¿Cuándo, cómo y por qué se formó la cordillera Central?

¿Cuándo, cómo y por qué se formó la cordillera Central?

Geólogos realizan expedición en esta formación. Petróleo, oro y níquel se encuentran en el lugar.

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22 de julio 2016 , 09:12 p.m.

En algún momento, hace casi 1.100 millones de años, lo que los científicos llamaron el supercontinente Columbia se convirtió en una gran masa continental que se levantaba sobre un vasto océano, que se conoce como Rodinia. Allí, las primeras células complejas empezaban a vivir. Y la región central, que habitan hoy millones de colombianos, no existía en la superficie terrestre. De esta formación se desprendería su origen.

Rodinia (palabra del ruso que significa patria) se formó cuando los continentes colisionaron en un evento en el que aparecieron muchas cadenas montañosas. Por ejemplo, lo que hoy es India chocó con Asia y formó los Himalayas y la meseta tibetana.

“Hay estudios que indican que parte de las rocas de las cordilleras Oriental y Central, de lo que hoy es Colombia, se formaron en Rodinia. En ese momento, el magma, que salía de los volcanes, se enfriaba dejando rocas conocidas como ígneas. Estas, por factores como la presión y la temperatura, se transformaron hasta dar lugar a algunas de las rocas que se encuentran en la actualidad”.

El relato, que retrocede en el tiempo a momentos en que no existía la Tierra como hoy se le conoce, es de Jorge Gómez Tapias, coordinador del Grupo Mapa Geológico de Colombia. El grupo que lo escucha con atención está conformado por algunos de los más reconocidos geólogos y directores de instituciones geológicas de países como Alemania, España, Brasil, Argentina, Perú, México, Estados Unidos y Costa Rica.

Los investigadores hicieron parte, hace algunas semanas, de una expedición por los Andes colombianos, en la región de la cordillera Central, que se organizó para contar la historia geológica de la región. El viaje llevó a los visitantes, durante tres días, a lugares como el alto de la Línea, a las inmediaciones del volcán Machín e incluso a la desaparecida ciudad de Armero, en el Tolima.

La expedición se dio en el marco de la celebración de los 100 años del Servicio Geológico Colombiano y liderado un grupo de sus expertos en cabeza de su director, Óscar Paredes.

Su origen

“Hace unos 850 millones de años –explica Gómez– Rodinia se rompió en tres direcciones. Luego, en algún punto del periodo Pérmico, hace 300 millones de años, se formó otro supercontinente que conocemos como Pangea”. Cuando Pangea se separó, hace 250 millones de años, se crearon cuencas marinas. Hoy las piedras calizas, que resultaron de esas cuencas, se hallan en lugares como Payandé (Tolima) y de ellas se extrae la materia prima para elaborar cemento.

Luego del Triásico, la cuenca se llenó de sedimentos de erupciones volcánicas y, en el inicio del periodo Cretácico, hace 135 millones de años, se empezó a formar su mar. Según Gómez, el mar entró por el occidente del país, donde hoy está Chocó, y su máxima invasión del territorio fue hace unos 89 millones de años. “Lo más importante de este periodo es que sus rocas son muy ricas en materia orgánica y son las rocas madre del petróleo en Colombia”, agregó.

En medio del paisaje montañoso, Gómez insiste en un hecho que muchos colombianos ignoran: conocer la historia de las montañas y de los volcanes que aún están activos es saber también para qué sirven en términos económicos los suelos. “Por ejemplo, si una roca se formó en un arco volcánico tendrá recursos minerales. En el Tolima hubo una explosión de gran tamaño del volcán Machín, por lo que se sabe que sus flujos de material volcánico son muy fértiles y sus arenas son excelentes para construcción”.

El científico, quien se ha encargado de actualizar el mapa geológico del país, corrige el mito de que el cerro de Monserrate era un volcán. “Son las áreas de playa del Cretácico, que se usan bastante para el enchape en construcción. Zonas como Nariño y el Eje Cafetero son muy productivas gracias a los sedimentos volcánicos del pasado”, añade.

El nacimiento de la cadena de montañas Central, que parte el paisaje del país en dos y que se observa cuando se atraviesan departamentos como Tolima, Caldas y Antioquia, se dio hace 66 millones de años. En ese momento, el mar se retiró de la tierra y no pudo hundirse bajo otra placa, lo que generó una serie de fallas que hicieron crecer las imponentes montañas que hoy componen parte de la geografía del país.

“La importancia de todas estas investigaciones es precisamente conocer la composición del territorio. Saber cuál es la riqueza mineral abre la puerta a un sinfín de posibilidades científicas y económicas; en eso Colombia tiene una ventaja enorme por su geología”, dice el griego Alecos Demetriades, exdirector de la División de Geoquímica y Medio Ambiente del Instituto de Exploración de Geología y Minerales, mientras observa con una lupa un fragmento de piedra caliza.

Así como nació la cordillera, otros cambios posteriores modificaron la forma del croquis colombiano. Uno de los más drásticos, sin duda, se dio hace 15 millones de años, cuando se formó el istmo de Panamá. “Colombia se mueve por muchas fallas geológicas, por ejemplo sabemos que la falla del Tolima desplazó la cordillera Central cerca de 29 kilómetros”.

