La enemiga de la paz

La enemiga de la paz

La guerra que libra el ser humano contra sí mismo es el germen de todas las demás.

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20 de julio 2016 , 11:18 p.m.

La enemiga principal que tiene la paz es nuestra propia mente. La guerra que libra el ser humano contra sí mismo es el germen de todas las demás. Pero al distraernos con lo que aparentemente pasa afuera lo que hacemos es proyectar sobre el mundo una lucha interna que no cesa nunca. No es sino fijarse un poco en la permanente cantaleta que esa especie de voz interna parece darnos todo el santo día.

Existe un diálogo constante entre ese que supuestamente es el yo y otra cosa, un yo opuesto, que le hace contrapeso en todo. Si pudiéramos convertir ese sirirí que nos enloquece con su cizaña en un personaje de carne y hueso que viéramos con concreta claridad, concluiríamos que está completamente neurótico. Yo, a mi cantaletera interna, si la viera como mi vecina de cuarto le mandaría la policía y pediría orden de captura y alejamiento a kilómetros. Ya es cliché eso de que hay que cambiar por dentro antes que ocuparse en cambiar el mundo. Pero no queda sino tener un poco de humildad y atreverse a mirar dónde comienza la verdadera guerra.

A la mente no hay que intentar cambiarla porque su razón de ser es generar conflicto; probablemente nos vaya mejor observándola pensar y descubriendo que no somos esos pensamientos ni esas estructuras que nos hemos inventado para sostener nuestra personalidad y nuestros sagrados ‘principios’, que no hacen sino obligar al mundo a parecerse a ellos a la brava, cerrándole las puertas al perdón. La mente es la principal instigadora del odio. Al mismo tiempo, dentro de nosotros hay una conciencia que decide fijar su atención en esa demencial actividad mental que tanto nos confunde. Esa conciencia también puede optar por apartarse del campo de batalla y sentarse a mirar como cualquier testigo la locura que la mente arma todos los días en ese afán por proteger su mundo limitado.

La mente es la que disfraza la venganza con sus amañados conceptos de honor y de justicia, y la que nos hace creer que el mundo está en contra de nosotros. El día que identifiquemos al enemigo dentro de nuestro discurso diario cesaremos de culpar a los demás. Todo el tiempo tenemos el chance de hacer la paz con nuestra alma y con quienes nos agreden. Yo lo quiero aprovechar para eso, y empezar a vivir con menos ‘honor’, pero eso sí, más feliz.

MARGARITA ROSA DE FRANCISCO

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