Ante trascendental comunicado episcopal

Ante trascendental comunicado episcopal

No podemos tener paz si no trabajamos por erradicar las fallas que están en la raíz de la violencia.

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22 de julio 2016 , 06:38 p.m.

Cada momento es crucial en la historia de un país, y, en especial cuando hay gran inquietud general por salir de una época tan prolongada de conflicto armado, como en Colombia, los pasos que se den para superar tan agobiadora situación los consideramos trascendentales. Los dirigentes de la Iglesia católica colombiana no podían estar ausentes en este momento. Por eso han querido expresar su pensamiento, con prudencia y altura, sobre aspectos de la actual situación, e indicar senderos de superación de realidades que tan hondamente han lacerado a nuestra patria.

Han dado los prelados voces claras frente al trato a grupos que han estado en acciones violentas, y creen que debe seguírseles dando según pasos sinceros y comprometidos. Insisten en la plena lealtad a cuanto se pacte en favor de la paz, con gran prudencia y sin concesiones inaceptables.

Ha sentido el Episcopado el deber de recordar su auténtica misión de iluminación evangélica, señalar algunas realidades y hechos positivos o negativos, hacer un llamado a incrementar lo bueno y a corregir lo malo. Han pedido que cada persona se ubique ante su conciencia, con toda libertad, para definir su posición en el momento de dar un voto de aprobación o improbación a los acuerdos a que se llegue, finalmente, con gran respeto por las opiniones ajenas contrarias.

Ha expresado el Episcopado el anhelo homogéneo de que se concrete “una salida negociada” con los diversos grupos violentos, por lo cual manifiesta que “ve con esperanza el diálogo que ha tenido lugar en La Habana”, así no se puedan aplaudir sus resultados, pues están en esa dimensión de “esperanza”. Manifiestan el anhelo de que los pasos hacia la paz culminen en acuerdos que, puestos con claridad y franqueza en el fiel de la balanza, puedan ser acogidos y lleven a “un día sin ocaso de concordia, justicia, fraternidad y amor”.

Para que lo anterior tenga feliz culminación, advierten la necesidad de señalar “serios desafíos” que tenemos en el país, con el compromiso de afrontarlos con decisión y valor, empeñándonos todos en ello bajo la luz de la Palabra de Dios. Son graves fallas las que están en la raíz de la violencia, y no podemos tener auténtica paz si no trabajamos juntos por erradicarlas. Es decir, si no se arrancan esas raíces, o si más bien se las disimula o hasta se justifican y se las declara aceptables con tal de lograr la paz, sea como sea.

Constatan los prelados, positivos aspectos que tenemos en Colombia, como una fe profunda en gran parte de nuestras gentes, encontrar buen número de excelentes familias, no obstante tantas campañas adversas, así como avances educativos y notables esfuerzos por reducir grados de pobreza extrema. Pero sienten el deber de señalar, para afrontar, ocho raíces de lamentable profundidad que originan violencia, como son: alejamiento de Dios (algo de suma gravedad); desconocimiento de la dignidad humana; desintegración de la familia; relativismo ético por pérdida de valores; vacíos en el sistema educativo; ausencia de Estado o su debilidad institucional; inequidad social, y desbordada corrupción.

Dedicó el comunicado amplia extensión a señalar puntos concretos para compromiso de todo el pueblo colombiano en la construcción de una paz estable. Se evoca al papa Francisco, quien dijo: “No puede entenderse (la paz) como mera ausencia de violencia, impuesta por unos sectores contra otros y en donde los que gozan de beneficios acallen la voz de los necesitados”. En esta tarea se señalan acciones que deben continuarse o iniciarse como fundamento de paz, para hacer frente y buscar la desaparición de las antes denunciadas raíces de violencia y guerra. Se destaca como principal contribución de la Iglesia su intensa labor evangelizadora, campañas en defensa de la vida, de la dignidad humana y de la familia; promoción de un modelo educativo integral y humanitario; impulso a programas sociales de inspiración cristiana.

Concluyen con un ofrecimiento decidido de tener una Iglesia al servicio del país, con toma de conciencia de sus fieles de asumir el reto de la construcción de una paz, pero estable y bien fundamentada. Sobre voto a favor o en contra de acuerdos que se logren con los grupos que han estado alzados, se reafirma la invitación a participar en forma bien informada, a conciencia, expresando el propio pensamiento con plena libertad, sin manipulaciones ni mentiras, ni ofrecimientos económicos, con respeto al pensamiento de los demás.

Ante el Sagrado Corazón y María, reina de Colombia, se deja la atención cuidadosa a unos llamados, por lo alto, de nuestro Episcopado, que lleven a nuestra amada Colombia por caminos de verdadera paz y estable progreso.


Monseñor Libardo Ramírez Gómez

*Obispo emérito de Garzón
Correo electrónico: monlibardoramirez@hotmail.com

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