Al padre Alfonso Llano

Al padre Alfonso Llano

Decidimos nuestra vocación y aceptamos sus condiciones, entre las que cuenta el celibato.

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22 de julio 2016 , 07:36 p.m.

Padre Llano:

He leído con especial interés su carta abierta al papa Francisco, que titula ‘¿Y del celibato qué?’, publicada en EL TIEMPO el pasado martes 5 de julio, en la página editorial: debo decirle que me ha dejado profundamente desconcertado.

En efecto, al implorar la misericordia del papa Francisco hacia los sacerdotes católicos con la súplica de “la supresión del celibato obligatorio”, pareciera que habla usted en nombre de todos los sacerdotes, como si se hiciera su vocero.

Es cierto, no cabe duda, que su “súplica” es personal, inquietud propia. Sin embargo, la forma de presentarla como “un acto especial de misericordia para con sus sacerdotes” que “todos lo esperan” nos está incluyendo a todos. Esto no deja de ser un abuso de su parte. De otro lado, no tiene necesidad de pedir misericordia al Papa en este asunto: él, con benignidad, concede la dispensa a quien la solicite.

No puede olvidar, padre Llano, que la decisión de hacernos sacerdotes fue adoptada con absoluta libertad y con plena conciencia; no fue asunto de niños inmaduros; la tomamos a una edad adulta. Además, la opción de permanecer en el sacerdocio sigue amparada por la misma libertad. Nadie nos obligó a hacernos sacerdotes, nadie nos obliga a permanecer en el sacerdocio.

Me atrevo a interpretar el sentimiento de la mayoría de mis hermanos sacerdotes; no entiendo por qué implora misericordia en algo que no nos hace sufrir ni nos pone en condiciones de inferioridad frente a ministros de otras confesiones religiosas que pueden realizar su ministerio siendo casados. Nosotros decidimos nuestra vocación y aceptamos las condiciones que conlleva, entre las que se cuenta la del celibato.

Puedo añadir algo más: como la gran mayoría de los sacerdotes, soy un hombre feliz. Cincuenta y cinco años de ministerio me han llenado plenamente. A estas alturas, imploro más bien la misericordia de Dios; que nos conceda a todos sus sacerdotes la gracia de vivir en la fidelidad al compromiso que adquirimos y la fuerza necesaria para cumplir las exigencias de nuestro sagrado ministerio.

Hermano en Cristo.

Daniel Ferreira Sampedro
* Sacerdote

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