aquellos que generan atracción, como los símbolos sexuales o las actrices de cine, no se pueden escoger.

Para no hacer las cosas más aburridas, se podría decir que todos nosotros (y no solo los que se clasifican en las nuevas formas de interacción con el sexo) hemos tenido al frente, al menos, una persona que nos ha despertado unas ganas infinitas de que nos invite o de invitarla a dar un paseo por la planta baja, pero por razones que van desde la desconfianza y el desconocimiento hasta el recato, la dejamos pasar sin decir nada.

De igual forma, hemos tenido al lado alguien de quien deseamos una caricia, una mano puesta en la espalda, una demostración de cariño, pero jamás se nos ocurriría deslizarnos por el aquello, ni de fundas.

Esto quiere decir, digo yo, que puede haber polvos sin atracción y solo movidos por el deseo (como el de los maridos querendones) y mucha atracción, en los que el deseo racional puede frenar los encuentros sexuales, como en el caso de los maridos querendones, pero fuera de la casa.

Más allá de todos estos conceptos, puedo decir que cuando las dos cosas se juntan (y me refiero a los términos, no sean malpensados) los encuentros son deliciosos. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO

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