Trump se lanza con la bandera del americanismo y la seguridad

Trump se lanza con la bandera del americanismo y la seguridad

El magnate arremetió contra su rival demócrata, Hillary Clinton, y el presidente Barack Obama.

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21 de julio 2016 , 08:23 p.m.

Ni las últimas palabras de Donald Trump enfilando todas las baterías contra su rival para las presidenciales del 8 de noviembre pudieron esconder la catástrofe en la que terminó convertida la convención nacional del Partido Republicano que culminó este jueves en Cleveland, Ohio.

“Este es el legado de Hillary Clinton: muerte, destrucción, terrorismo y debilidad”, fue el comienzo de la fuerte arremetida contra la exsecretaria de Estado y su legado de “muerte y destrucción”. Durante el resto de su discurso de cierre de convención y en el que aceptó la nominación de su partido, Trump culpó a Clinton del surgimiento del grupo yihadista Estado Islámico y por cosechar el caos en Egipto, Irak, Siria y Libia.

El nominado republicano también afirmó que su “credo” si llega a la Casa Blanca será el “americanismo”, para “poner a Estados Unidos primero”.

Y prosiguió: “tengo un mensaje para ustedes: el crimen y la violencia que hoy aflige a nuestra nación pronto acabarán”, afirmó enérgicamente Trump, asegurando que, de ganar las elecciones, en su primer día en la Casa Blanca “la seguridad será restaurada”.

Trump repitió su promesa de levantar un "gran muro" en la frontera con México. "Vamos a construir un gran muro fronterizo para detener la inmigración ilegal, detener las pandillas y la violencia, y detener el paso de las drogas", declaró.

Y fue más allá al proponer suspender la inmigración desde países asociados al terrorismo. "Debemos inmediatamente suspender la inmigración de todo país que esté comprometido con el terrorismo, hasta que mecanismos de control probados se pongan en marcha", manifestó.

Aún así, la convención dejó claro lo dividido que está el partido del elefante y cómo muchos siguen sin poder tragarse la píldora que significó la elección de Trump como el nominado para la batalla final contra la candidata de los demócratas, la exsecretaria de Estado Hillary Clinton.

Las peleas internas comenzaron incluso antes de que el Quicken Loans Arena –el estadio donde se llevó a cabo el evento– abriera sus puertas oficialmente el lunes de esta semana.

Un grupo de delegados respaldado por el movimiento #NuncaTrump armó una especie de revuelta para que se les permitiera votar “a conciencia” y no por el candidato que ganó las elecciones primarias en sus estados.

La rebelión terminó asfixiada por las maniobras del Comité Nacional Republicano –el órgano oficial del partido–, que utilizó todo su músculo para aislar a los disidentes, que, pese a ello, protestaron hasta el final.

Y cuando apenas se recuperaban de esas, estalló el escándalo por el discurso pronunciado por Melania Trump, la esposa del magnate, en el cual plagió frases de la primera dama, Michelle Obama.

La campaña reaccionó negando el plagio. Pero la copia era tan evidente que la historia siguió subiendo de decibeles hasta el miércoles en la mañana, cuando una asesora de Trump tuvo que reconocer que sí se habían plagiado las palabras de Obama, pero por error.

Eso, sin embargo, luego de repetir innumerables veces que era un complot creado por la oposición y los medios liberales para golpear al magnate.

Golpe de Ted Cruz

Pero el gran descalabro llegó el miércoles en la noche, cuando el senador Ted Cruz, el último rival que tuvo Trump en las primarias, soltó un discurso en el que nunca le ofreció su respaldo al ganador. Trump, visiblemente enfadado por la traición, se apareció en el auditorio cuando Cruz aún hablaba y en medio de una gritería del público que exigía apoyarlo.

Pero muchos cuestionaron la misma invitación que se le hizo para que hablara en la convención luego de los múltiples insultos que se cruzaron durante la campaña.

Fue evidente que a lo que le estaba apostando el senador era a su candidatura para las elecciones del 2020, anticipando desde ya la derrota de Trump en las elecciones de este noviembre.

Los ánimos estaban tan caldeados que uno de los delegados a favor de Trump intentó agredir físicamente al senador, a quien lo debieron escoltar fuera del recinto. La pelotera opacó casi por completo el esperado discurso de Mike Pence, gobernador de Indiana seleccionado por Trump para ser el vicepresidente.

El senador Cruz, además, echó más sal en la herida tras indicar que él no era “el perro faldero de nadie” y que tampoco apoyaba a quienes insultaban a su familia (en alusión a las palabras de Trump contra su esposa y su padre).

Pero el feo de Cruz fue solo el último de muchos desplantes. Los dos últimos presidentes republicanos (George W. Bush y George H. Bush), al igual que los dos últimos nominados (Mitt Romney y John McCain) ni siquiera asistieron al evento.

Y fue un tema constante entre los comentaristas de la TV el poco peso de la mayoría de oradores que fueron escogidos. Entre ellos, Scott Baio, actor de televisión famoso por su papel en Happy Days (Días felices), una serie de TV de los 70.

Para rematar, un número importante de sus rivales en las primarias (al menos cinco) tampoco le ofrecieron su respaldo público.

Clinton, el ‘diablo’

El senador Marco Rubio, otro de los últimos en abandonar la carrera electoral, hizo presencia, pero a través de un video en el que, más que destacar a Trump, atacó a Clinton.

Si algo “positivo” salió de la convención fue precisamente eso: el consenso entre la mayoría de republicanos en que la exsecretaria de Estado es el diablo con falda y que es necesario derrotarla a como dé lugar.

Al menos así la llamó el candidato Ben Carson –le dijo Lucifer–, mientras que otros participantes, como el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, pidió que la metieran a la cárcel por haber utilizado su correo electrónico personal para tratar asuntos de seguridad nacional.

“Si la meta era salir unificados de esta convención, eso no se logró. De hecho, quedaron claras las fisuras que aún existen y generadas por el propio Trump, un candidato que no representa los valores conservadores de una gran cantidad de republicanos”, sostiene Kati Paker, estratega política que fundó la organización Nuestros Valores, para respaldar a candidatos distintos a Trump, y quien aún dice no sentirse representada por el magnate.

Solo las próximas semanas, cuando surjan nuevos sondeos, dirán si la convención republicana le salió costosa a Trump en términos electorales o le dio impulso.

Pero una mirada desde la barrera y las comparaciones con convenciones anteriores en las que todo fue armonía y unidad indican que el magnate no salió bien librado.

Trump, sin embargo, ha demostrado en estos 13 meses no solo estar lleno de sorpresas sino que lo que destruiría a otros parece resbalarle a él. Veremos.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Twitter: @sergom68

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