Los hinchas de Nacional tienen ansias de título

Los hinchas de Nacional tienen ansias de título

Los verdolagas, que vivieron la final del 89 en la Copa Libertadores, esperan que este sea su año.

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19 de julio 2016 , 10:33 p.m.

Medellín. Una religión. Una enfermedad. Algo incurable. Así define un hincha de verdad lo que el equipo de sus amores le despierta. Para ellos es el amor de los amores, uno verdadero. Eso es Atlético Nacional.

“Uno da todo por el equipo. Hay personas que cambian de pareja, de carro, de vestimenta y hasta la manera como se comportan, pero el equipo nunca se cambia”, explica Genry Wilson Durán, más conocido como el ‘Indio de Urrao’. El 30 de agosto de 1995, en la tribuna oriental del estadio Atanasio Girardot, se vio por primera vez, en medio de la tradicional barra Escándalo Verde, a este ferviente hincha vestido con un penacho de plumas verdes y blancas, el rostro pintado de la misma tonalidad, un guante indígena, varios collares nativos y una camiseta de rayas. Todas las prendas tenían un mismo escudo. El del Atlético Nacional.

En aquella ocasión, el cuadro paisa enfrentaba una final de Copa Libertadores ante el Gremio de Brasil. Era su sueño. Su gran anhelo. Ver a su equipo del alma dar la vuelta olímpica en su feudo por primera vez en aquel torneo continental (la final del 89 se jugó en Bogotá). Pero Nacional perdió aquella final. Lo que Genry no sabía era que, en medio de la tristeza y la desazón, ese mismo día había nacido un símbolo de la hinchada verdolaga, uno que desde ese día acompañaría al equipo en cada partido de local con el anhelo de celebrar la gloria arrebatada.

“Yo pertenecía al Escándalo Verde y para las finales o los clásicos había una costumbre de que una gallada se disfrazara. Recuerdo a una pareja que se disfrazó de sacerdote y de monja; otro se disfrazó de paisa; otro de médico, y hasta había uno con traje y corbata”, recuerda Genry. Añade que, días antes del partido, asistió como cada año a las tradicionales fiestas del Cacique Toné, celebradas en Urrao, suroeste antioqueño; lo hizo disfrazado de indio. “Cuando vi que me sobraron muchas plumas decidí utilizar un disfraz parecido pero alusivo a Nacional. Y ahí nació el ‘Indio de Urrao’”.

Fue un éxito. Tanto, que la barra le exigió que no solo se apareciera así en los partidos importantes, sino en todos los partidos. “Pensé que era un chiste, pero las pocas veces que iba sin el disfraz, de recocha me sacaban a un lado de la barra y fingían que no me conocían”, confiesa entre risas. Su barra acabó antes del 2000, pero él no. Allí siguió, postrado en la tribuna oriental con su penacho bicolor y la bandera que él mismo tejió y que lo acompaña desde aquella fatídica final. Y es que para él eso es un hincha. Alguien incondicional que, aunque los tiempos cambien, aunque las arrugas comiencen a marcar su piel y los jugadores pasen de debutar a retirarse, sigue alentando.

Reconoce que un hincha de Nacional está acostumbrado a celebrar. Pero que nadie piensa en la agonía y el sufrimiento previo que lleva ya sea a la algarabía o a lo que pudo ser y no fue. Y quizá los momentos más alegres y más tristes para él tienen un solo nombre: Junior de Barranquilla.

“La primera vez fue en el 2004 y teníamos que remontar tres goles. Y para terminar de ajustar nos metieron otro comenzando el partido. Pero Nacional sacó la casta y metió cinco goles. Faltando un minuto ya éramos campeones. Pero en la última jugada nos hicieron otro gol que obligó a los penales y ahí nos ganaron. Fue una tristeza indescriptible, nos ahogaron el grito de campeones”, relata.

Su expresión cambia cuando a su mente acude la final del 2014, 10 años después. También contra el equipo costeño. También con definición en penales y también con un gol agónico, esta vez de Nacional, que gritó con el alma así como lo hizo con las atajadas de Franco Armani que le devolvieron la alegría de celebrar otra estrella más.

Por eso espera que en Medellín, 21 años después, también pueda disfrutar una revancha. Esta vez continental. Genry es un hincha tan fiel, que se queda con el equipo incluso después del pitazo final. “Espero a que todos salgan, miro a ver si puedo entrar al camerino, salgo un rato y me quedo en los alrededores con algunos amigos para hablar del partido”, cuenta.

Su ritual para pasar de ser un tranquilo vendedor de tienda en el parque de La Castellana, en Laureles, a convertirse en uno de los íconos de la hinchada del verde paisa no tiene misterio. Tres horas antes de cada partido, su esposa lo reemplaza atendiendo la tienda mientras Genry saca el penacho de plumas, la camiseta autografiada por los del equipo, la pintura blanca y verde, el enorme trapo marcado “Urrao Paraíso Verde”, y su inseparable bandera.

Esa fidelidad por 21 años sin faltar al estadio, ese pundonor, ese amor exacerbado por el equipo más laureado del país, han hecho que el ‘Indio’ esté en el corazón no solo de la tribuna, sino también de los hinchas, del equipo y de la dirigencia nacionalista. En la vitrina de su tienda, el ‘Indio’ atesora fotos con todos los ídolos del equipo. Exjugadores como Cristian Marrugo y Camilo Zúñiga fueron a su matrimonio a saludar a pesar de estar concentrados en ese momento.

