La histórica misión humanitaria a Ecuador, tras devastador sismo

La histórica misión humanitaria a Ecuador, tras devastador sismo

Fueron varios viajes de ida y vuelta, en un trabajo conjunto con las Fuerzas Militares.

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19 de julio 2016 , 06:26 p.m.

“Una cosa es haber visto la tragedia en los noticieros y otra, conocer el drama de primera mano”. De esta manera el teniente de navío de la Armada Nacional Fabián Andrés Márquez resume las historias que conoció tras el terremoto que sacudió a Ecuador el pasado 16 de abril y que son como para un libro. Pero no todas luctuosas, sino también alentadoras, y hasta con tintes románticos.

Un día antes de embarcarse en el buque anfibio ARC Golfo de Tribugá en su apoyo social y humanitario a los damnificados del país vecino, el oficial, afincado en Tumaco, golpeó puertas con sus hombres para recaudar alimentos, medicinas, frazadas, implementos de aseo, carpas y todo lo que estuviera al alcance para auxiliar a las víctimas que dejó la catástrofe.

La primera misión fue en Esmeraldas, Pedernales y Recinto Las Guardias, en la provincia de Bolívar. Allí dispusieron de tres toneladas de provisiones y sesenta mil galones de agua. La atención médica del hospital instalado en el buque fue el logro significativo que avaló el presidente Rafael Correa.

Fueron varios viajes de ida y vuelta, en un trabajo conjunto entre Fuerzas Militares, la Unidad Nacional para la Gestión de Riesgos y Desastres, Bomberos y la Cancillería.

En La Cabuya, provincia de Marabí, el oficial se encontró con una joven pareja de recién casados, que justo el día del terremoto estaban contrayendo nupcias. Narra que los enamorados alcanzaron a recibir la bendición cuando sintieron que todo se movía de un lado a otro. El campanario se vino abajo y la estructura del templo sufrió por la mitad una fisura. La sentencia de compromiso matrimonial, “hasta que la muerte los separe”, les seguirá rondando a los esposos, más como una broma de amigos que como una advertencia inexorable.

También en La Cabuya, el oficial fue abordado en medio de los escombros por una mujer bañada en lágrimas que lo abrazó, no tanto por el dolor sino por la alegría que le embargaba ver un uniformado colombiano en plan de auxilio. La señora, doña Chela, como le conocían, resultó ser de Pitalito, Huila.

Las ayudas también fueron entregadas a colombianos y con la colaboración de la Cancillería, la Registraduría, el Ejército y la Fuerza Aérea se logró repatriar a 333 connacionales que fueron llevados a quince departamentos, a la vez que se trasladaron cinco cuerpos de los once compatriotas fallecidos.

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