El contragolpe de Erdogan

El contragolpe de Erdogan

Volvió a la presidencia, pero no reaccionó como un demócrata, sino como un dictador vengativo.

22 de julio 2016 , 09:15 p.m.

El pasado 15 de julio, los turcos dieron un ejemplo dramático de defensa de la democracia. Ante el golpe militar contra el presidente Erdogan, una vergüenza desde el punto de vista democrático, cientos de miles de ciudadanos corajudos de todos los partidos políticos salieron a defender –enfrentándose a bandas de soldados, entregando, en cientos de casos, la vida misma– el derecho a gobernar de un mandatario con fama de autoritario y en el que muchos de ellos ni siquiera creen. La gran paradoja es que, una vez recobrado el poder, Erdogan no reaccionó como un demócrata, sino como un dictador vengativo.

Desde que volvió a la presidencia, Erdogan, valiéndose de un estado de excepción que puede durar hasta tres meses, ha estado suspendiendo y encarcelando a miles de soldados, policías, jueces, profesores, periodistas. De paso, ha permitido que sus fieles seguidores, que sin duda los tiene, se conviertan en acosadores de las minorías. Y, en medio de la persecución a todo aquel que haya tenido que ver con el golpe, aunque haya sido remotamente, está consiguiendo darle un verdadero golpe a la posibilidad de que Turquía se consolide como una democracia.

Como nada en el mundo es aislado, como todo está sucediendo en este mismo mundo, conviene tomarse a pecho lo que está ocurriendo en Turquía. Se trata, a fin de cuentas, de una nueva señal de la fragilidad de las ideas que durante muchos años se dieron por sentadas: la democracia, la Europa unificada después de una guerra devastadora, el respeto por las fronteras, la convicción de que los nacionalismos tarde o temprano justifican la deshumanización.

Lo que está sucediendo en Turquía, que durante tanto tiempo le sirvió a Occidente como un puerto desde el que defendía sus valores, significa que sí se está viviendo un nuevo capítulo en la historia del mundo, que hoy, cuando se exacerban los patriotismos desde Inglaterra hasta los Estados Unidos, y se justifica la violencia como un acto de defensa, ningún país del planeta puede dar por sentada la democracia que los turcos salieron a defender a las calles la semana pasada.

editorial@eltiempo.com

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