El poder de los volcanes

El tercer día de la expedición se dedicó exclusivamente a la actividad vulcanológica de la cordillera Central, en parte porque reúne casi la totalidad de los volcanes activos de Colombia, como el Galeras, el Ruiz y el Nevado del Tolima.

Marta Calvache, directora de Geoamenazas del Sistema Geológico Colombiano, relató que lo que hoy vemos de los Andes es el capítulo más nuevo de su historia: “Cuando la placa de Suramérica conocida como la placa de Nazca chocó con la del océano Pacífico, el impacto hizo que buena parte de la roca se fundiera y surgieran diversidad de volcanes”.

Agamenón Dantas, exdirector del Servicio Geológico de Brasil, también hizo parte de la expedición. El experto dice que Colombia tiene una inmensa variedad de accidentes geológicos y es afortunado al poder estudiarlos con relativa facilidad. “Muchos de los que se investigan en la cordillera son tan únicos que pueden ser considerados ejemplos de libro, es decir, uno los estudia en la teoría pero comúnmente no tiene la posibilidad de verlos”.

Calvache, una de las voces autorizadas en el país sobre volcanes, explica que estos accidentes geográficos son una forma exitosa que tienen las cordilleras para alcanzar su tamaño, y a medida que se siguen plegando, seguirán creciendo. Además sostiene que las montañas más altas precisamente son volcanes.

La experta aclara que los volcanes no solo han contribuido a la formación de las montañas, sino a la composición de la atmósfera; dice que así como el agua, los volcanes son un ciclo y es una forma natural de recircular los materiales.

La importancia de los volcanes no solo está en la geografía. Calvache dice que la roca fundida trae consigo la aparición de muchos minerales que se aprovechan. “Cuando los volcanes empiezan a erosionarse –dice la geóloga– dejan expuesta su parte interna, en ese momento la riqueza mineral se vuelve accesible para el hombre. Lo que podemos usar hoy es algo que ocurrió hace mucho tiempo. Los volcanes activos solo se podrán aprovechar en unos cuantos millones de años”.

Calvache agrega que las zonas volcánicas tienen elementos como hierro, níquel, potasio o calcio, y que además en los conductos de los volcanes se forman los metales preciosos, como el bronce, la plata y el oro, por lo que los yacimientos importantes tienen una relación directa con las erupciones. “Esto explica por qué en el Tolima se encuentra la mina de la Colosa, tal vez la mina de oro más grande el mundo en la actualidad”.

En el pasado, los volcanes de la cordillera han tenido episodios que causaron destrucción. El caso más recordado fue la tragedia de Armero (Tolima), cuando el volcán Nevado del Ruiz hizo erupción el 13 de noviembre de 1985 y generó una avalancha que terminó con la vida de 20.000 de sus habitantes.

“Todos los volcanes tienen roca fundida que puede salir como una olla pitadora o como la leche cuando se riega. Si el volcán tiene mucho gas, salen volando fragmentos minúsculos y es lo que se conoce como caída de ceniza, el gas es el motor por el que volcanes como el Machín o el Ruiz son más peligrosos, ya que tienen la capacidad de llevarse por delante los ríos. La lava, que se ve en lugares como Hawái en explosiones impresionantes, es más como la leche que se riega, no tiene tanto gas y sale como un líquido. Este fenómeno es menos peligroso”.

Parado sobre el lomo de una montaña, que se creó por el choque de la falla de Ibagué, hace millones de años, Gómez dice que investigaciones aseguran que la placa de Nazca se desplaza bajo los Andes unos 51 milímetros cada año, lo que hace que las montañas ‘crezcan’. Además, dice que Colombia se mueve hacia el nor-noreste unos 15 milímetros cada año. Agrega que la zona tiene eventos geológicos continuos, por lo que es necesario que las personas conozcan su geología, que sepan con qué recursos cuentan, que se apropien del conocimiento para el correcto uso del suelo y que sepan los riesgos de las diferentes zonas del país.

“Por ejemplo –dice Gómez–, si no supiéramos que hay rocas en el continente que eran oceánicas, y que son el origen del níquel, no se extraería en Cerro Matoso. En el otro extremo está el riesgo, las personas deberían saber que no se pueden hacer construcciones grandes sobre el valle del río Coello (Tolima) ya que es por donde eventualmente bajarán los lodos del volcán Machín”.

Preservar es fundamental

Las zonas expuestas son vitales para investigar.

Lo que a simple vista es una roca en la orilla de la carretera, es en realidad un ‘afloramiento’ o una zona expuesta. Estos son lugares de trabajo y de investigación geológica.

“Su importancia es que son los lugares únicos de análisis. Sin embargo, el clima tropical los cubre de vegetación y es difícil su acceso. Además, hay una tendencia en las obras a llenarlos con concreto y en ocasiones no es necesario cubrirlos. El pedido es a buscar otras formas de contención y así evitar perderlos, ya que son lugares vitales con mucha información”, dice Óscar Paredes, director del Servicio Geológico.

ANDRÉS MONTENEGRO VERGARA
Escuela EL TIEMPO

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