Aquellos recuerdos son los que más atesora. “Viajando en Argentina para apoyar al equipo, conocí a Freddy ‘Totono’ Grisales y hasta viajé en el bus con ellos. Yo era el que le afeitaba la cabeza porque en el hotel no tuvo tiempo; entonces, en el bus, yendo hacia el estadio La Bombonera, yo le hice el favor. Luego pude compartir con el equipo en el camerino antes y después del partido”, dice el ‘Indio’ con orgullo.

Desde aquella tribuna oriental, por 25 años ha visto a pequeños convertirse en estrellas, para luego despedirlos como ídolos. “Es una de las mejores cosas que uno puede ver en la vida… Tuve el placer de alentar a un entonces desconocido Juan Pablo Ángel desde que era un muchacho hasta su último partido con la barba canosa”.

Lastimosamente, esos ídolos, que hacen reír y llorar de felicidad, que sacan las emociones más profundas, también pueden marchitar el alma de un hincha. El 2 de julio de 1994, la alegría verde se tiñó de rojo con la muerte de Andrés Escobar, lo más devastador que ha vivido Genry como aficionado. “Muchos amigos y conocidos dejaron de ir al estadio e incluso se desencantaron del fútbol. Es que fue muy duro, Andrés era todo un caballero. Yo sigo diciendo que nada me sacará del Atanasio, pero eso fue muy berraco”, confiesa ya con mirada apagada.

Escobar dejó las canchas pero se inmortalizó en la hinchada. El ‘Indio de Urrao’, en su habitación llena de artilugios de su verde del alma, cuelga con especial cariño un afiche autografiado de aquel eterno defensor del número 2 en la espalda y cuyo nombre aún resuena en los cánticos barristas. Mariana Pérez, también conocida como ‘la mamá de Nacional’, coincide en que la muerte de ‘el muelón’, como ella le decía, fue también de lo peor que ha vivido como hincha.

“Ese (Escobar) es el amor de mi vida. Era una persona humilde, fácil de tratar. Él me regalaba camisetas y estaba muy pendiente de mis hijos”, confiesa Mariana. Por eso, los seguidores “de verdad” aborrecen la violencia. Por eso les duele que los mal llamados hinchas estigmaticen y borren con actos vandálicos las décadas que hinchas como ellos dos han pasado sin generar problemas. Esos que no abandonan, que celebran con mesura y respetando otros colores.

“Muchos de ahora son pelaos que confunden las cosas. No saben ganar y no saben perder. Y con el vicio se comportan muy diferente cuando están eufóricos y terminan atacando hasta a los de su propio equipo. Es triste que nos estigmaticen así”, argumenta Genry.

Porque la grandeza de Nacional no se mide por la cantidad de peleas que generen los mal llamados hinchas, tampoco por los 4,5 millones de seguidores en su página oficial de Facebook, por los 1,5 millones en Twitter o por los 33 millones de dólares en ingresos totales que espera facturar el equipo este año, según el presidente del club, Juan Carlos de la Cuesta. Más allá de las 24 copas o del promedio de 25.000 hinchas por partido, la grandeza del equipo más veces campeón del país (15 ligas locales) son los hinchas como el ‘Indio de Urrao’, que partido a partido, sin importar la posición del equipo en la tabla, acompañan como él desde la tribuna oriental.

La misma donde estará el próximo 27 de julio vestido con el particular penacho verde anhelando que su bandera, aquella que ha ondeado por 21 años, lo haga una última vez viendo a su verde del alma coronándose rey de América. “Ese será su último partido. Pero no el mío”, sentencia el hincha.

‘Ellos son los hijos míos’: Mamá verdolaga

A los casi 70 años, Mariana Pérez piensa que todos los jugadores de Atlético Nacional son exactamente eso: “Los hijos míos”.

Por eso, la popular ‘Mamá de Nacional’ tiene un dolor de madre por la final que se jugará el próximo 27 de julio, en la cual ella no estará.

“Es un sacrificio muy grande para mí no estar en el estadio, pero fue una promesa que le hice a la Virgen de Fátima si Nacional pasaba a la final. Aquí estoy cumpliendo, aunque se me está destrozando el alma”, dice otra de las tradicionales hinchas verdolagas. Ella, una fanática del equipo desde los 8 años, confiesa que llevaba a sus hijos al estadio desde cuando estaban en el vientre, para que fueran hinchas desde antes de nacer.

Mariana Pérez es la presidenta de la barra Comando Tribuna Verde y miembro directivo de la Asociación de Barras de Nacional (Ubanal).

En su casa tiene un cuarto en el que exhibe los tesoros de su equipo, como los guantes con los que René Higuita tapó en la final de la Copa Libertadores de América que el equipo ganó en 1989, un regalo del mismo René que casi la mata de la emoción.

“Me dio un preinfarto. Me llevaron al camerino y el médico Hernán Luna me ayudó, me decía: ‘Vea, Mariana, tiene que ser una verraca. ¿Cómo no lo va a ver campeón?’. Y sí, fui capaz de ver el partido”.

Fue uno de los momentos más difíciles de su vida como hincha.

Sacrificios como los de Mariana, que no irá al estadio. Y paciencia como la del ‘Indio’, que guardó pacientemente la misma bandera desde que perdieron la última final de la Copa Libertadores con el anhelo de revancha, son aquellos que hacen honor a que Atlético Nacional sea llamado ‘rey de copas’.

DAVID ALEJANDRO MERCADO
Corresponsal de EL TIEMPO

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